Por Carlos Montes“Es una instancia para festejar”: ¿Por qué Chile vive su propio Mundial sin disputarlo?
El fenómeno, que se ha convertido en un acontecimiento transversal, considerando todas las edades, hombres y mujeres, radica en que socialmente los individuos tienden a imitar otros comportamientos, además de una necesidad evidente de querer participar.

El Mundial de Fútbol que se está jugando en Estados Unidos, México y Canadá ha generado un fenómeno social pocas veces visto en Chile. Pese a que la Roja no forma parte de la cita planetaria, en las calles se respira el Mundial.
Tiendas, centros comerciales y medios de comunicación dan cuenta del fenómeno, el que es transversal, abarcando a diferentes grupos etarios. Desde jóvenes a personas mayores, hombres y mujeres. Todos forman parte de este boom.
Un estudio realizado por Activa Research reveló que, pese a que Chile no forma parte de la cita planetaria, un 64,8% de los chilenos ha visto al menos un partido del Mundial. A esto se suma que el 37,2% de los hombres muestra interés, mientras que en el caso de las mujeres, la cifra llega al 20,5%. El segmento entre 18 y 30 años lidera el entusiasmo, con un 35,3%.
Luis Pino, director de Carrera de Psicología de la Universidad de Las Américas, es claro al señalar que por lo general este tipo de instancias son altamente contagiosas y socialmente empujan al individuo a la imitación y a la necesidad de participación.
“Lo que predomina o redunda son emociones como la alegría y la esperanza, las que pueden ir acompañadas de leve frustración y ansiedad, lo que al ser vivido y compartido es altamente atractivo. Como el ser humano -en sentido intrínseco- siempre será atraído por la alegría y por la esperanza, esto moviliza a las personas a ser parte del Mundial, la festividad y todos los festejos asociados”, añade Pino.
En términos psicológicos o psicosociales, surge una sensación grupal junto a una sensación individual y colectiva de cohesión social. Esto último, indica el académico, “se expresa en un sentimiento profundo de pertenencia, que va acompañado de euforia, sensación de tranquilidad, de control y de seguridad, que para la psicología son necesidades”.
El trasfondo sociológico de este fenómeno es, según considera el académico de la UDLA, “que no solo es un evento deportivo, sino que es una instancia para festejar previamente, en el proceso y post, dependiendo de los resultados, lo que implica una cohesión social profunda porque es una buena instancia de reforzar los lazos sociales y la identidad nacional, es decir, se ponen en común objetivos, emociones, deseos y expectativas".
Mismas emociones
Lo descrito en Chile va en la misma línea de lo que ocurre a nivel global. Según cifras de la FIFA, el Mundial 2026 ha logrado un récord de asistencia y de audiencia.
Por ejemplo, en los países dueños de casa (Canadá, Estados y México), más de 54 millones de personas han sintonizado los partidos, mientras que a nivel mundial se espera superar los 6 mil millones. En materia de asistentes a los estadios, se registran más de 4,6 millones de personas.
Cristián Rodríguez, psicólogo social y académico de la Escuela de Psicología de la Universidad de los Andes, sostiene que “los seres humanos somos necesariamente sociales y, por lo mismo, vamos a buscar espacios de compartir con otros que no estén circunscritos a las restricciones funcionales del trabajo o de las tareas domésticas, sino que sean sencillamente un espacio de gozo, de disfrute, pero sobre todo de resonancia, digamos, o de vibrar distintas personas a una misma frecuencia, es decir, con una emoción conjunta. Y en ese sentido, las instancias como el Mundial de Fútbol son una situación ideal”.
Pese a este entusiasmo, Rodríguez aclara que no hay que descuidar ciertos aspectos. Por ejemplo, en términos de productividad o eficiencia puede ser complejo: “Hay personas que piden tiempo para salir antes del trabajo, o quizás las tareas que se tienen que realizar en el mismo período mientras se juegan los partidos, la gente va a estar menos pendiente o va a ser menos puntual en cumplir las cosas”.
Entonces, añade este último, “puede haber un desmedro de las actividades productivas, especialmente de actividades más de oficina. Pero, por otro lado, yo pensaría que tiene un valor social de que la gente se reúna, de que la gente vea un partido, disfrute, comparta en una misma frecuencia con otros”.

Pino sostiene que, además, se generan sensaciones asociadas a la equidad y a la igualdad, “porque todos están compartiendo las mismas emociones, independientemente de tu raza, de tu clase social, identidad, grupo etario, género, incluso grupos opuestos de bandos deportivos distintos”.
El académico de la UDLA considera que “es muy importante la sensación de que los logros deportivos se transfieren a logros asociados. Sin embargo, no hay que dejar de lado que el deporte y el fútbol es una gran industria en sentido económico y político, pues moviliza la economía, dinamiza los mercados y generan una sustantiva influencia mediática, tanto para los personajes del fútbol como para los clubes deportivos o países”.
Como antecedente, añade Pino, “en nuestro país la euforia generada por el coleccionismo del álbum implica un elemento cultural de incorporación de conocer otras culturas y genera influencia e identificación, incluso con otros países o equipos de fútbol, que si esto se comparte con grupos de amigos pares o familia, es una buena instancia de reforzar vínculos, pues está asociado a historias, a héroes a recuerdos colectivos, así como emociones históricas, que muchas veces son un aliciente para situaciones de estrés y complejidades sociales”.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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