Opinión

Contener el pesimismo

Mario Téllez / La Tercera MARIO TELLEZ

Las malas cifras económicas de esta semana llegan a abultar un inquietante panorama para el país. Porque no se trata solo de los efectos materiales de tal escenario, sino de sus implicancias en el ánimo general de la ciudadanía. Como muestran los estudios disponibles, las personas, además de preocupadas por su bolsillo, están tremendamente pesimistas respecto del futuro, invadidas por una sensación de estancamiento y, cómo no, de enojo con la política.

El gobierno debiera tomarse muy en serio este fenómeno, pues toca directamente su actuar. Como ha señalado el académico Roberto Méndez, el pesimismo en el país ha alcanzado cifras especialmente altas, pero no como resultado de un proceso estable y gradual de aumento de ese ánimo, sino en una curva abrupta y temporalmente acotada. Así, de un contexto más optimista y promisorio en enero de 2026, se pasó repentinamente a la actitud opuesta, de la mano de un hecho muy concreto: el llamado “bencinazo” con el cual el Ejecutivo arrancó su mandato. De este modo, en una sola semana, las expectativas sobre su gestión se vinieron abajo. Y a partir de ahí el pesimismo no ha hecho más que consolidarse. El ruido provocado por los sucesivos errores del gobierno (sean materias que interesan o no a la ciudadanía), y la situación económica (sea o no culpa de quienes están en La Moneda), solo vienen a reforzar ese espíritu, como confirmándole a la gente que no hay nada muy bueno que esperar.

Lo interesante es que el gobierno sí tuvo aquí alternativas, aunque no lo reconozca. No se trata de hacer ejercicios contrafactuales, pero sí de mostrar cómo siempre hay espacio para la agencia: no estaba en manos del Ejecutivo el derrotero del conflicto en el Estrecho de Ormuz ni tampoco podía dirimir, por razones de popularidad, si el alza de combustibles debía o no contenerse (razonamiento que, sin embargo, ha reivindicado el propio gobierno en otras materias, como seguridad). Pero sí pudo hacer de otra manera el anuncio: pudo considerar otras compensaciones, pudo sopesar los efectos macroeconómicos frente al hecho muy concreto de que esa alza sería resentida por las grandes mayorías. Esto es, por quienes ya sienten que experimentan más que cualquiera los efectos de las decisiones que toman aquellos que están en el poder.

Es en ese sentido que el hito del bencinazo debe ser observado con atención, pues puede ayudar a orientar la, hasta ahora, errática acción del gobierno. Este no se encuentra a merced de una disposición basal e irreversible de la ciudadanía, que siempre terminará castigando al incumbente. Por el contrario, son acciones muy concretas y deliberadas del propio Ejecutivo las que han cambiado el paisaje anímico de los chilenos. Es una triste paradoja: mientras el gobierno en las últimas semanas ha intentado justificar su actuar sobre la base de lo que quiere la gente, esta parece haberlo abandonado luego de una decisión en la que experimentó, justamente, no ser tomada en cuenta. Tal vez la clave esté en no hacer un uso instrumental de ese argumento, apelando circunstancialmente a la adhesión ciudadana para legitimar agendas propias, o bien, aquellas donde no hay propuestas más de fondo. ¿Por qué en economía han estado dispuestos a avanzar sin concesiones y a apretar los dientes, y en seguridad repentinamente importan los anhelos ciudadanos? En cualquier caso, la tarea fundamental es otra: dar forma a una praxis política consciente de la fragilidad del escenario actual, así como de que cada acción toca directamente la vida de las personas, y las compromete en el presente. Una acción que se corresponda con las expectativas creadas, con la severa crítica hecha a los adversarios y con las urgencias identificadas en campaña. El gobierno tuvo margen de agencia en marzo y lo sigue teniendo ahora, pues de eso se trata la política. No hay contexto inmanejable ni ciudadanía incorregible que niegue ese espacio, aunque sea tentador apelar a ello. Toca estar a la altura.

Por Josefina Araos, investigadora del IES.

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