Por Gonzalo ValdiviaHannah Einbinder y su elogiada cinta: “Es un espacio para reivindicar la marginación de las personas queer”
En medio del mejor año de su carrera, la actriz de Hacks llega a la cartelera con Adolescencia, Sexo y Muerte en Campamento Miasma, la alabada película en la que comparte escenas con Gillian Anderson. En diálogo con Culto, detalla su afinidad con la directora Jane Schoenbrun y el ajuste de cuentas que propone el filme con la representación de la diversidad sexual en el cine de terror.

Antes de filmar la última temporada de Hacks, la serie que la catapultó a la fama y le permitió ganar el Emmy, Hannah Einbinder (Los Angeles, 1995) se sumergió en un mundo completamente diferente. Bajo la dirección de Jane Schoenbrun (I saw the TV glow), la actriz y comediante se internó en el rodaje de una cinta que comienza como un homenaje a las películas slasher –aquellas donde el asesino porta un cuchillo, un machete o un arma similar– y luego evoluciona hacia algo más difícil de clasificar.
La experiencia ha sido una de las más felices de su –hasta ahora– breve pero ascendente carrera: Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma inauguró la sección Un Certain Regard en el Festival de Cannes 2026, donde acaparó elogios y aplausos, y ahora llega a las salas como uno de los largometrajes de terror más aclamados del año.

Einbinder interpreta a Kris, una idealista directora de cine independiente a la que contratan para revivir Campamento Miasma, una saga que ha tenido múltiples iteraciones a lo largo de la historia, pero que no goza de su mejor momento. Ahora desea salirse con la suya y está obsesionada con traer de vuelta a Billy Presley (Gillian Anderson), la protagonista original de la franquicia, quien vive recluida en el mismo lugar en el que décadas atrás se filmaron las anteriores entregas.
Con humor, introspección y aura romántica, la cinta propone preguntas sobre la represión y la identidad de género, sobre los sesgos del cine de terror y sobre el poder de la imagen. En última instancia, es una obra resultado de la cinefilia y la experiencia vital de Jane Schoenbrun, quien ha asegurado que se inspiró en su propio proceso de aprender a aceptar su sexualidad luego de haber transicionado.
La actriz describe sus conversaciones con Schoenbrun como “profundas, vulnerables y personales”, y cuenta que giraron en torno a “lo que el personaje estaba a punto de vivir y lo que el filme intentaba transmitir”. “Muchas de esas conversaciones íntimas y cercanas me permitieron sumergirme de manera profunda en ese mundo”, indica en entrevista con Culto.
Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma –que debuta en cines chilenos este jueves 13 y más adelanmte llegará a Mubi– le permite convertirse en una final girl, el rol que a lo largo de la historia han representado actrices como Jamie Lee Curtis, Neve Campbell y Jennifer Love Hewitt.

“Es tan increíble, especialmente al hacerlo de esta manera, que es como radical, alegre y recuperando las cualidades, la imagen que se ha proyectado de la final girl, dotándola de dignidad, autonomía y orgullo. Estoy tan, tan emocionada”, apunta Einbinder, cuya película de terror favorita es Terror en Silent Hill (2006). “Es interesante que sea una adaptación de un videojuego”, declara.
La ficción de Jane Schoenbrun es su primer estreno después de su despedida de Jean Smart y del resto del elenco y los creadores de Hacks. Los mismos con los que se reencontrará por última vez en septiembre en la gala de los Emmy, donde la serie de HBO Max trituró el récord de nominaciones para una producción de comedia (24 candidaturas, incluyendo una nueva para Einbinder).
-¿Qué películas le han permitido reflexionar sobre la representación de las personas queer en el cine?
Tenemos la tendencia a interpretar lo queer de forma implícita debido a la falta de personajes explícitamente queer. Y para mí, de hecho, los filmes en los que yo interpretaba los elementos queer eran Triunfos robados o Stick it. Creo que sus personajes eran lesbianas, y yo simplemente lo percibí pese a que nunca se dice explícitamente. Pero esas películas se me quedaron grabadas. Triunfos robados me impulsó a practicar cheerleading. Practiqué cheerleading competitivo durante años y también en la preparatoria, así que me marcó un camino. Al principio, creo que pensaba: ¡Me encanta el cheerleading! Y luego, en retrospectiva, pensé: también soy gay. Bien, también percibí algo más.

-Hollywood sigue obsesionado con revivir viejas franquicias. ¿Cómo observa ese fenómeno?
Creo que, en muchos casos, los estudios quieren renovar la propiedad intelectual que poseen. La decisión se toma en base a: bueno, ¿qué propiedades tenemos? Según tengo entendido, eso es lo que está pasando. En muchos casos, es realmente divertido y genial. Y en algunos casos, no. Así que creo que eso no sería un gran problema si no pesaran más que las historias originales. Ese es realmente el punto más importante. No es un problema. El problema es que supera la cantidad de historias originales que se cuentan. Y ahí es donde se convierte en un problema.
-¿Qué valor encuentra en películas de terror independientes como Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma?
Creo que lo que importa son las películas independientes y las historias originales. Y creo que el terror es un género que tiene la capacidad de conectar con mucha gente, y especialmente con mucha gente queer. Creo que existe una intersección en el fandom, como un diagrama de Venn, con muchas personas queer que tal vez se han sentido marginadas y consideradas monstruosas en el contexto social. Es un espacio para reivindicar con justicia esa marginación y darle la vuelta a la situación. Por eso, no sólo el terror es importante, sino que su naturaleza independiente facilita que mantengas el control creativo y ejecutes la visión que intentas transmitir.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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