Por Rolf LüdersEn la encrucijada

Las cifras sobre crecimiento económico y el mercado laboral chilenos dadas a conocer esta semana son el reflejo de políticas económicas erradas adoptadas en el pasado reciente por el país, en especial durante el gobierno de Gabriel Boric Font. En particular, el gran número de desocupados y el elevado desempleo son la consecuencia de ignorar el efecto negativo que tuvieron sobre el empleo medidas como el drástico aumento del salario mínimo y la reducción de las horas de trabajo. Este efecto fue advertido por prácticamente todos los economistas que participan en el debate público.
Es cierto que el mercado laboral no es el equivalente del mercado de bienes, porque en el primero se producen una serie de fricciones que no se dan en este último. Sin embargo, en ambos casos es cierto que, como norma y todo lo demás igual, los agentes aumentan la cantidad ofrecida de bienes (trabajo) cuando sube el precio (salario) y disminuyen la cantidad demandada de bienes y trabajo, cuando sube el precio (salario).
También es cierto que, si la economía crece, aumenta tanto la demanda por bienes como también aquella por trabajo. Por ello para muchos la mejor manera de aumentar el empleo es creciendo a una tasa mayor. Por suerte esta relación es ahora ampliamente aceptada por la población y el crecimiento ha pasado ser uno de los objetivos de política económica prioritarios del gobierno. El correspondiente proyecto emblemático es el de Reconstrucción Nacional y el Desarrollo Económico y Social.
En materia laboral, el gobierno convocó a la Mesa de Reactivación Laboral, de carácter técnico, liderada por David Bravo, que ya entregó su informe. Propone 22 medidas, todas acordadas transversalmente, destacando entre ellas la Sala Cuna Universal, el reemplazo de los meses por años de servicio por una indemnización a todo evento, el fortalecimiento de la capacitación laboral, una mayor adaptabilidad de las jornadas laborales, permitir la polifuncionalidad y también los trabajos por hora, etc.
No se equivoque nadie. La situación laboral chilena es compleja. El país tiene casi un millón de desocupados, la informalidad bordea el 27 por ciento, y la tasa de crecimiento económica es muy baja, sino negativa. Los costos laborales son -dado el nivel del capital humano chileno- muy altos y urge tomar medidas de fondo para reducirlos.
Una forma eficiente de salir de la encrucijada en que nos encontramos y al mismo tiempo escapar de la trampa de los países de ingresos medios, consiste en realizar reformas como las propuestas por la Mesa de Reactivación Laboral y la Ley de Reconstrucción Nacional, que reduzcan significativamente los costos laborales e incentiven la inversión, contribuyendo a reactivar sanamente la economía. La alternativa, populista, es pan para hoy y hambre para mañana.
Por Rolf Lüders, economista
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