Noche de baile y euforia: la renovación de votos con Miguel Bosé en Chile
Tras ocho años de silencio, el astro caído del pop español regresó a Chile. A pesar de no pisar la Quinta Vergara en esta ocasión, agendó tres fechas: dos en el Movistar Arena y uno en el Gran Arena Monticello. Acá, Culto te cuenta cómo fue este primer reencuentro con Miguel Bosé entre bailes y colores vibrantes.

Se apagan las luces del Movistar Arena. Se encienden los focos en tonos rojos. Y caminando lento, con un traje blanco, aparece él, el astro caído del pop español vuelve a Chile luego de ocho años de ausencia.
En una aparente casualidad, al mismo tiempo, pero en la región de Valparaíso, transcurre la tropezada cuarta noche del Festival de Viña 2026. El pop latino de Juanes se contrapone con el mix de géneros que compone la discografía de Miguel Bosé.
El cantante español tiene dos fechas agendadas en el Parque O’Higgins, miércoles 25 y jueves 26 de febrero, ambas con las entradas agotadas. Así ocurre también con una tercera cita, que ocurrirá este domingo 1 de marzo en el Gran Arena Monticello. Y es que la expectativa es alta: la relación entre Chile y Bosé tiene historia.

Los ochos años de silencio
Este verano se cumplen 45 años de ese icónico primer paso del artista por la Quinta Vergara, escenario que sabemos, es una pantalla gigantesca a la escena musical mundial. Bosé es claro ejemplo de eso. Se presentó por primera vez a punto de cumplir 25 años, con una carrera en ascenso y una propuesta distinta en cuanto a sonido y performance.
Así continuaron sumándose esas instancias hasta 2018, cuando se convirtió en el artista que más veces se ha presentado en el Festival, con diez apariciones. En ese último show lo nombraron visita ilustre de la Ciudad Jardín y se celebró un homenaje con el mal recordado collage que repasaba esos casi cuarenta años de historia. Luego hubo silencio, por lo menos en los escenarios chilenos.
En estos ocho años pasaron varias cosas: hubo una pandemia, su madre falleció, se estrenó la serie biográfica Bosé y se publicó el libro Historia secreta de mis mejores canciones. A pesar de no lanzar nueva música hace más de diez años, el mundo sigue queriendo saber de Miguel Bosé: quién es, qué piensa, cómo creó el universo artístico que lo mantiene sobre las tarimas a sus casi setenta años.
Así como Elvis deslumbró en su época por sus movimientos de cadera o Bowie lo hizo con sus vestimentas extravagantes, Bosé también destaca desde el español con una apariencia característica y un estilo musical que ha sabido conservar y fusionar a través de los años, permaneciendo vigente entre clásicos.

Primer acto: color blanco
Para calentar motores, la producción escogió el romance. El encargado de encender el micrófono de las dos jornadas es el granerino Mario Guerrero, que encanta con temas como Amantes, Te amaré y Me gustas. A eso de las 20 horas, hizo corear a una sólida audiencia que ya se acercaba a la mitad de la capacidad del recinto. De a poco, los asientos se van ocupando y ya para el momento del show principal el sold out se hace notar.
Volviendo a Bosé, el originalmente bailarín, que también tuvo su paso por la actuación profesional, sabe cómo moverse frente al público. Mira fijamente, se mueve con sensualidad al ritmo de sus letras, a veces tiernas, a veces explícitas, que expresan vivencias, pensamientos y sobre todo, fantasías y deseos.
Morena mía, Amante bandido y Don Diablo son temas ya instalados en el imaginario popular. Los tres presentes en la tanda final del setlist de la noche. Canciones que el público chileno extrañó oír en vivo durante varios años y que esta noche corea a los gritos.
Todo inicia con Mirarte. La banda, completamente vestida de blanco lo acompaña con instrumentos y voces; ocho complementos que se suman a la performance. Caminan coordinados, se detienen al ritmo de la música. Acá todo es coreografía.
Esto se conecta con las visuales de las pantallas gigantes. Miguel difuminado, dividido, que camina sin rumbo entre tonos rojos. De cierta manera, sus músicos-bailarines parecen versiones de sí mismo. Un artista multifacético que se repite y reitera sobre el escenario, que recibe una carga de energía con cada nueva canción.
Las luces son un aporte. Cambian de colores y se mueven en el fondo, la plataforma, a diferencia de otros espectáculos, no está fija, al igual que todo el Movistar Arena, baila.

Un espectáculo que no se apaga
Desde hace varios años que hay preocupación por su voz y su aparente deterioro. Causó impacto luego de su aparición en entrevistas televisadas y hoy, es cierto que su tono al hablar es más seco, ronco. Sin embargo, al cantar esto pasa a ser prácticamente imperceptible: haciendo uso de su rango grave y algo de autotune. Cambia el tono de algunas canciones respecto a sus versiones originales, lo que funciona con un coro masculino en su totalidad, a diferencia de sus tours anteriores. Sus oyentes se adaptan, aplauden con fuerza; lo que haga la edad no es algo que realmente importe para sus fans.
Se podría pensar que sus casi siete décadas pesan a la hora de enfrentar un espectáculo de dos horas, pero el artista hace que todo se perciba fluido, sin mayor esfuerzo. La elección de los temas a interpretar tiene que ver con esto, hay una buena playlist que fluye entre rápidos bailables y lentos en los que el recinto disfruta desde los asientos, descansando entre la euforia, que no se detiene.
El hijo del capitán trueno, Como un lobo y Sereno son de las movidas; en Bambú aparecen con guitarras eléctricas y el ambiente vuelve a cambiar. Los conciertos de Miguel Bosé son una fiesta intergeneracional que no distingue edades ni gustos. El público, mayoritariamente femenino, se levanta rápidamente cada vez que parte un nuevo tema y siguen las coreografías que acompañaron adolescencias y cientos de fiestas, a fin de cuentas, esta rueda musical comenzó a girar hace cincuenta años.
Los temas de sus canciones han pasado por varios ciclos y, a pesar de lo que se podría pensar, hay varias que se escapan del tradicional concepto del amor y se acercan a temas contingentes, en este caso, políticos.
Desde el escenario se toma un minuto antes de interpretar Nada particular. Confiesa que cuando la escribió (1993) esperó no tener que cantarla nunca, pero que en los tiempos que corren, es importante. Que la guerra es uno de los males de esta actualidad y que este es un intento solitario para buscar la paz, para en sus palabras, entregarle un mundo a sus hijos mejor que el que él recibió de sus padres.

Segundo acto: color rojo
Ocurre el primer cambio de vestuario. El cantante aparece con el mismo traje, ahora en potente color rojo, con una capa con rosas que cubre la mitad del escenario. Olvidame tú, Sevilla, Amiga –esta última difundida también con el cover de Macha y el Bloque Depresivo, que se posiciona como la segunda canción más escuchada del grupo chileno–.
Esta nueva puesta en escena se siente cuesta arriba, se está preparando una gran sorpresa en la cima, y todo a través de interpretaciones cada vez más teatrales. Cada canción es una obra, cada estrofa un diálogo que se construye entre cantante, coristas y banda. Todos bailan, todos logran que Bosé se muestre como lo que es: uno de los showmans más relevantes de habla hispana.
Llegando a la última sección del show, el artista deja que la música se detenga para interactuar con el público. En su característico tono coqueto da cuenta de los años transcurridos desde su última visita y asegura que en compensación, este concierto era la renovación de votos con el país, que como ha dicho en ocasiones pasadas, con su público hay un vínculo especial. Todos son sus amores y gran parte de la inspiración para su arte.
Reflexiona sobre la música y su permanencia en el tiempo, asegurando que aunque pasen los años, su obra seguirá estando presente, intacta cada vez que alguien ponga play y suba el volumen.

Último acto: color amarillo
Desde la tarima ya comienza a despedirse. Agradece a los asistentes y presenta a su banda, quienes también reciben aplausos masivos. En esta última etapa la vibra es colorida. Una invitación a disfrutar lo que queda y pasarlo bien. Parte con Morena mía, su segunda canción más escuchada en Spotify, que a la fecha acumula casi 300 millones de reproducciones.
Si tu no vuelves, Amante bandido, Te amaré y Don Diablo. Esta última en una explosión de colores que se intensifica con el vestuario y con las estrambóticas imágenes de las pantallas gigantes. Se marcan los últimos pasos de baile y se da paso al cierre.
Quedando solo en la parte delantera del escenario entrega un mensaje de agradecimiento y casi como si se tratara de una misa, profesa que cada acción que uno haga debe hacerla pensando en quienes ama… y comienza el último tema: Por ti.
Es una interpretación sobria, calma. El público no se mueve de sus asientos, escucha al español hasta el último minuto. Queda un solo foco apuntándolo, blanco y brillante. Y mientras mira hacia el cielo, se apaga. La fiesta queda a oscuras, con la promesa de seguir el siguiente día.
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