Trastornos de la alimentación y Navidad: Cuando celebrar es sinónimo de angustia, miedo y culpa

Imagen referencial. Foto: Reuters

Para una persona que no sufre anorexia o bulimia, comer puede ser sólo eso y luego seguir con su vida normal. Pero para quien lo vive, dicen especialistas, implica miedo, ansiedad, culpa y pensamientos obsesivos. La sola idea estar en una reunión familiar rodeadas de comida, es abrumadora.




Postres. Pan de Pascua. Galletas. Pavo. Torta de tres leches. Chocolates. Dulces. Cupcakes. Papas duquesa. Cola de mono. Hablar de celebración es siempre sinónimo de comida. Y la Navidad es sin lugar a duda uno de los encuentros familiares que más gira en torno a una preparada y esperada cena.

Es una ocasión en que es casi imposible alejarse de la comida. Los anuncios y el comercio lo recuerdan. Es uno de los elementos protagonistas. Algo en lo que las familias en Chile invierten en promedio $33.920, según el Estudio de Consumo Navideño 2020 de Deloitte.

Sin embargo, para muchas personas la sola idea de sentarse a la mesa en una reunión familiar rodeadas de comida, es abrumadora. Sí, ese espíritu festivo puede ser realmente difícil de sobrellevar para quienes experimentan trastornos de conducta alimentaria (TCA). Anorexia, bulimia, atracones, entre otros, son algunos de esos trastornos psicológicos graves que conllevan alteraciones de la conducta alimentaria.

Se estima que cerca del 6% de la población presentará un TCA a lo largo de su vida. La evidencia en Chile indica que es un riesgo para el 12% de de la población adolescente, con mayor prevalencia en mujeres. Por ello, la Organización Mundial de la Salud (OMS) los ubica entre las enfermedades mentales de prioridad para niños, niñas y adolescentes.

Navidad es una ocasión en que es casi imposible alejarse de la comida. Los anuncios y el comercio lo recuerda. Es uno de los elementos protagonistas. Algo en lo que las familias en Chile invierten en promedio $33.920, según el Estudio de Consumo Navideño 2020 de Deloitte. Foto: Reuters.

En Navidad existe no solo una gran abundancia de alimentos, también una mayor presión, en comparación con otras fechas, para comer y hacerlo junto a otras personas. No es una prueba fácil. Menos aun si se toma en cuenta que la pandemia implicó un aumento importante de estos trastornos, que se estima en 30%.

Las fiestas de fin de año pueden ser un periodo particularmente estresante para quienes padecen un TCA, explica el Dr. Daniel Ortiz, psiquiatra del Programa de Obesidad y Diabetes de Clínica Universidad de los Andes. La actividad se centra en la comida, desde la planificación, compra y almacenamiento, hasta el consumo de dichos alimentos; y hay habitualmente un incremento en la actividad social, lo cual dice “también puede actuar como un elemento de tensión ambiental adicional”.

Festividad y reunión social junto a seres queridos, donde la comida es muy importate para nuestra cultura, indica Javiera Araya nutricionista del Centro Médico Cetep. Es muy difícil no compartir en torno a la comida. Situación compleja para las personas que cruzan con algún diagnóstico de TCA, ya sea anorexia nerviosa, bulimia nerviosa o trastorno por atracón.

“Es importante saber que para una persona que no cruza un TCA, comer puede ser sólo eso y luego seguir con su vida normal, pero para una persona con TCA comer puede implicar miedo, ansiedad, culpa y pensamientos obsesivos”, sostiene Araya.

En esos casos, las fiestas son un desafío, añade Montserrat González, psicóloga y psicoterapeuta de Psyalive.com, ya que existen diversos factores que pueden incrementar la ansiedad por comer o por los atracones, en el caso de la bulimia nerviosa.

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Es una oportunidad en la cual, Pablo Palma Dr. en psicología social y docente de Psicología de Universidad Autónoma de Chile sede Talca, recomienda no presionarse a vincularse a través de la comida, “pues le generara más angustia y culpa”.

“Es una época compleja, los trastornos siguen ahí y la persona quiere que no se note, lucha entonces contra el padecer terrible de un trastorno alimenticio y trata de ocultarlo, lamentablemente sintiéndose culpable”, indica Palma.

Presión social

Otras manifestaciones de un TCA son el trastorno de rumiación y el trastorno por evitación o restricción en la ingesta de alimentos. No siempre el entorno sabe de esa vivencia de un TCA. Y la imposición por comer en una instancia de este tipo es fuerte. Hay mucha presión social.

González señala que para la persona el no comer o comer, según sea el trastorno, implica lidiar con una sensación de agobio y estrés constante. “Suelen pensar que después de comer, cenar o del postre, viene la carga de culpa por haber comido de más o por complacer a las personas muchas veces de mismo núcleo familiar a probar todo lo que se encuentra en la mesa repleta de comida”, aclara.

Además, como los TCA pueden incluir distorsiones de la imagen corporal con preocupación excesiva por cómo son vistos por los demás, Ortiz indica que el deber interactuar con otras personas con quienes se comparte de forma menos frecuentes, y manejar sus reacciones y comentarios, resulta en un momento de mayor riesgo para empeorar. “Los eventos navideños además por sus características de celebración, modifican rutinas de actividad y alimentación que se han construido durante el tratamiento para garantizar la estabilidad de los síntomas, y son en estos momentos puestas en riesgo”.

¿Cómo enfrentarlo? Algo tan sencillo como decidir dónde sentarse y a quienes tendrán al lado en esa noche, dice González puede influir en que sea más llevadero. “La primera recomendación es sentarse al lado de personas con las que puedan tener una conexión, una conversación agradable o que disfruten tener a su lado en este día”, subraya.

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La imposición por comer en una instancia de este tipo es fuerte. Hay mucha presión social.

Superar la Navidad

Es importante que, tanto la familia como la persona que padece el TCA, comprenda y acepte que es normal que en estas fechas la ansiedad por la comida pueda aumentar. Araya recalca que al aceptar esta situación, el miedo tiende a bajar y también se genera expectativas más ajustadas en torno al manejo.

El manejo de la ansiedad dependerá del tipo de trastorno, etapa en la que se encuentre e indicaciones del equipo tratante, dice Araya, “pero es importante psicoeducar en reconocer la ansiedad como una emoción que nos ayuda a protegernos, tiene una funcionalidad y desde ahí entregar herramientas para navegar la emoción como técnicas de respiración, observación y externalización de esta voz autocrítica, consciencia de que cómo viene pasará así como en otras ocasiones anteriores”.

Cosas que pueden ayudar son evitar sobre exponer a la persona a todos los preparativos de compra y cena navideña. También dice Araya, definir donde se almacenarán los alimentos para que no sean de libre acceso o no estén visibles todo el tiempo. Otra recomendación, añade Ortiz es evitar que la conversación gire de forma exagerada en torno a este ítem.

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Es particularmente importante que la familia tenga conciencia de no realizar comentarios relacionados con el cuerpo o apariencia física de la persona afectada y de ningún otro, “aun si son comentarios aparentemente positivos, como ´estás muy delgado(a)´, porque pueden despertar intenso malestar y/o frustración”, dice Ortiz.

Junto con evitar el llamado “fat talk” o conversaciones que resaltan la delgadez como sinónimo de belleza y la gordura como sinónimo de algo reprochable, indeseado, sólo dependiente de la fuerza de voluntad de las personas, también se recomienda dice Araya “evitar regalar ropa, donde la persona tenga que probarse y recibir comentarios en torno a su cuerpo”.

Del mismo modo en que no se aconsejan hablar sobre el cuerpo de otros, González llama a evitar comentarios sobre la comida, como por ejemplo, “esta es una bomba calórica” o “mañana ya no comemos”. Frases que aumentan la culpa y ansiedad de quien vive un TCA.

Especialistas llaman a evitar comentarios sobre la comida, como por ejemplo: “Esta es una bomba calórica” o “Mañana ya no comemos”. Frases que aumentan la culpa y ansiedad de quien vive un TCA.

“Un trastorno es algo personal, pero a la vez es real y debe apoyarse y tratarse. No se debe presionar a nadie por la ´Navidad perfecta´. Esto enferma a la gente. La salud es primero que las apariencias”, sostiene Palma. Generar un espacio protegido, con familiares y redes de apoyo, “donde el trastorno sea entendido y no juzgado evitando así generar mas malestar”, es, dice, lo aconsejable.

Se puede repensar la celebración. Tal como Gonzáles indica, dejar que familiares y personas del entorno se propongan una alianza para vivir una propia narrativa entorno a la Navidad, “con un significado distinto, en el que la comida solo sea un factor no el centro de la atención”. Así, dice, se pueden intercalar actividades que no necesariamente impliquen comida y también se puede pensar en vivir una navidad en un lugar distinto al habitual.

Nuevas tradiciones que pueden ser reconfortantes y agradables, que también ayudan a quitar el énfasis de que Navidad es solo una gran cena o el consumo de comida.

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