Opinión

Viva Chile

Foto: ATON.

Las fiestas patrias siempre han sido una ocasión idónea para celebrar el patrimonio de nuestro país, en el más amplio sentido de la expresión. Pero desde lo ocurrido en torno al 18 de octubre de 2019, hace casi siete años atrás, la sensación de que resulta indispensable cuidar y revalorizar a Chile ha aumentado su vigencia e importancia.

Lo cierto es que damos muchas cosas por sentadas. Asumimos que la bandera y los demás símbolos patrios serán respetados por todos, cuando apenas ayer no eran pocos quienes los ultrajaban, ya sea literalmente u obnubilados por la quimera de la plurinacionalidad. También asumimos como algo obvio nuestra envidiada institucionalidad electoral; los duelos y funerales de Estado —donde tanto el expresidente Boric como el presidente Kast han estado a la altura—, y un largo etcétera.

No se trata de ser excesivamente complacientes. Es verdad que nos azota una grave emergencia laboral, apalancada en más de una década de estancamiento económico. No fue por azar que la seguridad terminó siendo el principal eje de la campaña presidencial de 2025, amén del cambio en el comportamiento de la criminalidad. En paralelo decae la calidad de la política —en todos los sectores— y nos afecta de un modo muy acentuado la crisis global de natalidad. Es indudable que en esos y otros ámbitos padecemos dificultades severas.

Constatar ese vaso medio vacío, sin embargo, no impide reconocer aquel largo listado de activos que posee nuestro país y que, pese a todos nuestros problemas, sigue haciendo de esta extensa y angosta faja de tierra un lugar excepcional en la región; un lugar que aún cuenta con recursos políticos y morales para enfrentar los desafíos de la hora presente.

Basta notar la resiliencia de la nueva democracia que trajo consigo el Chile de la transición. Es indudable que ella tiene defectos y que incluso ha estado bajo asedio, al punto que el expresidente Piñera experimentó el fundado temor de ser derrocado por la “vía de los hechos”, con la complicidad de muchos que hoy se avergüenzan pública o soterradamente de su conducta. Pero también es verdad que esa vergüenza (¿quién puede reivindicar con legítimo orgullo su comportamiento en esos lúgubres días de 2019?) confirma la fortaleza de nuestra república democrática; una que ya se quisieran en Cuba, Nicaragua y Venezuela.

Ni siquiera hay que pensar en el flagelo de esas dictaduras. Por mencionar sólo un ejemplo, creemos que es obvio que vencedores y vencidos en una elección presidencial se comportarán a la altura de las circunstancias, pero lo cierto es que los llamados y saludos protocolares a los que estamos acostumbrados son una afortunada excentricidad en la región. Esta dimensión no es trivial, pues el respeto a las reglas del juego, así como la unidad y el orgullo nacionales son un activo fundamental, tal como volvemos a percibir en cada Teletón y ante cada desastre natural.

Por todo ello, por la comida y alegría de estos días; y porque desde Visviri hasta la Patagonia Dios nos regaló un lugar maravilloso, una patria más grande que todos y cada uno de nosotros, hoy es un buen momento para celebrar y decir ¡Viva Chile!

Por Claudio Alvarado R., director ejecutivo del IES.

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