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Chile lidera ranking ambiental de Latinoamérica: tiene la mejor agua potable, pero está al debe en manejo agrícola

El país ocupa el puesto 41 entre 177 naciones y encabeza por primera vez la clasificación regional del Environmental Performance Index (EPI) 2026, elaborado por la Universidad de Yale. El resultado está impulsado por sus indicadores de agua potable, saneamiento y tratamiento de aguas servidas, pero contrasta con bajos desempeños en protección de especies, agricultura y contaminación atmosférica.

El primer lugar de Chile en América Latina se debe principalmente a su infraestructura sanitaria

Chile encabeza América Latina y el Caribe en desempeño ambiental. Pero el primer lugar regional está lejos de ser una fotografía uniforme, ya que si bien el país destaca por sus niveles de agua potable, saneamiento y tratamiento de aguas servidas, al mismo tiempo se ubica entre los últimos del mundo en algunos indicadores de agricultura, protección de especies y contaminación.

Ese contraste es el principal resultado que deja la edición 2026 del Environmental Performance Index (EPI), elaborado por el Centro de Política y Ley Ambiental de la Universidad de Yale. Chile obtuvo 50,95 puntos sobre 100 y se ubicó en el puesto 41 entre 177 países, por sobre el promedio latinoamericano de 42,07 puntos. En diez años, el país mejoró 8,72 puntos.

La posición regional, sin embargo, tiene un componente decisivo. “El primer lugar de Chile en América Latina se debe a su infraestructura sanitaria, pero no a la salud integral de sus ecosistemas, explica Klaus Gayer, académico del Magíster en Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Universidad Mayor.

El país logró 61,59 puntos en Salud Ambiental, dimensión en la que ocupa el puesto 41 mundial. En agua potable y saneamiento alcanzó 73,84 puntos y lidera América Latina. En agua potable segura obtuvo 74,05 puntos, también el primer lugar regional; en saneamiento llegó a 73,52 y se ubicó en el tercer puesto. El tratamiento de aguas residuales alcanzó 87,89 puntos.

Dichas cifras reflejan en gran parte una política desplegada durante décadas. De acuerdo con Andess, asociación que agrupa a las empresas sanitarias, desde el 2000 las compañías de este rubro han destinado más de US$ 10.696 millones a infraestructura hídrica, nuevas fuentes de abastecimiento, seguridad hídrica y tecnologías de saneamiento.

Para su presidenta ejecutiva, Lorena Schmitt, el resultado da cuenta de “un esfuerzo país” y de la colaboración público-privada que permitió desarrollar “un pilar esencial para proteger la salud de las personas y los ecosistemas acuáticos”. Pero cuando la medición se alejó de las cañerías y plantas de tratamiento, el desempeño comenzó a deteriorarse.

Agua Potable.

En agricultura, Chile aparece en el puesto 149 de 177 países, con 36 puntos, muy por debajo del promedio regional de 49,51. En excedente de fósforo ocupa el lugar 150 y en riesgo de contaminación por pesticidas, el 144.

La misma distancia aparece en biodiversidad. Aunque Chile ocupa el puesto 54 en vitalidad de los ecosistemas, cae al 92 en biodiversidad y hábitat. En protección de especies se ubica en el puesto 135 y en el indicador asociado al riesgo de extinción (Red List Index) aparece en el puesto 145, con apenas 25,19 puntos. “Eso tiene que ver precisamente con la falta de prioridad que se le ha dado, y con el desprecio que se tiene por el tema, cuestión que es posible de observar en diversos discursos en el último tiempo”, comenta el director ejecutivo de la ONG Fima, Ezio Costa.

Para Gayer, la explicación está en la trayectoria que siguieron las distintas políticas ambientales. “El alto nivel en agua y saneamiento responde a una política de Estado de largo plazo que aseguró la inversión en infraestructura actual que nos permite esos altos estándares”, señala.

La situación es distinta en sectores productivos. “La economía chilena depende de industrias extractivas y agricultura de exportación. La matriz agrícola chilena es altamente intensiva en uso de suelo, fertilizantes y plaguicidas, lo que choca directamente con la conservación de la biodiversidad”, afirma.

El académico apunta además a una debilidad histórica de la institucionalidad ambiental para fiscalizar. Su principal forma de enfrentar esta situación “debe ser la consolidación y financiamiento del recién creado Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP)”.

El contraste también aparece en la calidad del aire. Chile ocupa el puesto 64 mundial, con 47,9 puntos, por sobre el promedio regional. Pero en exposición al material particulado PM2,5 queda en el lugar 74, con 36,07 puntos. En dióxido de azufre el panorama es especialmente desfavorable, quedando en el puesto 170 entre 177 países y solo 1,08 puntos. En monóxido de carbono ocupa el 163 y en dióxido de nitrógeno el lugar 152.

“Tener cañerías limpias y aguas tratadas no significa que el medioambiente esté sano”, advierte Gayer. A su juicio, para tener una fotografía más completa habría que observar, entre otros factores, la distribución territorial de las áreas protegidas, la exposición a PM2,5 por ciudad, el estrés hídrico de las cuencas y la intensidad del uso de plaguicidas.

En este último punto, plantea una de las paradojas del resultado chileno, el cual muestra que mientras existen altos niveles de protección en algunos ecosistemas, las zonas donde se concentra la población y la actividad agrícola presentan una protección mucho menor.

El mar ofrece, nuevamente, una imagen distinta. Chile se posicionó en el puesto 26 mundial en protección de hábitats marinos y obtuvo 91,25 puntos en efectividad de las áreas marinas protegidas. En pesca llegó al décimo lugar mundial, con 85,46 puntos.

Pesca. SEBASTIAN CISTERNAS/ ATON CHILE

También obtuvo buenos resultados en protección de praderas, donde ocupó el puesto 19 mundial y el primero regional, con 84,43 puntos. En resiliencia bioclimática de sus ecosistemas aparece décimo a nivel global, aunque registra una caída de 4,08 puntos en la última década.

En cambio climático, Chile está en el puesto 59, con 44,47 puntos. La tendencia de las emisiones de CO2 muestra una mejora de 21,56 puntos en diez años, mientras la evolución de las emisiones de óxido nitroso también es favorable.

El resultado general deja así una conclusión menos complaciente que la que podría sugerir el primer lugar regional. Chile ha construido durante décadas una infraestructura sanitaria que lo acerca a los estándares de países desarrollados y que explica buena parte de su posición en el ranking. Pero ese desempeño convive con problemas pendientes en biodiversidad, agricultura, calidad del aire y protección de especies.

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