2 hábitos “molestos” que indican que una persona es más inteligente, según un psicólogo
Aunque suelen interpretarse como señales de distracción o desorden, ciertas conductas cotidianas podrían estar vinculadas a procesos mentales complejos y adaptativos.

En una cultura obsesionada con la productividad, la concentración constante y los resultados medibles, hay conductas cotidianas que suelen mirarse con desconfianza.
Soñar despierto en medio de una tarea o murmurar mientras se ordenan ideas pueden interpretarse como señales de distracción, falta de disciplina o incluso desorganización mental.
Sin embargo, el psicólogo estadounidense Mark Travers, columnista en Psychology Today, plantea que estos hábitos “molestos” pueden tener una lectura muy distinta.
Según explica, en determinados contextos no solo son normales, sino que pueden reflejar inteligencia en las personas.
1. Soñar despierto
La divagación mental, cuando la atención se aleja de la tarea presente hacia pensamientos autogenerados, ha sido considerada durante años como un signo de falta de concentración.
No obstante, investigaciones recientes sugieren que también puede impulsar el pensamiento creativo.
Travers cita un estudio de 2025 realizado con más de 1.300 adultos, que encontró que la divagación mental deliberada, permitirse soñar despierto de manera intencional, implica un mayor rendimiento creativo.

Los datos de neuroimagen mostraron una mayor conectividad entre redes cerebrales asociadas al control ejecutivo y la llamada red neuronal por defecto, vinculada a la imaginación y al pensamiento interno.
Otro estudio publicado en 2024 en PNAS Nexus analizó muestras de pensamiento espontáneo de más de 3.300 participantes mediante procesamiento del lenguaje natural.
Los resultados concluyeron que estos pensamientos tienden a organizarse en torno a metas relevantes y favorecen la consolidación de la memoria. Es decir, el aparente “ruido mental” podría cumplir funciones cognitivas adaptativas.
Eso sí, Travers advierte que sus beneficios dependen del equilibrio.
Si la mente divaga, pero la persona también mantiene buena concentración y autoconciencia, podría tratarse de un modo mental que favorece la creatividad y la resolución de problemas.
En cambio, cuando se transforma en distracción crónica, puede volverse contraproducente.
2. Hablar contigo mismo
El segundo hábito es el diálogo interno, ya sea en silencio o en voz baja.
Desde fuera puede parecer extraño, pero la psicología lo vincula con la autorregulación, la planificación y la metacognición: la capacidad de reflexionar sobre los propios pensamientos.
Un estudio de 2023 publicado en la revista Behavioral Sciences encontró una correlación significativa entre el uso frecuente del habla interna y mayores niveles de autorregulación y claridad del autoconcepto en estudiantes universitarios.

Quienes se comunicaban consigo mismos con mayor frecuencia reportaban una identidad más clara y mejor capacidad para organizar su conducta.
Según Travers, el diálogo interno puede funcionar como un “andamiaje cognitivo”: una herramienta para estructurar ideas complejas, secuenciar acciones y monitorear objetivos.
Al externalizar los pensamientos (aunque sea en susurros) el cerebro puede reducir el ruido mental y ordenar problemas abstractos o emocionalmente cargados.
Al igual que la divagación, este hábito también requiere moderación. Cuando deriva en rumia constante o autocrítica severa, puede afectar el bienestar. Pero usado de forma constructiva, puede transformar pensamientos dispersos en planes concretos.
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