Por Nelly YáñezMegarreforma: el costo para La Moneda de ganar por un voto
En Palacio se han ido convenciendo de que la Ley de Reconstrucción necesita un soporte más amplio que solo los propios, y que pasar la aplanadora ahora puede terminar afectando la propia enmienda -por no tener estabilidad en el tiempo- y dinamitando la posibilidad de lograr otros acuerdos con la oposición. De ahí que La Moneda haya abierto canales de diálogo antes de la votación -este miércoles- en el Senado.

“Quisiera leer un planteamiento que escribí, porque prefiero ponerlo por escrito y, además, queda en documentos”.
No es su costumbre; lo suyo es la improvisación. Pero el miércoles 17, pasadas las 13 horas, el ministro Jorge Quiroz enfrentó a la Comisión de Hacienda del Senado -que terminó aprobando por 3 a 2 la idea de legislar de la megarreforma, el proyecto ancla del Presidente José Antonio Kast- leyendo punto por punto su defensa a la enmienda.
No quería dejar nada al azar; menos aún decir algo inapropiado.

Venía de un par de semanas mediáticas complejas. No solo por afirmar que el proyecto de Reconstrucción Nacional es parte de una “batalla cultural”, que trae consigo un cambio de relato entre ricos y pobres. También, por su público enfrentamiento con el expresidente Gabriel Boric, debido al embargo de las cuentas corrientes a los deudores del CAE, diciendo que al exmandatario “no le gusta que se paguen las deudas, pero las deudas se tienen que pagar”. Y, luego, con el exministro de Hacienda Mario Marcel, por calificar de “exabrupto” el lenguaje que utilizó en contra del exjefe del Estado y por haber afirmado que el gobierno anterior administró el Estado como un “quiosco”.
“Mi lenguaje son los datos”, fue la respuesta de Quiroz.
Quienes lo conocen admiten que el secretario de Estado tiene un carácter fuerte -incluso ha enfatizado que a los ministros de Hacienda no les pagan por ser simpáticos-, pero que ha tratado de “cultivar la paciencia”, cosa que no siempre consigue.
Uno de sus cercanos comenta que el secretario de Estado también ha sido objeto de una serie de provocaciones y que incluso algunos equipos de parlamentarios lo graban en el Congreso con planos close up, para registrar sus reacciones ante emplazamientos incómodos, con el objetivo de subirlas a las redes sociales.
El mundo de la política no es fácil para este ingeniero comercial de 64 años, que ha desarrollado la mayor parte de su carrera profesional en el ámbito de la consultoría económica, el análisis de mercados complejos y la regulación de la libre competencia.
En un principio, ni siquiera conocía los nombres de los parlamentarios. Hoy sabe quiénes son, cuáles son sus partidos y hasta qué y cómo van a argumentar, aunque hace un par de semanas se equivocó y trató al senador Diego Ibáñez (FA) de diputado.
“Primero, señalar que soy senador, ministro, no diputado. Para que anote bien quiénes están presentes en la mesa”, le replicó el parlamentario. Todo quedó en tablas -al igual que en el ajedrez-, cuando la senadora PS Daniella Cicardini, incurrió en el mismo error con Ibáñez.
Pero la cautela de Quiroz tiene otro antecedente. La instrucción de no caer en conflictos innecesarios -que empañen el accionar del gobierno- fue planteada por el propio Kast en mayo, cuando se desató el público enfrentamiento entre él y el ministro de Vivienda, Iván Poduje, por el asunto de los recortes ministeriales.
Los cálculos
En Teatinos 120 se sostiene que el foco de Quiroz está puesto en la votación de la idea de legislar de la megarreforma, programada para este miércoles en la sala del Senado. Ese episodio marca el punto de partida de la recta final.

“Lo importante es que se apruebe, aunque sea por un voto”, les ha dicho Quiroz a sus cercanos, al insistir en la línea que bajó el propio Presidente Kast en la ronda de entrevistas antes de la Cuenta Pública del 1 de junio.
“Para que se apruebe basta un voto (...); nos gustaría generar una mayoría más importante”, comentó el jefe del Estado en esa oportunidad.
Los cálculos oficialistas indican que el Ejecutivo cuenta con los 26 sufragios que se requieren. Suman al senador Alejandro Kusanovic, a Karim Bianchi y a Miguel Ángel Calisto, aunque algunos no están alineados y otros sostienen que hay conversaciones pendientes.
“Nadie del gobierno ha conversado conmigo. Yo creo que tienen los votos por otra parte y que no les importa hacer un acuerdo transversal, sino que les importa ganar por uno o dos votos”, sostiene Bianchi. Y añade que “esta megarreforma no es justa tributariamente, beneficia solo a un sector. Y si no varía en nada de acuerdo a lo que está presentado, no estaría apoyándola”.
“Nosotros esperamos tener una reunión con el ministro de Hacienda durante la semana que viene junto a la bancada de Demócratas y de Evópoli, para plantear algunas observaciones. Si se toman en cuenta no debiera haber inconvenientes para poder contribuir con la votación”, afirma Calisto.
El punto es que ganar por un voto, solo con los propios, implica un costo, y La Moneda tiene ese escenario en su mapa de riesgos. Por tanto, la apuesta apunta a elevar ese techo.
Fuentes de Palacio confidencian que los ministros Alvarado y García Ruminot han empujado la idea de abrir el arco de diálogo, para asegurar la aprobación y darle un aire más transversal a la enmienda. Una postura que es secundada por los partidos de Chile Vamos y por la presidenta del Senado, Paulina Núñez (RN), quien ha insistido en todos los tonos que “tenemos los 26 votos necesarios, pero queremos construir un gran acuerdo”.
Sobre el escritorio del ministro se han puesto todos las variables. Algunos de los que han participado en esas conversaciones revelan que si bien el análisis es que tienen los votos para ganar y que eso es suficiente, el objetivo es lograr una reforma sólida, que se mantenga en el tiempo, porque si la enmienda no consigue superar la prueba de la estabilidad, los inversionistas no van a arriesgar sus capitales y se va a convertir en letra muerta.
La evaluación macro es que la aprobación solo con los propios puede dinamitar los acuerdos para otras materias; fragilizar el proyecto -pues sus contenidos podrían tener fecha de término en cuatro años-, y lograr de paso la unidad de la oposición, no solo frente al gobierno, sino que en contra de cualquier traspié que sufra la megarreforma.

Un punto no menor si se considera que los efectos, especialmente en la mejora de los índices de crecimiento económico, inversión y empleo, no serán inmediatos. Aunque algunos podrían empezar a notarse con mayor celeridad, entre ellos la rebaja del IVA en la construcción, porque provocaría un movimiento en el stock; más empleo y un mayor acceso a la vivienda por parte de las personas, y también la baja de impuestos corporativos a las empresas en forma progresiva del 27% al 23%.
Quienes siguen defendiendo ganar solo con sus filas desdramatizan la advertencia de la oposición de que la enmienda -en esas condiciones- tendría una fecha de vencimiento de cuatro años. Y sostienen que su estabilidad radica en que el gobierno vaya mostrando resultados concretos y en que se gane la presidencial de 2029.
Tras cartón -sin embargo-, La Moneda tiene considerado otro factor. Que obligatoriamente requiere establecer vínculos con la oposición teniendo a la vista que podría perder la ventaja que tiene en el Senado si Calisto -imputado por fraude al Fisco-, y la senadora RN Camila Flores, también investigada por presunto fraude al Fisco en otra causa, terminaran fuera del Congreso.
“La Moneda cuenta con una mayoría súper frágil, que se puede esfumar con rapidez si pasa la aplanadora”, alerta un parlamentario de la oposición.
De ahí que la instrucción del Presidente Kast haya sido conversar con todos los sectores, dentro de los plazos contemplados. Un diálogo que, para esta etapa, inició Quiroz esta semana, junto a Claudio Alvarado, biministro del Interior y de la Segegob, y de la Segpres, José García Ruminot. Y al que ha contribuido el senador Javier Macaya (UDI), desde la presidencia de la Comisión de Hacienda, instancia por la que han pasado 49 invitados hasta ahora y que ha registrado más de 35 horas de análisis y debates.
“Algunos parlamentarios y dirigentes están dispuestos a conversar y otros no. Lo que no estamos dispuestos es a que esto sea una simulación de conversación solo con el objeto de retrasar”, advierte una fuente de gobierno.
Otro personero enfatiza que cualquier diálogo no puede afectar el corazón de la enmienda. Que sí podrían hablar de cambiar ciertos guarismos y de establecer compensaciones que no impliquen un aumento del costo fiscal del proyecto. Pero que no están disponibles a aceptar propuestas que lo desvirtúen.

Con esa mira, Quiroz se reunió el martes con el Comité Unido, que agrupa a las bancadas de la DC, el PC, el Frente Amplio y la Federación Regionalista Verde Social, que encabeza la senadora Yasna Provoste (DC). Y, el miércoles, con los cuatro senadores del PPD -Pedro Araya, Loreto Carvajal, Ricardo Celis y Ximena Órdenes-.
En un principio la cita estaba programada para la hora de almuerzo en el piso 14, pero -por retrasos- terminó haciéndose en horas de la tarde.
La disposición de algunos, como Araya, a aprobar la idea de legislar fue vista por La Moneda como la llave para lograr un acuerdo más amplio.
En ambos encuentros se le comunicó a Quiroz que la oposición en conjunto está trabajando una propuesta -que recoge los 10 puntos que hicieron en la Cámara de Diputados- para entregársela este lunes. Y que el PPD le enviará, además, un documento, lo que abre un canal propio de conversación.
Independientemente de estas tratativas, el asunto no se ve fácil.
“El comentario es que finalmente el ministro Quiroz no está dispuesto a hacer cambios y que a estas alturas del partido no nos vamos a convencer unos a otros. Para el gobierno esta es su fórmula de crecimiento económico y para nosotros, una apuesta extremadamente riesgosa para la economía, para la gente y para el país, que no podemos respaldar”, dice el senador DC Iván Flores.
La aprobación de la megarreforma por un voto o la construcción de un acuerdo más amplio ha dividido las aguas en el oficialismo. Renovación Nacional y la UDI han sido los partidos que más han empujado la idea de un consenso, porque si bien están claros que con un voto se gana, también insisten en que no es lo óptimo. Menos aún ante una advertencia que sigue en el aire: la decisión de los secretarios generales del progresismo de recurrir al Tribunal Constitucional para objetar la norma sobre la invariabilidad tributaria de la reforma.

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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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