Cómo las empresas podrían cambiar sus estrategias sustentables posconflicto en Ventanas

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Cordón industrial de Quintero, Puchuncavi y Ventanas. FOTO: LEONARDO RUBILAR CHANDIA/AGENCIAUNO

Cuatro expertos en sustentabilidad corporativa analizan cuáles son las lecciones que deberían tomar las compañías con respecto a su relación con las comunidades, luego de lo que ha sucedido en la Región de Valparaíso. El diálogo permanente y la “debida diligencia” son clave para lo que viene, señalan.




El anuncio de cierre de la fundición Ventanas de Codelco, en la llamada “zona de sacrificio”, ha desplegado una serie de preguntas sobre la política medioambiental, entre otros factores. Pero también está dejando lecciones en las áreas de sostenibilidad al interior de las grandes empresas, las que -según expertos y consultores en sustentabilidad- tendrán que recalibrar sus estrategias, equipos y políticas en torno a la relación con sus comunidades y proyectos de inversión. Algo similar a lo que sucedió con el fallido proyecto minero Pascua Lama, que hizo que muchas compañías se pusieran al día con sus áreas y lineamientos respecto a sus stakeholders (grupos de interés).

Marcela Bravo, gerenta general de Acción Empresas, indica que, de ahora en adelante, se hace más importante el valor de las compañías basado en el vínculo que establezcan con sus comunidades. Y aquí surge un término clave, según Bravo: el diálogo permanente. “Hay que tomar las lecciones (de Ventanas). En un principio se pensaba que lo único relevante de que una empresa se instalara en un lugar era el empleo y la riqueza que traería. Hoy, eso es distinto, porque la comunidad se va dando cuenta de que las empresas son el motor y parte de la sociedad. Son un ciudadano más. Lo que la empresa haga o deje de hacer tendrá un impacto en su entorno del cual es responsable”, explica la gerenta general de Acción Empresas.

Para Ignacio Larraechea, director ejecutivo de Eticolabora, el cierre de la fundición deja al descubierto la gran vulnerabilidad de la economía chilena, con la escasa preocupación de una cadena de valor responsable. “Cuando se vende un producto o servicio, las empresas no pueden solo responsabilizarse de los stakeholders directos, sino que se es responsable de todo el impacto social y ambiental de la cadena de valor”. Por eso, según el experto, “lo que deben hacer las empresas ahora es un proceso de debida diligencia para identificar los riesgos que tienen en sus comunidades y en su cadena de valor. Identificarlos rápidamente, para así rediseñar los procesos, las normas y las asignaciones de recursos para minimizar estos impactos”.

Según los especialistas, la clave estará en dialogar más aún. Si bien antes muchas de las empresas contrataban profesionales externos para hacer los vínculos con las comunidades, hoy son parte de la organización y crean nexos con las comunidades y territorios. Así lo comenta Bravo, quien indica que la empresa debe ampliar la mirada, “en el sentido abierto de conocer, cambiar o influir. Lo que suceda en esa comunidad va a tener un impacto para ambos, el cual es permanente y sistemático, donde se logra levantar inquietudes, aspiraciones, y cómo en conjunto se puede beneficiar a ambos, entendiendo que se compartirá un territorio un largo tiempo”.

La mirada interna

Con respecto a que si las compañías deberían repensar sus áreas de sustentabilidad o bien, en el perfil de los colaboradores que están en contacto con las comunidades, Pablo Vidal, gerente general de Sustenta+, estima que es clave que los equipos piensen en una gestión comunicativa preventiva, “con un enfoque de riesgo basado en los derechos humanos, donde es de suma importancia evaluar y visualizar los posibles riesgos. Algo que hubiese sido clave para poder mantener las operaciones de la fundición”, señala. Al respecto, Larraechea cree que “el camino sigue siendo construir la sostenibilidad con la participación de todos: Estado, empresa, sociedad civil y consumidores. Esto queda demostrado cuando una empresa transa acciones en la bolsa, el inversionista castiga severamente el no producir de manera sostenible. Entonces claramente hay que abordarlo al interior de la empresa, identificando los impactos sociales y medioambientales”, enfatiza el representante de Eticolabora.

Para Vidal, aún quedan acciones por hacer en la zona del cordón industrial. “Les recomendaría a las empresas que, basadas en los procesos de debida diligencia, definan cuáles son los impactos que podrían convertirse en afectaciones a los derechos humanos, donde la decisión de cerrar Ventanas va a dar una oportunidad de hacer un cierre con este enfoque”.

Por su parte, Emilia Muñoz, gerenta de consultoría de Gestión Social, plantea que el factor socioambiental debe abarcar a la organización en su totalidad. “Deben contar con un sistema de medición periódico y definido. Un número importante de empresas conforman el cordón industrial ubicado en la V Región, por lo tanto, de manera conjunta, se debería avanzar en el relacionamiento comunitario que permita que se instalen distintos mecanismos de participación y vínculos con la comunidad, y una convivencia sostenible de los territorios, desde la perspectiva de la producción de los negocios”, afirma Muñoz.

Los expertos comparten el análisis acerca de que hace más de diez años en Chile se aplican criterios para un desarrollo sostenible, no obstante, la velocidad de estos estándares no es igual para todas las organizaciones.

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