Columna de Carlos Meléndez: ¿Izquierdita cobarde?



Por Carlos Meléndez, académico UDP y COES

Vox emerge en el escenario político español distinguiéndose del establishment de derecha que ha representado el Partido Popular. Aquél acusaba que la derecha convencional había sido incapaz de oponerse a la “dictadura progre” al haber perdido las banderas del nacionalismo español. Santiago Abascal, el líder del partido naciente, catalogó a sus rivales de campo político como “derechita cobarde”, reivindicándose así como la regeneración de la más genuina derecha ibérica.

Vale la pena preguntarse cómo surgen nuevas fuerzas políticas competitivas confrontando con sus pares ideológicos. Los más populistas arrinconan a sus competidores de campo programático identificándolos como representantes de un establishment anquilosado y arrogándose, a la vez, la recuperación de posiciones o valores perdidos. El caso de Vox frente al PP, en España, es uno exitoso porque demuestra lo rentable que resulta aprovechar la competencia centrípeta del sistema, que permitió ocupar uno de los extremos a través del discurso señalado.

En los últimos tiempos, en Chile, hemos sido testigos del aprovechamiento de la duopólica competencia centrípeta. El Partido Republicano renegó de las coaliciones de derecha tradicional así como el Frente Amplio de sus “parientes” mayores. Sin embargo, terminada la lid electoral, ¿se puede administrar un país desde un extremo? ¿O es inevitable la moderación instantánea, casi de instalación, a costa de ser catalogados como “gobierno amarillo”? Si ello último sucede, ¿no se están creando acaso las condiciones para que ese extremo de izquierda se vuelva a ocupar y, por lo tanto, quienes ocupan La Moneda terminen pareciéndose a una suerte de “izquierdita cobarde”?

Muy rápidamente, en cinco semanas, el gobierno de Gabriel Boric ha pasado de la poesía al desentono. No solo porque atraviesa un proceso de aggiornamento que le hace aparecer como “traidor” de causas anti-establishment. (De hecho, el rechazo al “quinto retiro” se ha celebrado en Hacienda pero seguramente se protestará en Baquedano). Sino también porque aquella agenda contestataria, revanchista y conflictiva, sigue vigente y agitada por políticos -como Daniel Jadue- con los pies bien puestos en el polo zurdo y quien no tiene reparos en ensayar “fuego amigo”.

El éxito de gobiernos que conquistaron el voto de izquierda radical (el de Boric en Chile, pero también el de Castillo en Perú) pasa por no abandonar su electorado base. Algunos optaron por insistir en la representación extremista tomando el camino autoritario. Otros aplican un portafolio de políticas (moderadas para los afines al centro; radicales a nivel simbólico para los extremos) para gobernar con ánimo centrista sin lucir como traidores. Pero lo menos recomendable, especialmente en sociedades donde los polos se encuentran calientes, es dejarlos desatendidos. No hay peor pérdida de legitimidad para un grupo proveniente del anti-establishment, de que las acusaciones de “cobardía” hagan sentido en la opinión pública.

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