Por Gonzalo CorderoLa economía y la culpa

Si usted fue a un colegio católico y luego se le ocurrió estudiar Derecho, como es el caso de este sencillo columnista, es casi inevitable que la culpa sea para usted un tremendo tema. Es complicado eso del pecado original y mal planteado lleva a errores graves, algunos de los peores se expresan en la política. “No hay perjuicio sin culpa”, ni tampoco hay demanda, habría que agregar, lo que es un problema obvio para los abogados. Probablemente por esa relación del Derecho con la culpa es que Raskolnikov tenía que ser estudiante de esa disciplina y Maximilian Aue, ese personaje extraordinario, de la no menos extraordinaria novela Las Benévolas, doctor en la misma.
A propósito de las malas cifras económicas, se instaló que lo importante no es quién tiene la culpa, porque a la gente no le interesa saberlo, sino que se resuelvan. Ambas afirmaciones son correctas, pero esta suerte de silogismo conduce a una conclusión errónea: que daría lo mismo la causa de los problemas. Es erróneo, porque si no se conocen y entienden sus causas difícilmente se podrán resolver, así como tampoco se evitará que se vuelva a incurrir en los mismos errores.
El desempleo de 9,5% no fue provocado por un hecho de la naturaleza ni es tampoco un caso de fuerza mayor, o sea irresistible. La caída sostenida de la inversión que ha experimentado nuestra economía, tampoco. Ni eso que llaman desempleo estructural y que para un lego en economía sugiere que nuestros procesos productivos se han ido adaptando a funcionar con menos trabajadores y más tecnología.
Algo tendrá que ver que nuestro país haya crecido durante una década al 2%, mientras experimentábamos un fenómeno inmigratorio muy importante, algunos plantean cifras del orden del 10% o más de nuestra población y con una parte sustancial de manera irregular. ¿O todo eso da lo mismo y es indiferente a los problemas de hoy? Por eso, cuando el ministro Quiroz dice que las cifras hay que mirarlas con un telescopio tiene razón. Es bueno recordar que esos lentes no solo amplían el campo de visión, sino que son una ventana al pasado.
En la semana, un reconocido periodista preguntaba sobre la sensibilidad de las actuales autoridades económicas para hacerse cargo del problema del desempleo y está muy bien, plantearlo es tan pertinente como necesario. Lo que sorprende es que nunca se escucha a nadie cuestionar la sensibilidad de las autoridades que empujaron todas las reformas que estancaron nuestra economía y causaron las angustiantes dificultades que cientos de miles de personas sufren hoy.
Lo más notable es que inmediatamente después de despachar que no importa quién tiene la culpa, se pasa a culpar a las autoridades actuales por no haberlas resuelto ya. Las culpas del pasado no importarían, las actuales sí. Algo no calza. Tenían razón los juristas, no hay perjuicio sin culpa, y el mal manejo pasado de nuestra economía está causando muchos perjuicios. Algunas y algunos -para esto soy inclusivo- tienen la culpa, por más que traten de convencernos que no importa.
Por Gonzalo Cordero, abogado
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