¿Quién le pone la banda a Boric? El nudo pendiente del acuerdo de gobernabilidad del Senado

Hay cuatro años de presidencia de la Cámara Alta que serán repartidos entre los partidos con bancadas más grandes. Sin embargo, el primer año es el que concita más interés. La UDI es la única tienda que tiene definido su nombre para el año que les corresponda: Juan Antonio Coloma. En el PS, las cartas son Álvaro Elizalde y Alfonso de Urresti. En el PPD figuran Loreto Carvajal, Ximena Órdenes y Pedro Araya. RN, por su parte, tiene el escenario más complejo, con cuatro en carrera: Manuel José Ossandón, José García, Francisco Chahuán y Paulina Núñez.




Dos años de presidencia del Senado para la derecha y dos para la centroizquierda es la base del acuerdo que se está trabajando en el Congreso para el próximo período parlamentario.

El martes pasado, los jefes de bancada de la UDI, Juan Antonio Coloma, de RN; Rodrigo Galilea, del PS; José Miguel Insulza, del PPD; Guido Girardi y el DC Francisco Huenchumilla se reunieron en un cuarto aledaño a la sala del Senado para zanjar los criterios básicos del pacto de gobernabilidad.

Si bien las conversaciones han avanzado -de hecho, también existe consenso en que las principales comisiones (Hacienda y Constitución) sean ejercidas en forma alternada- todavía hay temas pendientes.

Uno de esos nudos es ¿quién pondrá la banda presidencial a Gabriel Boric?

El ritual

Desde antes de 1973, incluso, el traspaso siempre se ha simbolizado en el retiro de la banda del Mandatario saliente (a quien se le regala la prenda) y la postura de un nuevo atuendo al Presidente entrante, que es hecho a su medida. Luego se le pone la piocha de Bernardo O’Higgins, que, a juicio de algunos, es el verdadero símbolo del poder, pues es el único utensilio que se transmite de gobernante a gobernante. Todo este ritual lo encabeza el presidente del Senado.

Si bien ser protagonista de ese acto inaugural es un elemento que añade un atractivo para ser titular de la Cámara Alta, en cada período parlamentario y presidencial, por lo general, el primer año es crucial para delinear cómo será la relación de los poderes Ejecutivo y Legislativo.

Además, es clave para el Presidente de la República tener una conducción del Senado más afín para su instalación. Algunos senadores de la ex Concertación que han conversado con Giorgio Jackson, jefe político de Boric, dicen que el equipo del mandatario electo está preocupado de las negociaciones y que preferirían que el primer año de presidencia en el Congreso sea ejercido por parlamentarios cercanos en lo político.

Otro factor que sube el interés es que el presidente de la corporación del primer año es el único con el cargo garantizado, ya que en los años siguientes se pasa a depender de la palabra de quienes suscribieron el acuerdo.

A veces conflictos políticos inesperados alteran los planes. En el Senado, en 2008, la ruptura de la entonces Concertación con los senadores Adolfo Zaldívar (ex DC) y Fernando Flores (ex PPD) desarmó el acuerdo inicial y Ricardo Núñez (PS) no pudo asumir la presidencia.

Pacto Guzmán Valdés

En reemplazo, en 2008, asumió en la testera Adolfo Zaldívar, quien pactó con la derecha, y en 2009 fue sucedido por Jovino Novoa UDI). En esos dos años, la centroizquierda fue marginada de la testera.

Ese episodio marcó un quiebre entre la derecha y la Concertación, que desde 1990 se habían ceñido a la lógica del pacto alcanzado entre Jaime Guzmán (UDI) y Gabriel Valdés (DC) de repartirse la presencia en la testera.

En el 2010, cuando el PS, el PPD, la DC, radicales e independientes afines lograron la mayoría, tomaron represalias y han excluido a la derecha de los principales cargos del Senado hasta este año.

Tras las últimas elecciones parlamentarias, que dejaron a ambas fuerzas políticas empatadas en el Senado, los jefes de comité concordaron explorar un acercamiento entre grandes bloques, apostando a retornar a la lógica del pacto Guzmán-Valdés de los 90.

La idea era evitar una carrera de desgaste y “pirquineos” para quitarle votos al bando contrario, lo que a la larga termina beneficiando a senadores de posiciones extremas, independientes, díscolos. Al ser votos no alineados, todos estos últimos suelen exigir un “precio alto” a cambio de sumarse a un acuerdo. Un ejemplo de ellos es el senador independiente Carlos Bianchi, quien primero fue vicepresidente del Senado con votos de la derecha y años después volvió al mismo cargo con apoyos de la Concertación.

Quienes han estado en estas conversaciones admiten que hay muchos interesados en presidir el Senado en 2022, pero descartan que sea un tema de tensión.

Explican que todos están tratando de que el acuerdo resulte, por lo que por ahora nadie quiere presionar y poner el primer año de presidencia como exigencia intransable.

Inicialmente se había barajado que un senador de una corriente política afín pusiera la banda a quien ganara la elección. Con ello, se quería evitar una situación incómoda, por ejemplo, un socialista conduciendo la investidura de José Antonio Kast.

No obstante, en las últimas conversaciones, la UDI pidió darle una vuelta más a ese tema y quedó abierta la definición de qué bloque o partido presidirá el Senado el año nuevo.

Interesados(as)

Una vez resuelto cómo será la asignación de años para cada bloque. Cada sector internamente decidirá a qué partido se le asignarán los cupos.

Ello también generará una competencia y una negociación. Sin embargo, ya está claro que a la UDI y RN les tocará encabezar durante un año la corporación.

En el caso de la centroizquierda, el PS (con siete senadores) tiene su año asegurado y el otro período le correspondería al PPD (con seis legisladores), salvo que la DC (con cinco representantes) exija mejores condiciones o sorprenda con alguna nueva carta de negociación.

Resuelto el esquema de cupos para los partidos, internamente cada bancada decidirá quién será el presidente o vicepresidente del Senado en los años que les correspondan y también distribuirá los escaños y liderazgos en comisiones. En esa fase es probable que cada comité termine votando si es que hay más de algún competidor(a).

La UDI, sin embargo, es la única tienda que tiene definido quién será el presidente de la Cámara Alta: Juan Antonio Coloma, que culmina en 2026 su mandato y no podrá ir a la reelección. Dentro del gremialismo se le reconoce su liderazgo y su trayectoria.

En el PS la situación se dirimirá a dos bandas, pues los senadores Álvaro Elizalde y Alfonso de Urresti son cartas para presidir el Senado.

En el PPD hay tres nombres: la militante Loreto Carvajal y los independientes Ximena Órdenes y Pedro Araya, que forman parte de ese comité.

RN, por su parte, tiene el escenario más complejo, porque -según fuentes partidarias- hay cuatro senadores en competencia para presidir la Cámara Alta: Manuel José Ossandón, José García, Francisco Chahuán y Paulina Núñez.

En el caso de Chahuán y Elizalde, al ser presidentes de sus respectivos partidos, es altamente probable que enfrenten presión interna para que renuncien a sus directivas si es que les corresponde liderar el Senado en 2022. El timonel PS, en todo caso, igualmente culminaba el mandato en su colectividad en mayo.

Dado que el acuerdo está avanzado, entre los cinco senadores de Apruebo Dignidad, que será la coalición oficialista a partir de marzo, ya existe resignación de que no habrá espacio para presidir la testera. Sin embargo, la principal apuesta de ellos es que sean debidamente compensados en comisiones estratégicas para la agenda de reformas del Presidente Boric, como Trabajo y Hacienda.

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