El revuelto clima en la Cámara que tiene bajo amenaza a Mirosevic

Vlado Mirosevic tras ser elegido presidente de la Cámara de Diputadas y Diputados.

La posible censura en contra del presidente de la Cámara inquieta a La Moneda, que necesita que las aguas se aquieten para sus reformas. En el Ejecutivo y en las autoridades del Congreso existe consenso de que la solución pasa por un nuevo pacto administrativo que incluya a la derecha.


A pesar de que no han pasado ni dos semanas desde su elección, el presidente de la Cámara, Vlado Mirosevic (liberal), ya acumula más amenazas de destitución que días en el cargo.

El mismo Mirosevic contabilizó al menos cinco advertencias esta semana. Sin embargo, los recados comenzaron al día siguiente de asumir y se recrudecieron, el pasado miércoles, con motivo de una propuesta de RN para elevar a $ 250 mil la Pensión Garantizada Universal.

“Hemos presentado una indicación, buscando una inspiración en el Presidente Boric”, dijo el RN Frank Sauerbaum, aludiendo irónicamente al Mandatario, que cuando era diputado también promovió alzas de este tipo.

No obstante, Mirosevic hizo sonar la campanilla y lo interrumpió. “Señor diputado, perdón, me parece que hemos sido lo suficientemente flexibles..., le pido que se dedique al argumento jurídico”, le reprendió.

Aquella interrupción molestó a la oposición y el episodio escaló aún más cuando se procedió a votar la admisibilidad de aquella propuesta. Dos diputadas de derecha que se encontraban en el baño (la UDI Flor Weisse y la RN Carla Morales) no alcanzaron a votar. A pesar de que ambas corrieron hasta su pupitre, a juicio de ellas, Mirosevic apuró la votación, versión que fue negada por el presidente de la Cámara. Al final la propuesta de RN fue rechazada por un voto.

Según algunos legisladores de derecha en aquella jornada (que además se crispó por la arremetida de la oposición en contra de planes de DD.HH. y actos conmemorativos por el golpe militar), quedó sellada la decisión de presentar la censura en contra de la actual mesa. No obstante, no está resuelto el momento. Falta amarrar votos decisivos de la DC, del PDG y de independientes, como Pamela Jiles, y esperar el regreso de la diputada RN Camila Flores, quien estuvo hospitalizada.

Antes de dar el golpe, en la derecha prefieren tener certeza de sus fuerzas. Mirosevic fue elegido con 77 votos de 155 diputados y la meta es alinear a los 78 legisladores restantes.

“Si estuviera Nelson Mandela en la presidencia de la Cámara estaría teniendo exactamente los mismos problemas que estoy teniendo yo”, dijo Mirosevic ante la posible arremetida en su contra.

El martes 22, sin embargo, la derecha realizará una primera medición de fuerzas para ver si hay piso. Ese día se votará la censura en contra del diputado Daniel Manouchehri (PS), con el fin de destituirlo de la presidencia de la Comisión de Economía.

Si logran desbancar al socialista, la oposición podría poner en marcha su plan para tomar el control de la Cámara y una decena de comisiones.

Alerta en La Moneda

El clima confrontacional inquieta a La Moneda, que después de la discusión presupuestaria necesita que las aguas se aquieten para lograr acuerdos en seguridad y para las reformas tributaria y de pensiones.

El problema es que el Partido Republicano y el PC no están colaborando. Los incidentes del lunes, que obligaron a suspender la sesión, alertan el riesgo de que las posturas en temáticas de DD.HH. se sigan polarizando a medida que se acerque el aniversario por los 50 años del golpe militar.

No obstante, en el Ejecutivo y en las autoridades del Congreso existe consenso que el problema tiene su origen en el pacto administrativo. Ese acuerdo -suscrito en marzo por la mayoría de las bancadas- establecía una rotación en la presidencia de la Cámara y una distribución de cupos en comisiones, instancias cruciales para definir qué leyes se discuten.

El problema es que ese pacto excluyó a Chile Vamos, la coalición más grande de la Cámara. Y, al verse marginados, los diputados de la UDI, RN y Evópoli asumieron una actitud de revancha. Por su parte, el oficialismo quedó a merced del vaivén de grupos minoritarios como el PDG, la DC y algunos independientes.

El Senado, sin embargo, adoptó un camino completamente distinto. Las principales coaliciones (Chile Vamos y Socialismo Democrático) fijaron un marco de gobernabilidad y acordaron repartirse las cuotas de poder.

Una muestra de cómo ha influido ese tema fue la discusión de la reforma para que las FF.AA. resguarden infraestructura crítica. La propuesta del gobierno fue apoyada desde la UDI al PC en el Senado, sin embargo, en la Cámara, la iniciativa fue rechazada por la derecha y desmarques del Frente Amplio y los comunistas.

El debate presupuestario solo confirmó los ánimos caldeados. A pesar de que había un protocolo de acuerdo sellado entre oposición y gobierno, diputados de derecha, en alianza con el PDG y la DC, rechazaron la partida del Ministerio del Interior. Además, se presentaron indicaciones para derribar el financiamiento de programas de DD.HH. y otras para aumentar el gasto fiscal.

Inmediatamente los senadores de derecha tomaron distancia de sus diputados. El senador UDI Juan Antonio Coloma, quien preside la Comisión de Presupuesto, era uno de los más molestos. Tras el rechazo de la partida de Interior, el gremialista, a quien le corresponde asumir la presidencia del Senado en 2023, llamó al orden a sus diputados.

Sus gestiones dieron algunos frutos, pues ciertos legisladores opositores optaron por rechazar o marginarse de votaciones polémicas. De hecho, el hijo del senador, el diputado Juan Antonio Coloma Álamos (UDI), votó en contra del alza de la PGU.

Aún así, gastos variables de personal del Ministerio Secretaría General de Gobierno, del Servicio de Patrimonio y del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) fueron rechazados.

Si bien es probable que en el Senado el gobierno logre reponer algunos puntos rechazados del Presupuesto, el mal clima en la Cámara requerirá de una conversación mayor.

Una idea, apoyada por las autoridades del Congreso y que está sondeando la ministra Ana Lya Uriarte (Segpres), es rehacer el pacto administrativo de la Cámara para tener un marco de entendimiento.

La solución no es fácil, pues requiere que el oficialismo ceda espacios de poder en la Cámara (que ya están asignados hasta 2026) y, por otro lado, la oposición debe estar dispuesta a levantar el veto contra el PC.

La irritación de la bancada comunista -que tuvo que bajar a la diputada Karol Cariola, a quien le correspondía ahora presidir la corporación- es un tema que sigue latente.

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