S&P Global advierte sobre la encrucijada para Chile ante rally del cobre
"El mundo necesita desesperadamente el cobre de Chile para materializar su futuro electrificado", señala la entidad en un informe.
En el inicio de 2026 los precios del cobre han consolidado el rally alcista del año pasado anotando nuevos récords y llevándolos a posicionarse incluso sobre la barrera de los US$6 la libra tanto en la Bolsa de Metales de Londres como en el mercado Comex de Estados Unidos en jornadas recientes.
Y las expectativas futuras siguen siendo optimistas. De acuerdo a las estimaciones de S&P Global la demanda mundial de cobre se dispararía 50% para 2040, creando un déficit de 10 millones de toneladas métricas lo que presenta una oportunidad económica sin precedentes para Chile.
De hecho el rally en los precios llevó a que las exportaciones chilenas superaran por primera vez la barrera de los US$100.000 millones en 2025. Según los datos del Banco Central, pese a la incertidumbre generada por los aranceles impuestos por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, las exportaciones de Chile sumaron US$107.004,22 millones el año pasado, impulsadas por los envíos de cobre, los que totalizaron un récord de US$55.187 millones.
Llamado de urgencia
Sin embargo, un estudio de S&P Global advierte que los desafíos estructurales del país, como la caída en las leyes del mineral y la escasez hídrica, podrían impedir que Chile, el principal productor mundial de cobre, capitalice este boom de la electrificación.
El informe Cooper in the Age of AI de S&P Global analiza cómo la transición energética, la inteligencia artificial y los vehículos eléctricos están redefiniendo el valor estratégico del cobre.
“Para Chile, esto no es solo una buena noticia en términos de precios, sino un llamado de urgencia para resolver los cuellos de botella que limitan su capacidad de producción y ponen en riesgo su liderazgo global”, sostiene el informe.
El análisis de S&P Global concluye que "el mundo necesita desesperadamente el cobre de Chile para materializar su futuro electrificado".
La pregunta clave sostiene es si Chile podrá implementar las políticas, inversiones y tecnologías necesarias para superar sus barreras internas y responder a tiempo a este llamado histórico.

Demanda insaciable
En específico el estudio presenta una serie de factores con impacto para Chile. Así en primer lugar indica que se producirá una demanda global insaciable. Esto porque el mundo necesitará 42 millones de toneladas métricas de cobre para 2040, 14 millones más que hoy. Con ello sin una nueva oferta masiva, el déficit proyectado de 10 millones de toneladas presionará los precios y las cadenas de suministro a nivel global.
Hasta 2040, S&P proyecta que la demanda global de electricidad crecerá casi un 50%, en comparación con los niveles de 2025. Así explica cada nuevo megavatio y cada nueva línea de código digital dependen en última instancia del cobre.
“Los sistemas de IA consumen enormes cantidades de energía que deben fluir a través de conductores de cobre que conectan procesadores, memoria y sistemas de refrigeración. Los vehículos eléctricos requieren 2,9 veces más cobre que los autos convencionales. Los sistemas eólicos, solares y de transmisión no pueden funcionar sin él, y lo mismo ocurre con las armas avanzadas y los sistemas de vigilancia, cuya eficacia depende de materiales compactos y de alta conductividad”, señala el estudio.
Menor ley del mineral
El informe sostiene que a nivel global la disminución de la ley de mineral, los retrasos regulatorios y de permisos, litigios ilimitados y la concentración de la capacidad de fundición han creado limitaciones estructurales que podrían provocar déficits persistentes y una competencia más intensa por la oferta y posiblemente choques de suministro.
En el caso específico de Chile el informe resalta el desafío geológico. Al respecto dice que la ley promedio del mineral en Sudamérica ha caído un 44% desde el año 2000. Esto significa que se debe mover más material para producir la misma cantidad de cobre, elevando drásticamente los costos operativos y la intensidad energética y de agua.
Agrega que la creciente escasez de agua está emergiendo como una limitación significativa para una industria intensiva en agua (supresión del polvo en minas a cielo abierto; trituración y molienda de mineral; separación de minerales de cobre de roca; y enfriamiento, entre otros procesos).
“En el mayor país minero de cobre, Chile, la necesidad de agua de la industria se opone cada vez más a la de la agricultura y los hogares”, indica el informe.
Señala que en 2023, la licencia de la mina Cerro Colorado para extraer agua del acuífero Laguillas no fue renovada debido a otras demandas sobre el acuífero. En este sentido indica que “las soluciones están disponibles, pero son costosas. La mina Los Pelambres construyó una gran planta de desalinización en 2024 para reducir su dependencia de fuentes de agua dulce cada vez más escas. Aunque hasta ahora la planta ha incrementado significativamente las tasas de procesamiento del mineral, requería invertir capital nuevo considerable”.
Asimismo sostiene que a medio plazo, el retroceso de los glaciares en la región agrava la escasez de agua e introduce nuevos desafíos geológicos, incluyendo el deshielo del permafrost, deslizamientos de tierra y desprendimientos de rocas.
“El impacto de todos estos desafíos en la superficie está haciendo que la minería sea más costosa, aumentando los riesgos y haciendo que las operaciones sean más políticamente tensas. Eso eleva el nivel del capital necesario para desarrollar y mantener minas productivas, seguras y eficientes con licencia social para operar”, dice el informe.
Por eso advierte que los inversionistas deben estar preparados para invertir enormes sumas de capital, involucrar a multitud de partes interesadas, esperar a veces décadas para obtener beneficios y reservar más capital para las diversas contingencias —desde desafíos legales hasta derrumbes— que enfrentan las minas. “Sin esta inversión, sin embargo, el mundo no recibirá el cobre que necesita”, sostiene.
“La producción primaria, es decir, la minería, sigue siendo la base insustituible. Cerrar esta brecha exige una respuesta extraordinaria y multidimensional. El suministro futuro de cobre depende no solo de la geología, la ingeniería, la logística y la inversión, sino también de la gobernanza y las políticas. Eso se traduce en puntualidad en la concesión de permisos y consultas, un límite para los litigios y estabilidad en la gobernanza y la regulación”, dice el informe.
Todo esto es necesario para generar la confianza que sustente la inversión sustancial que abarca décadas, agrega.
Sin embargo, advierte, la minería en sí es solo una parte del panorama. También se trata de lo que ocurre con el concentrado de cobre cuando sale de la mina. Al respecto sostiene que garantizar cadenas de suministro robustas y capacidades de procesamiento diversificadas se ha convertido en una prioridad central.
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