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Fiebre por el álbum del Mundial: filas, láminas agotadas e interés transversal reflejan un fenómeno poco visto en Chile

A pesar de que la Selección Chilena no está entre sus páginas, aun así el boom del álbum se siente en cada kiosko, tienda y red social. El suceso atraviesa al mundo futbolero alcanzando diferentes edades y géneros, marcando una situación sociológica novedosa.

Imagen del álbum del Mundial 2026 con sus respectivo sobres.

María Delgado tiene un kiosko en Tobalaba con Apoquindo, en la comuna de Las Condes, hace 40 años, y admite que existe un interés particular por el álbum para este Mundial en particular. “Este año pensábamos que, como Chile no estaba, iba a bajar la venta. Pero comencé a venderlo y me han venido a preguntar muchísimo. Incluso tenía gente anotada”, dice.

“Hay algunas personas que me han comprado hasta $100.000 en láminas (el sobre cuesta $1.100 y vienen siete láminas). También están comprando muchas mujeres”, revela Delgado.

Lo expuesto por la kioskera da cuenta de un fenómeno pocas veces visto en Chile. Cuando queda menos de un mes para el torneo de fútbol se ha generado un efecto social en torno al álbum del Mundial 2026.

Y es que el objeto ha generado una especie de desesperación colectiva por conseguir el álbum y los sobres con láminas. Esto ha generado preventas agotadas, un formato que por primera vez se realizó en Chile, filas para conseguir el álbum, kioskos y tiendas sin stock, entre otros.

En esta ocasión el responsable del álbum es Panini, desde donde señalan que la recepción ha sido más que positiva. “Sabemos que el álbum del Mundial es un producto muy esperado cada cuatro años y que forma parte de una tradición profundamente arraigada entre los fanáticos”.

Fila para conseguir el álbum.

Por primera vez el fenómeno atraviesa al mundo futbolero -hinchas- y se convierte en un fenómeno social, con personas de todas las edades y géneros buscando conseguirlo. A los niños, que siempre fueron el público objetivo de los álbumes de fútbol, se han sumado adultos, quienes intentan recordar viejos tiempos, coleccionando el álbum por cuenta propia, compartiendo recuerdos con amigos, o bien, haciéndolo con sus hijos.

En los colegios el fenómeno evoca a los años 90. A pesar del auge de la tecnología, esta práctica sigue vigente. Los niños todavía coleccionan álbumes e incluso en las oficinas es posible ver personas pegando láminas en sus horas de descanso. Incluso aquellos que no gustan del fútbol. La idea es subirle al fenómeno del momento.

Catalina es una de ella. Señala que “decí comprar el álbum porque pese a que no soy una seguidora del mundo Fifa, ni del fútbol en general, el mundial me parece una instancia entretenida en que familias, amigos y colegas en el trabajo comparten. Y aunque Chile no participe en esta ocasión, igual el ambiente mundialero se toma los espacios y, hasta cierto punto, es divertido. Además, decidí coleccionar este álbum con una amiga que suele hacer esto y ha sido emocionante ir descubriendo las laminitas que nos van saliendo. En realidad es todo por buscar una entretenición, un juego”.

Sebastián Goldsack, decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de los Andes, señala que el Mundial dejó hace rato de ser solamente de fútbol, “y hoy funciona como uno de los pocos rituales colectivos globales que logran reunir emocionalmente a personas muy distintas entre sí“.

“Eso explica que haya dejado de ser un fenómeno predominantemente masculino para transformarse en algo transversal. En ese contexto, el álbum ya no es solo un producto para hinchas, sino una experiencia social, emocional y cultural. Por eso participan niñas, mujeres, familias completas e incluso personas que no necesariamente siguen el fútbol, pero que quieren ser parte de aquello que sienten que ´está pasando´”, añade Goldsack.

Personas intentando comprar sobres del álbum del Mundial.

Desde Panini, donde lanzaron el álbum el 7 de mayo, dicen al respecto que “el entusiasmo del público siempre supera nuestras expectativas. Desde hace meses venimos recibiendo consultas sobre el álbum, fechas de lanzamiento y detalles de la colección, lo que demuestra la enorme expectativa que genera. Y cuando finalmente las personas tienen el álbum en sus manos y abren su primer sobre, se produce un momento muy especial, cargado de emoción y nostalgia, que logra conectar a distintas generaciones”.

La preventa comenzó hace cinco semanas aproximadamente, con varias versiones disponibles, desde la edición tapa blanda más 50 sobres a $58.900, hasta la edición tapa dura a $69.900.

Pese a este ofrecimiento, también existe la opción, como en los viejos tiempos, de adquirirlo en los kioskos. El álbum tradicional de tapa blanda tiene un valor de $3.900.

La preventa generó más de una polémica, ya que el álbum demoró más tiempo de lo esperado en llegar a las casas de quienes habían adquirido por esta vía.

Historia

En Chile, el primer álbum que se coleccionó de manera masiva fue el del Mundial de 1962, el único que se ha efectuado en suelo nacional. Auspiciado por una marca de dulces, el concepto, si bien tiene muchas cosas similares a cómo es un álbum hoy, era bastante diferente.

En primer término, la calidad gráfica y de papel era otra. Las láminas no eran autoadhesivas, e incluso el público al que apuntaba era única y exclusivamente niños.

El fenómeno fue creciendo durante los años, marcando un precedente ineludible para el Mundial de Francia 1998. Chile jugaba una cita planetaria después de 16 años, lo que significó un boom total de ventas, tanto del ábum, así como de camisetas, televisores y por supuesto viajes.

El fenómeno reúne a diferentes generaciones, muchos quienes han coleccionado álbumes prácticamente durante toda su vida.

Desde Panini revelan que “este álbum marca un hito, ya que es el más grande en la historia de los mundiales. La colección incluye más de 900 stickers y, por primera vez, contempla a 48 selecciones, reflejando la nueva dimensión que tendrá la Copa del Mundo”.

Además, “para muchos fanáticos esta edición tendrá un valor especialmente histórico, ya que podría ser el último Mundial de grandes figuras como Cristiano Ronaldo y Lionel Messi, lo que le añade un componente emocional muy importante”, indican.

Mientras, Goldsack establece que el álbum activa elementos muy profundos como la nostalgia, la infancia, el intercambio social y el sentido de pertenencia. “Las personas no hacen filas únicamente por comprar láminas, sino por ser parte de un momento colectivo. Cuando aparece la escasez -como preventas agotadas o falta de stock- el fenómeno se intensifica, ya que se combina el deseo con la urgencia. Ahí entra una lógica muy propia de la época: si todos lo buscan, entonces debe tener valor”.

Del mismo modo, recalca que muchas personas coleccionan el álbum sin conocer a los jugadores o sin tener un interés profundo en el Mundial. “Sin embargo, esto responde a una tendencia natural del ser humano a integrarse a fenómenos compartidos. Participar también es una forma de construir identidad social. En ese sentido, el álbum funciona como un símbolo cultural, donde muchas veces es más importante no quedarse fuera de la conversación colectiva que el conocimiento mismo del fútbol”, indica.

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