Por Paula FrederickCabo de Miedo: la nueva vida de un clásico
Cabo de miedo supera el temor inicial, y resulta victoriosa. Reivindica el suspenso como sensación primaria, y parece responder la pregunta inicial: cine y serialidad no tienen que competir entre sí. Pueden alimentarse mutuamente, hasta encontrar el equilibrio que les dé una nueva vida, incluso más luminosa. Como los clásicos, esos que se resisten a morir.

Cine y serialidad: ¿amigos o rivales? La pregunta emerge cada vez que una película, que parece haber cumplido su ciclo vital, decide fragmentarse en episodios, expandiendo su forma original para alimentar la insaciable maquinaria del streaming. ¿Hasta qué punto se justifica esa otra vida? ¿Es posible salir airoso y no morir en el intento?
La nueva versión de Cabo de miedo, recién estrenada en Apple TV+, pertenece a esa osada categoría. Bajo la dirección creativa de Nick Antosca, responsable de Channel Zero y A Friend of the Family, y con Martin Scorsese y Steven Spielberg entre sus productores ejecutivos, la serie se atreve a entrar en territorio sagrado. Lo hace con una sonrisa desafiante, muy parecida a la de su protagonista. Tan inquietante como irresistible.

Remover los cimientos de Cabo de miedo, es entrar en terreno complejo. Basadas en la novela The Executioners de John D. MacDonald, las dos adaptaciones cinematográficas anteriores se volvieron rápidamente clásicos: la de 1962, dirigida por J. Lee Thompson con Gregory Peck y Robert Mitchum, y el célebre remake de 1991, con Nick Nolte, Robert De Niro y firma de Scorsese. La nueva entrega toma esa materia prima, y se permite un par de licencias: Max Cady acaba de salir en libertad tras diecisiete años en prisión, acusado de asesinar a su esposa embarazada, condena que finalmente es anulada. Ahora, vuelve dispuesto a ajustar cuentas con Tom Bowden (Patrick Wilson), el fiscal que ayudó a encarcelarlo, y con Anna Bowden (Amy Adams), la abogada que participó en el proceso judicial, y que hoy se dedican precisamente a luchar por los condenados inocentes. Con sus dos hijos, forman una familia de apariencia ejemplar, que rápidamente ven tambalear esa vida perfecta.
Partamos por Max Cady, antes interpretado por Robert Mitchum y Robert De Niro. Ahora, el actor no se llama Robert, pero sí Javier Bardem. El español llega triunfante, con un historial de villanos cinematográficos de lujo, que parecen haber ido moldeando a su futuro Max Cady, como el Anton Chigurh de No es país para viejos, el Raoul Silva de Skyfall o el padre de los hermanos Menéndez en Monstruos. Su Cady es más ambiguo, pero no menos monstruoso. Una fuerza de la naturaleza que, literalmente, interviene y destroza todo a su paso.
En lugar de replicar la estructura fílmica, Antosca desarma su núcleo narrativo y lo expande hacia nuevas direcciones. Los diez episodios exploran los secretos de cada integrante de la familia Bowden, incluidos sus hijos, convirtiendo una historia de persecución en un estudio sobre la culpa, la moral y las máscaras sociales. Las aguas se vuelven cada vez más turbias. Y aunque Cady siga siendo el depredador del relato, nadie a su alrededor es del todo inocente.
Más que en la historia misma, la serie deposita su fuerza en la forma de contarla. La mirada fílmica observa sigilosa, como un intruso oculto entre los arbustos o una cámara de seguridad, testigo involuntario de algo indecible. Pequeñas alteraciones cotidianas, amenazas que toman formas y colores, que pasan de la saturación a apagarse lentamente, como si la vida de los personajes empezara a desteñirse. El verde domina los encuadres, actuando como una suerte de termómetro moral, estética heredera del southern gothic norteamericano, donde la podredumbre suele esconderse bajo fachadas impecables.
Cabo de miedo supera el temor inicial, y resulta victoriosa. Reivindica el suspenso como sensación primaria, y parece responder la pregunta inicial: Cine y serialidad no tienen que competir entre sí. Pueden alimentarse mutuamente, hasta encontrar el equilibrio que les dé una nueva vida, incluso más luminosa. Como los clásicos, esos que se resisten a morir.
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
CYBER 50% Plan Digital+$5.990 al mes SUSCRÍBETE













