Viejo crack

Trabajadores



Dice Eduardo Galeano que Garrincha "fue el hombre que dio más alegrías en toda la historia del fútbol". Lo hacía repitiendo una y otra vez la misma jugada: frenarse frente a la pelota, amagar a la izquierda y salir disparado hacia la derecha. Era un mago que siempre hacía el mismo truco, y aun así maravillaba a su público.

Garrincha estiró su carrera hasta los 40 años, cuando ya estaba afectado por un galopante alcoholismo. En YouTube hay videos de sus últimas exhibiciones. Garrincha seguía intentando, una y otra vez, la misma jugada. Pero lo que en sus buenos tiempos era una explosión de magia, ahora era apenas una lenta mueca, fácil de contrarrestar por su marcador.

Garrincha había pasado de superestrella a viejo crack.

Su historia sirve para ilustrar lo que ocurre con nuestra economía. Esta semana, Chile cayó 7 puestos en el informe mundial de competitividad IMD, la peor baja en 20 años y la más abrupta entre los 63 países medidos.

Una excusa perfecta para ejercitar nuestro deporte nacional: echarle la culpa al gobierno anterior, o al actual. "Consecuencia de malas reformas", aseveró el Presidente Piñera. "Las promesas de Tiempos Mejores parece que no llegan", le contestó el diputado Silber. "Es solo consecuencia de las reformas del gobierno anterior", aseguró el presidente de los grandes empresarios. "Ahora que tienen de Presidente a uno de los suyos, caemos drásticamente", le retrucó el Partido Comunista.

Ni lo uno ni lo otro, porque la baja de Chile cruza gobiernos, reformas y contrarreformas. En 2005 estábamos en el lugar 19. Con Bachelet 1, bajamos al 25. Con Piñera 1, al 30. Con Bachelet 2, al 35. Y ahora ya vamos en el 42.

¿En qué fallamos? Somos antepenúltimos (61º) en patentes de alta tecnología. 50º en exportación de tecnología. 54º en inversión en investigación y desarrollo. 52º en investigadores per cápita. 52º en infraestructura científica. 50º en enseñanza de ciencia en los colegios. 60º en habilidades de lenguaje. Y 54º en cantidad de alumnos por profesor.

Es un disco rayado. Lo mismo que, informe tras informe, nos han repetido por años la OCDE, el Banco Mundial y el Foro Económico Mundial. No innovamos, no invertimos en investigación, no educamos a nuestros trabajadores para la economía del conocimiento.

Somos un viejo crack. Como el Garrincha de sus últimos años, seguimos intentando la misma jugada, una y otra vez. Y no entendemos por qué ese regate que hace 15 años nos llenaba de aplausos, ahora provoca abucheos.

En los años noventa, Chile creció, y mucho, extrayendo recursos naturales. En un país con cobre de alta ley, pesca y agua abundantes, leyes ambientales laxas y mano de obra barata, el truco funcionaba, tal como le funcionaba a Garrincha cuando tenía la velocidad para acelerar más rápido que nadie.

Pero ya no. Nuestro cobre ya no es tan fácil de extraer, nuestros recursos están exhaustos por la sobreexplotación, y nuestra mano de obra ya no es la más barata. "Los trabajadores peruanos son el doble de productivos que los chilenos", se quejó esta semana el presidente de Codelco, dando cuenta de la perplejidad de nuestra clase dirigente ante una productividad que era de 2,3% en los años dorados, pero que en la era Bachelet - Piñera - Bachelet - Piñera apenas promedia el 0,5% anual.

Mientras, la discusión sigue en un loop eterno.

Tras conocerse la caída en el ranking, el presidente de los grandes empresarios apuntó a los impuestos, las leyes laborales y la falta de "certeza jurídica". Pero las cifras dicen lo contrario. Las mejores evaluaciones son para nuestras finanzas públicas (17º) y legislación para los negocios (18º). La política impositiva es 33º, mejor que nuestro índice promedio. En cambio, las prácticas de gestión de las empresas quedan en el puesto 50º, y la productividad y eficiencia del sector privado, en el 52º.

El mundo laboral no lo hace mejor. La CUT, la ANEF y el Colegio de Profesores siguen ancladas en una agenda de regulaciones e inamovilidades propia del siglo XX.

La política está entrampada entre estos grupos de presión. Es que la ciencia, la innovación y el saber no pagan lobistas, no financian políticos ni paralizan las calles.

Y cada vez que el estadio nos abuchea, hacemos como el perplejo Garrincha: intentamos una vez más nuestra jugada de siempre. Una reformita por allá, una nueva faena minera por acá. A rezar que el cobre suba hoy, que la celulosa se dispare mañana.

Somos un viejo crack. Estamos más viejos, pero no más sabios.

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