Por Roberto MunitaCuenta Pública: En busca del sentido común
"En la primera Cuenta Pública del presidente José Antonio Kast no hubo mucho de resumen de lo obrado. Y tampoco era exigible. Mal que mal, lleva menos de tres meses en La Moneda. Con todo, el Mandatario buscó instalar la idea de que 'cambió la mano'", dice Roberto Munita Morgan, director de Administración Pública de la Universidad Andrés Bello.

Las Cuentas Públicas son discursos con trampa. En teoría, deberían ser un resumen de lo realizado en el último tiempo, pero en la práctica se utilizan principalmente para dos cosas: para conectar emocionalmente con la ciudadanía a través de figuras literarias y prosa, y para hacer anuncios y propuestas. Por eso, aunque suene paradójico, en una Cuenta Pública se le suele dedicar mucho más tiempo al futuro que al pasado.
En la primera Cuenta Pública del presidente José Antonio Kast no hubo mucho de resumen de lo obrado. Y tampoco era exigible. Mal que mal, lleva menos de tres meses en La Moneda. Con todo, el Mandatario buscó instalar la idea de que “cambió la mano” y que ese cambio comenzará a notarse en el corto plazo.
En cuanto a la narrativa, hubo llamados a la unidad nacional y referencias a la necesidad de construir puentes. Sin embargo, el recurso pudo haber sido utilizado con mayor intensidad, considerando que uno de los proyectos emblemáticos del Gobierno, la llamada Ley de Reconstrucción, gira precisamente en torno a ello.
No obstante, sí hubo un relato consistente en torno al concepto de “emergencia”. Una y otra vez, habló de emergencia económica, social y de seguridad. Se entiende la insistencia, porque ese diagnóstico es el motor de su programa. Sin embargo, es un recurso que comienza a mostrar señales de desgaste. Funciona bien como carta de presentación, pero le será difícil sostenerlo durante cuatro años.
Por el contrario, los anuncios fueron el plato fuerte del discurso. Hubo medidas relevantes en distintas áreas, como la selección por mérito en educación, en abierta contraposición a la lógica de la tómbola; reformas al Estado, incluyendo la prometida fusión de ministerios, y una agenda social que busca combinar gradualidad con resultados visibles.
Pero el corazón del discurso estuvo en seguridad. La intervención de 50 barrios, las fuerzas de tarea lideradas por un empoderado ministro Martín Arrau y la iniciativa contra vándalos e incivilidades serán probablemente los anuncios más recordados y mejor recibidos por los vecinos. Son anuncios que hablan del sentido común y se alejan de una agenda de derechas; son iniciativas que permiten volver a hablar de puentes.
Con ello, Kast parece querer dejar claro que busca construir un relato basado en el sentido común y los cambios graduales. Interesante para una primera intervención, pero con el desafío de llegar al 1 de junio de 2027 con mucho bajo el brazo.
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