Columna de Alfredo Jocelyn-Holt: Elección de rector(a) en la UCH

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Por Alfredo Jocelyn-Holt, historiador

Hace cuatro años, al referirme sobre la última elección de rector, enfaticé dos puntos. Uno, que no obstante estar el país en medio de un progresismo sin freno, cuyo eje viene siendo la UCH desde 2009, ella se parece cada vez más a una institución del Cruch y, dos, no se destacan intelectuales de peso que la orienten; nada parecido a Vasconcelos y Antonio Caso presidiendo la UNAM a diez años de la Revolución mexicana. Persiste la tónica majadera de Ennio Vivaldi, que el Estado dé más platas, y se entiende que la elección no genere interés nacional. Y eso que Boric y su gobierno no se explican sin la UCH y, al igual que con ella, de nada sirve hacerse de poder si llegado el momento no se sabe para qué.

Nuestro mundo académico rara vez trasciende, rectores incluidos. Para Luis Riveros, al menos, la carrera no terminó ahí; acaba de fracasar en su intento por ser gran maestro de logia, pero lo ha sido dos veces antes desde que dejó la Casa Central. Las cuatro candidaturas que hoy se disputan la plaza, tampoco es que impresionen. La aspirante favorita arrastra 16 años ocupando cargos en rectoría. Otro postulante lleva similar tiempo en puestos administrativos o de elección, mientras que los dos restantes se han inventado instancias que dirigen para acaparar cuotas de poder interno. Quedaron en el camino un vicerrector que prefirió que lo nombraran ministro de Ciencia, y un asesor de la ex Lista del Pueblo.

La universidad suele aspirar a ser una burocracia afanada en perpetuarse a sí misma y, de hecho, en la UCH abundan quienes se contentan con una institución de corto alcance. Incluso cuando les da por hablar de “causas” y les hierve una retórica de “construyamos todos juntos”, una retahíla ésta de lugares comunes (tanto los repiten) sobre diálogo, género, inclusión, diversidad, propio de cruzadas mesiánicas, lo que riñe con un lugar consagrado al estudio y reflexión. Si hasta uno de los candidatos ha llegado a elogiar que seamos, no una institución, sino “una comunidad deliberante… crítica”; a tales niveles se la ha vuelto una máquina ideológicamente comprometida. Lo ha sido otras veces, aunque suela olvidarse después con qué diablo se tuvo tratativas. Días atrás, Pío IX se volcó a homenajear a un ex decano, encumbrado a ese puesto por la dictadura, aunque nadie se atrevió a recordar el lazo algo incómodo.

Importa la historia. Cuidado, por tanto, con seguir promoviendo esto de “excelencia con acompañamiento”: el que algunos de sus profesores y alumnos podrían estar en las mejores universidades del mundo, mientras a cantidades de otros nunca debió admitírseles en ella. Genera desigualdad. Tampoco conviene que la UCH siga como base de operaciones del frenteamplismo; se la confundirá con el Instituto Nacional (desde el inicio sus suertes suelen correr juntas).

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