Consejos para no refugiarse en el alcohol durante este nuevo confinamiento

Tomarse unos tragos para olvidar el estrés, la ansiedad y la angustia es tentador, pero no siempre bueno. Acá unas alternativas menos riesgosas para superar el malestar psicológico.




El meme va así: Robert Smith —el vocalista de The Cure— aparece sentado sobre un sillón, vestido con una polera de algodón extragrande y unos pantalones de buzo ajustados a la pantorrilla. Sin su clásico maquillaje de rostro, pero con ese peinado que camufla su estado de recién salido de la cama, y una sonrisa cansada, observa el paisaje que tiene ante su nariz: una mesa con una pila de botellas de cervezas y otros licores, cajetillas de cigarros, encendedores y un viejo teléfono. El texto, como si fuera la famosa canción, dice: “It’s Friday, I’m in… wait, it’s Sunday? How the fuck did I lose two days? (Es viernes, estoy... esperen, ¿es domingo? ¿Cómo carajo perdí dos días?).

Va más de un año de pandemia y no sería exagerado decir que el mundo entero está agotado de enfrentarse a ella. En Chile, la contingencia tiene sus particularidades, como que nos encontramos en el peak de la crisis, a pesar de lo avanzado del proceso de vacunación, y a consecuencia de ello el Gobierno decidió endurecer las restricciones sanitarias.

Medidas que comenzaron a regir este lunes y que fueron recibidas por la ciudadanía como un mazazo en la cabeza. De hecho, tras ser anunciadas por las autoridades el jueves pasado, los supermercados se repletaron de personas que fueron a proveerse de todo lo necesario para soportar los 15 días por los que, al menos, se extenderán las nuevas condiciones. Así es como las bolsas de muchos llegaron a casa cargadas de alcohol en sus distintos formatos.

No es algo de extrañar: el trago suele usarse de compañía en momentos angustiosos o de alto estrés emocional, según explican los especialistas, instancias que han sobrado durante la pandemia. De hecho, un informe de julio pasado, elaborado por el Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (Senda), reveló que el 21% de los encuestados admitió haber aumentado su consumo de bebidas alcohólicas en estos meses. Algo que refrendan otros profesionales ligados a la salud mental, quienes han visto este incremento en sus propios pacientes.

Con el aporte de especialistas, a continuación entregamos algunos consejos para evitar que el trago se transforme en un refugio que, finalmente, en vez de evadirnos de un problema nos termine llevando a otro. Puedes verlo como si el alcohol fuera una mala y antojadiza versión de Morfeo, el personaje de Matrix, ofreciéndote a ti, Neo o Trinity, las píldoras roja y azul, siendo la primera la que te permite acceder a alternativas para canalizar el malestar, y la otra, la que te lleva a despertar sobre un sillón, rodeado de botellas, sin recordar cómo es que perdiste tantos días. Claro que sin el encanto ni la voz de Robert Smith.

No estigmatizar la ingesta

El psicólogo clínico y psicoanalista en formación del ICHPA, Christian Ovalle, explica que el hecho de que se anunciaran “muchas medidas en poco tiempo”, en un contexto en que buena parte del país se encuentra en cuarentena, pudo y puede generar cuadros de ansiedad y estrés, vinculados al miedo a la muerte o al contagio, pero también al aspecto laboral y económico. Precisa, eso sí, que es distinto a lo que ocurría el año pasado, pues entonces “había más incertidumbre; nadie sabía lo que era estar encerrados por una pandemia”. Esto lleva, dice, a que “se pueda caer en conductas más riesgosas”.

El alcohol y las drogas aparecen, entonces, como una vía “para mantenerse al margen de lo que está ocurriendo”, asegura Ovalle. Esto porque funcionan como ansiolítico y, tal como dice Gianni Canepa, el director del centro Nevería, especialista en tratamiento de adicciones, las bebidas alcohólicas son “el ansiolítico favorito de los chilenos”.

Maritza Bocic, psiquiatra de Clínica Indisa, expone que se está frente a un consumo problemático cuando se toma alcohol u otras sustancias para disminuir la sintomatología o el malestar sicológico. “Como beber para quedarme dormida”, ejemplifica.

Sin embargo, los especialistas dicen que no se trata de estigmatizar el consumo de alcohol. “No tiene nada de malo beber un par de copas. Eso pasa hasta en la misa”, afirma Canepa. “Es inconducente hacer una campaña en contra de él”. Por ello, resulta mejor apelar al consumo “seguro y responsable”.

Algo que, según la farmacología, está estandarizado por género. “Por ejemplo, la metabolización hepática del alcohol es más lenta en las mujeres”, explica el psiquiatra. Así, lo que se recomienda para ellas es no superar los tres tragos en un día, máximo nueve a la semana; y en el caso de los hombres, que no sean más de cuatro por jornada y doce semanales. Christian Ovalle agrega que lo ideal es no terminar el vaso antes de los 45 minutos, y tomar agua entre cada uno.

Canepa sostiene que lo riesgoso es que el consumo se transforme en un hábito, el que luego se hará más difícil de romper. Tiene que haber, también, un balance entre el deber y el placer, ya que cuando éste se carga demasiado hacia un lado es que “nos sentimos enfermos”. En el escenario actual, “estamos cargados al deber, a la preocupación. Entonces, lo que ofrece el alcohol es un fast track al placer. Te tomas una piscola y te relajaste altiro. Hay que combatir esa tentación del alcohol como solución muy rápida”, asegura el especialista.

Sí: suena más fácil decirlo que aplicarlo. Por eso, acá algunas recomendaciones para lograrlo.

Hacer deporte

La recomendación de los especialistas es hacer al menos 30 minutos de ejercicio, tres veces a la semana. “Por un lado, eso ayuda a botar el estrés” apunta Canepa. “Y por el otro, a generar endorfinas, que son sustancias ansiolíticas naturales”. Bocic agrega que estas, además de producir una sensación de bienestar, “nos activan cognitivamente para el resto del día”.

A partir de este lunes, los horarios liberados para salir a ejercitarse se extendieron por una hora más, de manera que se puede salir entre las 6 y las 9 de la mañana, durante toda la semana y sin necesidad de solicitar permisos. Una franja que, según los entrevistados, está siendo provechosa para mucha gente. “Cuando vengo a la clínica, veo a muchas personas ejercitándose, incluso a padres con sus hijos”, cuenta Bocic.

Y si madrugar no es lo tuyo, siempre está la posibilidad de mover el cuerpo al interior del hogar. “En el encierro se pueden hacer actividades que uno sigue por YouTube”, sostiene el psiquiatra. Pueden ser entrenamientos, hacer bicicleta estática o, el que tiene la suerte, correr sobre una trotadora”.

Recurrir al arte

Si siempre esperaste la oportunidad de explorar la veta artística, esta es una buena oportunidad. “Tocar un instrumento, escribir, pintar, lo que sea”, dice Canepa. Incluso ver una película o una serie en Netflix podría caer dentro de la categoría de la apreciación artística, según el profesional. “Hay que estar disponible a un placer estético, a una historia bien contada, como leer un libro”.

Los especialistas aseguran que todo lo relacionado con el disfrute de las artes produce un relajo y un olvido de las situaciones de estrés. La cuarentena, según Ovalle, permite retomar actividades que “estaban dormidas”. Por eso invita a pensar en hobbies del pasado que puedan volver a entusiasmar. “Por ejemplo, dibujar. Entonces, hay que partir por comprar lápices, hojas y materiales que permitan hacerlo”, dice el psicólogo. Quién sabe si de esta exploración surge un nuevo Nemesio Antúnez, una Teresa Wilms Montt o un Carlos Cabezas.

Meditar

“Hay que salir de la vorágine de la mente”, dice Canepa, algo que no solo se puede conseguir con un par de tragos. En cambio, él recomienda ejercicios de meditación, como el yoga o el Tai Chi, de los cuales se pueden encontrar infinitas guías en Internet. “Sentarse y estar en silencio, tranquilos, en conexión con el entorno, es muy gratificante”, asegura el psquiatra.

Transformar la rutina en hobby

Lo rutinario suele estar ligado a lo aburrido y lo tedioso. Todo lo contrario a lo que parecen ofrecer unas copa al final de la tarde. Sin embargo, según Ovalle, en esta ocasión podría ser bueno recurrir a ellas.

“Tener hábitos, como levantarse temprano —aunque no se tenga nada que hacer—, ducharse, hacer la cama, ojalá moverse, ni siquiera hacer deporte. Todo eso sirve. Algunos pacientes me cuentan que salen 20 minutos solo para bajar y subir las escaleras de su edificio. En ese rato se queman unas 200 o 300 calorías, y eso les hace súper bien”, sostiene.

Bocic concuerda con lo beneficioso de establecer rutinas. Aunque la idea, explica, es diferenciar las que se tienen de lunes a viernes con las del fin de semana, porque “hoy no estamos notando el cambio” entre los días de trabajo y los de descanso.

Por eso Canepa también advierte que hay que prestar atención a los horarios de teletrabajo. “Hemos cometido un gran error al olvidar que este formato cumple la misma función que el ir a trabajar a una oficina. Pero la gente estira los horarios, dan las 9 de la noche y siguen ahí, y al final terminan reventados”, asegura.

Una clave, según él, está en transformar las tareas domésticas en hobbies. “Si hay que hacer comida todos los días, se pueden buscar recetas en internet y, tal vez, cocinar algo distinto a lo que se hace siempre”, propone. Lo mismo con el aseo y otras labores. “La idea es ponerle algo de color a lo que parece latero e ingrato. Ser creativos. Explorar nuevas alternativas”, invita el psiquiatra.

Ponerse metas a corto plazo

“Pequeños objetivos que vayan teniendo su satisfacción en no tanto tiempo”, dice la doctora Bocic. “Si eres estudiante, por ejemplo, decir: ‘hoy voy a leer tal cantidad de páginas o voy a ir a la clase online’. O si eres papá o mamá, decir: ‘hoy voy a jugar con los niños un rato’”, agrega.

¿Y por qué no metas a largo plazo? “En general, esos grandes objetivos son muy útiles. Suelo decirle a mis pacientes que es como ponerse una zanahoria colgando más adelante, lo que ayuda al movimiento. Decir, por ejemplo: ‘ya, voy a trabajar todo este semestre y después me voy a pegar un viaje entretenido’. O ‘voy a celebrar mi cumpleaños y organizar una gran fiesta’”.

Pero lo difícil de este período incierto, dice Canepa, “es que todas esas zanahorias se pueden transformar fácilmente en frustración. Ese mecanismo de planificar se ha perdido durante la pandemia, lo que nos ha forzado a estar en el aquí y ahora. Pero eso también puede tener un aprendizaje”. Bocic coincide y afirma que esa frustración “puede llevar a beber más”.

Los especialistas concuerdan en que, más allá de la alternativa para canalizar el malestar que más le acomode a cada uno, lo importante es mantener la comunicación con el entorno. “No guardarse la angustia o la ansiedad. Eso ayuda a no necesitar el alcohol”, dice Bocic.

El autocuidado pasa por la voluntad que se tiene. Y ella también se puede alimentar con cada una de estas alternativas. Depende de uno terminar siendo el Robert Smith de “Just Like Heaven” o el de “The Funeral Party”. Como dice otro meme: “No soy experto en coronavirus, pero este es The Cure”.

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