De Jarry y Niemann a la U: el sicólogo que cuida la cabeza de las estrellas del deporte chileno

Eugenio Lizama, el sicólogo que ha participado en la consolidación de Jarry y Niemann.

Eugenio Lizama, el sicólogo que ha participado en la consolidación de Jarry y Niemann.

Eugenio Lizama aplica la neurociencia. Entre sus pacientes figuran tenistas, golfistas o futbolistas y viaja por el mundo atendiendo a actores de la Fórmula 1 y el MotoGP.




Cuando Nicolás Jarry levantó el trofeo del Challenger de Salinas, el primer título que consigue después de su castigo por dopaje y, en plena celebración, declaró que había tocado fondo varias veces, hubo alguien que lo entendió mejor que nadie. A miles de kilómetros de distancia, el sicólogo Eugenio Lizama se alegraba por el renacimiento de uno de los pacientes más insignes. Aunque no le tocó tratarlo en el período más oscuro de su carrera deportiva, más allá de que nunca perdieron el contacto, sabe en detalle cómo funciona su cabeza. Y también es capaz de explicar cómo el Príncipe logró levantarse.

“Después del dopaje, conversamos para ver cómo seguía. Es distinto al entrenamiento neurológico, que es en lo que me especializo. De manera general, una movida de piso tan fuerte, como el hecho de cambiar la condición de deportista, es uno de los hechos más estresantes, de los más más complejos que puede vivir un deportista profesional. Es como que te digan que la licencia de periodista ya no te sirve. Te mueve a nivel emocional, mental, incluso físico. Y después tienes consecuencias que van desde lo social, deportivas, económicas e incluso de imagen. Es un tema muy complejo, porque aborda prácticamente todos los aspectos de la vida de un deportista”, analiza.

Nicolás Jarry, en su paso por el Challenger de Salinas. (Foto: @SalinasOpenEc/Twitter).

Sin embargo, el conocimiento de la estructura mental de Jarry le permite explicarse con claridad cómo está logrando sortear el gran golpe de su trayectoria. “La percepción que tengo yo es que el Nico, pese a que fue una situación negativa, tiene una cosa que lo hace súper interesante, y yo siempre lo molesto, le hago bromas, le digo que tiene que ver con su altura. Se dobla, pero no se quiebra. Es un resiliente. Las cosas lo afectan, pero no lo quiebran completamente. Es la capacidad de sufrir, pero no quebrarse, no doblegarse. Logra ponerse de pie. Eso lo observamos como uno de los puntos fuertes de su capacidad”, ensaya, a modo de diagnóstico.

Lizama aventura, incluso, que el traspié no debería generarle mayores secuelas para el futuro, si se mantiene trabajando desde el punto de vista mental. “Los sicológos deportivos ayudamos a definir una situación y a tomar distancia de ella. En la muerte de un ser querido es natural sufrir, llorar, pero en la medida en que uno hable con alguien y logre mirar la situación con cierto desapego, ese proceso es más sano para el futuro en comparación a alguien que vive el duelo y se lo lleva dentro. Ese proceso es, finalmente, sanador y te deja fortalecido para el futuro. Mientras que los que dicen ‘nos la podemos’o se hacen los ‘choros’, son las personas que más largo tiempo llevan un duelo a rastras y hay más secuelas en ellos. El trabajo sicológico y neuro aplica para estas cosas. La neurociencia nos ayuda harto para que el deportista vuelva a sentirse al top, al más alto nivel. Pero tiene que haber disposición al trabajo”, indica.

¿Para qué sirve la neurociencia?

¿Qué busca la neurociencia? La explicación la entrega uno de sus principales cultores en el mundo deportivo actual. Lizama no solo asesora a Jarry. En su lista de pacientes chilenos también figuran los golfistas Joaquín Niemann, Mito Pereira y Agustín Errázuriz. En el extranjero, la nómina agrega a Esteban Gutérrez, piloto de desarrollo de Mercedes. En la Fórmula 1, de hecho, es un nombre familiar. pues antes trabajó en Ferrari. En la escudería del Cavallino Rampante aún aplican el plan que diseñó. También lo conocen en el MotoGP, donde asesora a figuras como Andrea Dovizioso. En el fútbol, trabaja con el plantel de la U, pero una cláusula de confidencialidad le impide referirse a su experiencia con los azules.

“En general, la neurociencia busca educar a los deportistas acerca del cerebro y el sistema nervioso y entrenar las capacidades para poder funcionar en los distintos ámbitos en que se desempeñan. En el caso del tenis, que es de lo que hablamos, nos permite observar y entrenar la capacidad ocular para percibir mayor información y más precisa en el campo visual, que entrenamos el cerebro ayudando al deportista a producir de manera voluntaria ondas cerebrales ligadas a estados mentales que facilitan la percepción y la toma de decisiones. Cuando uno está concentrado y tranquilo, y disfruta lo que está haciendo, el cerebro produce ondas cerebrales que nosotros las entrenamos, las podemos observar en vivo y se las vamos reflejando al atleta. Y, finalmente, en la ejecución, entrenamos los tiempos de reacción y la capacidad de que el cuerpo responda a las órdenes que le da el cerebro con mayor facilidad. Cuando uno ve un atleta que entrena bajo el modelo de neurociencia, ve que hace los movimientos más simples, pero a la vez más eficientes y rápidos. Uno les pregunta cómo lo hicieron y te dicen que no tienen idea, porque no enjuician lo que hacen. Están en lo que se conoce como ‘estado de flow’, donde uno está tan metido en la actividad que no está haciendo un juicio de ella. Por lo tanto, los tiempos de reacción son más rápidos y los movimiento, más naturales, más fluidos”, detalla.

En el caso de Niemann, de hecho, constata una observación llamativa. “Siempre lo he dicho, desde la primera vez que lo evalué, que tiene una capacidad que en el golf es de oro, que es la de silenciar la cabeza. Cuando uno está frente a alguien, siempre se empieza a hablar. Eso nos pasa a las personas normales. Uno está en una conferencia y dice ‘voy a decir esto o lo otro’. En el caso del Joaco, pone callada la cabeza y simplemente se deja llevar por la situación que está viviendo. Y ese silencio, que está especificado en algunas zonas del cerebro, asociado a las ondas cerebrales, es oro. Porque él pone la cabeza callada cuando está en el último putt del torneo que le va a cambiar la vida económica a sus nietos”, destaca.

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