Por Francisco CorvalánEl auge del running en Chile se toma las calles en la Maratón de Santiago
De historias personales a un fenómeno masivo: la Maratón de Santiago refleja el auge de este deporte en Chile, donde conviven principiantes y expertos impulsados por salud, comunidad y desafío personal.

“Correr es sentirme absolutamente libre y viva”. La frase, casi como un mantra, resume tres décadas de historia personal para Miru Marinovic (63), quien lleva 36 maratones en el cuerpo y una vida marcada por el ritmo constante del trote. Esta semana acaba de completar una nueva edición de la Maratón de Boston, una de las más antiguas del mundo, y aunque reconoce que ya no persigue marcas, mantiene intacta la motivación: disfrutar cada kilómetro.
Su relación con el running comenzó en 1996, cuando corrió su primera Maratón de Santiago sin entrenamiento previo. “La corrí con el corazón. Al otro día me dolían hasta las pestañas”, recuerda. Desde entonces, su vínculo con esta disciplina evolucionó desde la exigencia por los tiempos hacia una lógica más introspectiva: escuchar el cuerpo, regular el esfuerzo y sostener el hábito.

Su testimonio convive con el de una nueva generación de corredores. Diego González (27), por ejemplo, se inscribió este año en su primera media maratón tras haber comenzado a correr hace menos de un año. Lo hizo para ordenar su rutina mientras buscaba trabajo. “Partí con tres kilómetros, después cinco, hasta que corrí una carrera de 10K y me gustó. Ahí me metí de lleno”, relata.
Una historia similar es la de Erick Aguilera, quien comenzó a entrenar en diciembre de 2025. Primero sin planificación, luego apoyado por redes sociales y aplicaciones. Su meta es completar la media maratón en menos de 1 hora y 40 minutos.
Más ambicioso es el desafío de Pablo Núñez (28), quien correrá su primera maratón completa tras un año y medio de preparación. “El año pasado corrí 21K y me fascinó el ambiente. Ninguna otra carrera se compara”, asegura. Espera terminar bajo las tres horas, aunque sin perder de vista lo esencial. “Quiero disfrutarla”.
Una dimensión distinta del fenómeno la encarna Catalina Morel, quien este domingo correrá los 21 kilómetros como guía de una persona ciega, una experiencia que, según relata, transforma por completo la lógica individual del running.
Ambos corredores van unidos por una cuerda de no más de diez centímetros, coordinan las brazadas para mantener el ritmo y, sobre todo, desarrollan un lenguaje constante que permita anticipar obstáculos, cambios de superficie o movimientos de otros corredores.
Según cifras de la organización, más de 35 mil personas participarán este domingo en la Maratón de Santiago 2026, distribuidas entre las distancias de 42K, 21K y 10K . La edad promedio bordea los 39 años y la participación femenina alcanza el 40%, llegando incluso al 58% en la categoría de 10 kilómetros.
Esa diferencia de categorías responde a perfiles distintos, como explica Jaime Leppe, académico de Kinesiología en la Universidad del Desarrollo. “En los 10 kilómetros son personas que quieren probar”, explica.
En cambio, la media maratón marca un punto de inflexión. “Ahí ya necesitas entrenamiento, preparación psicológica y una cierta disciplina. No es solo salir a correr”.

El salto a los 42 kilómetros, en tanto, es otra categoría. “Es muy raro que alguien corra una maratón sin preparación. Estamos hablando de al menos seis meses, e idealmente un año. En ese proceso aparece también el componente mental. “Está el famoso ‘muro’, que es una barrera psicológica y fisiológica. Y el gran desafío es sostener la disciplina: levantarte temprano, preguntarte por qué estás haciendo esto cuando te duele todo”, añade.
Desde la investigación, Leppe agrega otra capa de análisis. Junto a su colega, Manuela Besomi, han logrado identificar que en los últimos diez años “se rompió la idea de que correr era de un grupo socioeconómico alto. A su juicio, el fenómeno combina factores de salud pública, con elementos culturales y de mercado.
Pero quizás uno de los elementos más decisivos del auge está en la experiencia misma de correr una maratón. “No hay nada más atractivo que te cierren la ciudad para correr y que te traten igual que a un atleta de élite”, comenta Leppe, quien también participará este domingo en los 42K.
El contraste con los años 90 es evidente. “Cuando partí, éramos no más de 600 corredores. No se cerraban las calles, los autos no respetaban”, recuerda Marinovic. Hoy, el evento recorre ocho comunas de Santiago, cuenta con certificación internacional y convoca a atletas élite de distintos países.
Para la exmaratonista y referente nacional, Erika Olivera, este fenómeno responde a múltiples factores: “mejor organización, mayor seguridad, más visibilidad y también un cambio cultural”.

Recuerda que en sus primeros años ni siquiera habían puntos de hidratación en el recorrido. También reconoce que hay más conocimiento sobre entrenamiento, nutrición, descanso. “Las personas llegan mejor preparadas”, señala. Agrega que el auge del running no se explica solo por la competencia, sino por su dimensión social y emocional.
Esa coexistencia de objetivos es, quizás, uno de los rasgos más distintivos del fenómeno. A diferencia de otros deportes, en una maratón conviven profesionales y amateurs en el mismo circuito, bajo las mismas condiciones.
La Maratón de Santiago, que este domingo partirá frente a La Moneda, se ha transformado en el principal evento de running del país y uno de los más relevantes de Latinoamérica. Es una postal del cambio cultural que ha vivido Chile en torno al deporte y una ciudad que, por un día, se mueve al ritmo de quienes buscan algo más que llegar primero.
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