Los aprendizajes del empresariado a un año del 18-O

FOTO: MARIO TELLEZ / LA TERCERA

Las seis ramas que conforman la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC) liderada por el empresario Juan Sutil, concuerdan en que es a partir del trabajo colaborativo e inclusivo que Chile podrá salir adelante.




Si hubiese que definir un día que en la historia reciente haya marcado profundamente al país, ese sería el 18 de octubre de 2019. Esa es al menos la visión que tiene la cúpula empresarial chilena.

Al cumplirse un año del estallido de la crisis social, los empresarios reconocen su cuota de responsabilidad en el pasado y reflexionan sobre los desafíos que habrá que asumir para hacer de Chile un país más justo, sin que esto signifique poner en desmedro el horizonte de desarrollo al que se quiere llegar.

Por eso, las seis ramas que conforman la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC) liderada por el empresario Juan Sutil, hacen un diagnóstico sobre el país a raíz del estallido social y concuerdan en que es precisamente a partir del trabajo colaborativo e inclusivo que Chile podrá salir adelante.

El diagnóstico

En el empresariado creen que fueron varios los factores que detonaron la crisis, y que mucho de eso tuvo que ver con demandas sociales no atendidas y postergadas en el tiempo.

Juan Sutil señala que uno de los temas de fondo tiene que ver con que “salimos de un país con pobreza sobre el 50%, nos enfocamos en sacarlo adelante, en apuntalar crecimiento económico y se nos olvidó que la clase media que se generó a partir de ese progreso, empezó a demandar mejoras, las que ni nosotros ni los políticos supimos ver, o simplemente se nos hizo imposible ponernos de acuerdo”.

Una mirada similar consigna el presidente de la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa), Bernardo Larraín, quien añade que en los últimos años se ampliaron brechas sociales y culturales que se tenían desde hace mucho tiempo “y que no enfrentamos con suficiente determinación”. Diego Hernández, representante de la Sociedad Nacional de Minería (Sonami), apunta más bien a que “nos dejamos encantar” con lo que se había logrado en los últimos 30 años, sin embargo, aclara que “lo que algunos queríamos no era lo mismo que quería la ciudadanía, a ellos, más que el crecimiento económico les interesan otros aspectos”.

Desde la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), Ricardo Ariztía hace un mea culpa y cree que los empresarios tienen algo de responsabilidad dentro de todo esto, dado que a su juicio “nunca fuimos capaces de participar más”.

“Nos dedicamos a trabajar, pero no tenemos ni idea de nuestras autoridades y menos del sentir de nuestra gente”, agrega. A los dichos del líder de la agroindustria se le suma otra reflexión de Sutil, quien haciendo alusión a hechos de colusión de algunas empresas y malas prácticas empresariales en el pasado, reconoce que “algo de verdad hay en la mirada negativa que se tiene del empresariado”.

No obstante, también precisa que esos son hechos puntuales y que “sí hay empresas que lo están haciendo bien. Cuando se le pregunta a las personas si confían en su empresa, más del 70% te dice que sí”, remarca.

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Los aprendizajes

Por la Sofofa, Bernardo Larraín cree que la principal reflexión que debe hacerse, pasa por separar con nitidez la violencia de la verdadera demanda social. A su juicio, “si no lo hacemos vamos a enfrentarlas de manera equivocada”.

Sobre este punto, que además es ampliamente compartido por los demás miembros de la multigremial, Larraín Matte cree que la “violencia debe ser contenida por un Estado que se moderniza en sus fuerzas policiales”, mientras que la manifestación social pasa más bien por “un reformismo sistemático en la reducción de las brechas en las que somos todos responsables”.

Algo de eso menciona su par empresarial, el presidente de la Cámara Chilena de la Construcción, Antonio Errázuriz, quien añade como otra lección aprendida “la imperiosa necesidad de impulsar el diálogo y la construcción de acuerdos” como las únicas herramientas para abordar los problemas que nos afectan como sociedad.

“Empatía para saber ponernos en los pies de los otros”, dice Manuel Melero que es otro de los grandes aprendizajes que deja la crisis. Para eso, él estima necesario “oír más y en definitiva estar atentos a lo que sucede con nuestro entorno. Debemos tener las orejas más grandes, pero no solo para analizar las demandas, sino también para resolverlas”.

Eso lo comparten en la Asociación de Bancos e Instituciones Financieras, de hecho, su presidente José Manuel Mena, apunta a que es necesario trabajar “el para qué de la empresa, porque hace mucho que dejó de ser solo para ganar plata”.

Los desafíos

Los desafíos son múltiples, pero el objetivo es uno solo: levantar al país y conducirlo hacia el desarrollo. De eso tampoco hay duda entre estos 7 empresarios, quienes transversalmente creen que el éxito de todo esto pasa por una recomprensión del Chile post estallido social.

Para la Sofofa esto implica iniciar tres vertientes fundamentales: la primera de ellas tiene que ver con la recuperación económica y social. En segundo término, está el desafío de la reconversión de las empresas, y el último punto es el proceso constitucional. “En cualquiera de los caminos que decidan los chilenos el 25 de octubre, habrá una discusión constitucional, la que tenemos que enfrentar con un espíritu de acuerdos y no refundacional, un espíritu de reformismo que tome como punto de partida lo construido en los últimos 30 años”, señala. A esto, Manuel Melero, agrega que el empresariado debe jugar un “rol activo en la nueva Constitución, con ideas bien fundamentadas debe hacerse partícipe del proceso”.

José Manuel Mena dice que se deben generar acciones que respeten la libre competencia y que de a poco vayan restituyendo la confianza en las instituciones y en las empresas. Asimismo, cree que es necesario “cerrar con los capítulos de colusión que tanto daño hacen, e instalar el concepto de autorregulación cuando vemos que el regulador es malo. Si queremos construir, nadie puede ser espectador”, dice.

Si se logra todo lo anterior, Sutil cree que es ahí cuando Chile podrá recién encaminarse hacia el desafío final: lograr que un modelo económico que converse con lo social. “Estamos frente a un cambio, una revolución, donde la ciudadanía espera más de las instituciones y ahí la empresa tiene que ser más que bienes y servicios de calidad, tiene que ser parte de la comunidad y el ecosistema. Tiene que ser parte de la sustentabilidad de un país” remarcó.

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