Decisión histórica



No hubo sorpresas: lo anticipado por las encuestas se confirmó de manera rotunda, dejando a la opción Apruebo cerca del 80% y aproximando el Rechazo al piso de un 20%. A su vez, la Convención Constitucional sin parlamentarios integrantes por derecho propio fue aprobada por amplio margen. Resultados que vienen a confirmar al proceso constituyente como el principal catalizador de la crisis desatada en octubre pasado, el gran depositario de las esperanzas y expectativas de cambio de la inmensa mayoría de los chilenos.

En paralelo, el alto grado de participación observado ayer, entre otras cosas por el retorno de los jóvenes a las urnas, es una importante señal a favor de la vía electoral y el camino democrático, como fórmulas de resolución de controversias y participación política. De algún modo, la gente volvió a sentirse protagonista, actor decisivo de un momento que no sólo tiene relación con el futuro sino, también, con el pasado. Cualquiera sean sus razones, la mayoría de los chilenos ha visto en este proceso la manera de iniciar la reparación de muchas de las divisiones del pasado, esas que precisamente encarna la Constitución todavía vigente.

En lo inmediato, estos resultados son el puntapié inicial de un largo ciclo de elecciones, donde las fuerzas políticas y las candidaturas de todo orden intentarán canalizar la envergadura del mensaje emitido el día de ayer. La centroizquierda tiene a su favor el respaldo unitario a la opción triunfante, y la derecha, el costo de su desacuerdo y la dura derrota vivida por uno de sus sectores. Con todo, a su favor juega un resultado que sólo puede explicarse por un grado decisivo de transversalidad. También, el que muchos de sus rostros emblemáticos, desde el candidato presidencial de la UDI hasta buena parte del gabinete, fueron desde el inicio activos promotores de la alternativa que terminó por imponerse.

El gobierno tiene a partir de ahora un desafío enrome: mantener su gestión en el cauce de las emergencias sanitaria y económica, e insistir en que la vía institucional es lo que ha permitido que el estallido social empiece a encontrar un rumbo donde los acuerdos son imprescindibles. No puede atribuirse un resultado que, en los hechos, no pertenece a ningún sector en particular y, en eso, la envergadura de las cifras ayuda.

En fin, el camino que se inicia es largo y el manejo de las expectativas por parte de los actores políticos será una de las claves de su desenlace. El país atraviesa un momento crítico y tal como ha ocurrido desde el estallido social, no es fácil leer en todos sus matices el mansaje que emana de la ciudadanía. Salvo, el principal: la inmensa mayoría de los chilenos ha reafirmado que sus esperanzas y anhelos de cambio pasan, de forma decisiva, por una nueva Constitución.

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