Directorios Éticos

La ciudadanía está hoy más atenta al comportamiento de las empresas. Y la percepción general -justificada o no- no es buena. Urge reencauzar su propósito y recuperar su sentido ético, de cara a la sociedad, el Estado y los trabajadores.



La ciudadanía está hoy más atenta al comportamiento de las empresas. Y la percepción general -justificada o no- no es buena. Urge reencauzar su propósito y recuperar su sentido ético, de cara a la sociedad, el Estado y los trabajadores. De aquí la importancia de fomentar, de manera decidida, Programas de Ética y Cumplimiento. En Chile, pocas firmas cuentan con ellos. Muchas obtienen alguna “certificación”, pero es necesario un esfuerzo más serio y completo si lo que se desea es crear un cambio cultural y que el sistema sea vivo, que funcione.

Una de las falencias más comunes es la poca participación de los directores en el Programa. Ellos debieran involucrarse y no sólo enterarse de él. ¿Qué pueden hacer?

Primero, capacitarse al menos en lo básico: aprender cuáles son las mejores prácticas en el área, conocer los riesgos más comunes en su propia industria y saber qué esperan en esta materia algunas autoridades (FNE, UAF, CMF, etc.). Hay muchas opciones para esto. Pueden atender los mismos trainings que los empleados, lo que permite no sólo formarse, sino verificar si la capacitación es efectiva (¡si se duermen, no lo es!); estar al tanto de los problemas en otras firmas y ámbitos análogos, comparar experiencias, etc.

Enseguida, como ocurre con un Plan de Negocios, el Directorio debe supervisar de cerca que el diseño e implementación del Programa sea efectivo. Debe cerciorarse que cubra los riesgos relevantes; aprobar políticas y procedimientos clave; alinear incentivos; evaluar prácticas; recomendar investigaciones y mejoras; requerir reportes periódicos y sustantivos; y asegurarse que el Programa sea constantemente revisado y adaptado a las necesidades de la firma. También debe decidir quién será el Oficial de Cumplimiento (OdC) y mantener cierto control sobre su desempeño. Por cierto, no es necesario que el tema se trate en cada reunión (“más compliance no es mejor compliance”), pero sí con regularidad, dejando registro de ello.

Finalmente, los directores deben practicar el famoso “tone from the top”: tomar en consideración la opinión del OdC acerca de la firma y sus ejecutivos, y asegurarse que todos los gerentes apoyen el Programa visiblemente. Incluso más, el Directorio debiera acceder a expertise independiente, por ejemplo, reclutando a una persona especializada para integrar la mesa o al menos asesorarla; alguien que sepa lidiar con riesgos y, a la vez, ser un buen ejecutivo. Pequeños cambios de visión pueden marcar una gran diferencia.

-El autor es abogado y exministro del Tribunal de Defensa de la Libre Competencia (2014-2020).

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