Por José Miguel WilsonCuentas públicas presidenciales: desde “la peor de todas” a la única con “luna de miel”
En 1999, con Augusto Pinochet detenido en Londres, ocurrió la sesión de Congreso Pleno más conflictiva desde el regreso de la democracia. En 2005, en cambio, fue la única que terminó con una ovación transversal.

Las sesiones del Congreso Pleno en las que participó el general Augusto Pinochet, en su calidad de comandante en jefe del Ejército, siempre tuvieron un factor de tensión e incomodidad.
Sin embargo, por lejos, la cuenta pública más tensa ocurrió paradojalmente cuando no estuvo.
En 1999, Pinochet ya llevaba unos meses detenido en Londres, producto del requerimiento del juez español Baltazar Garzón, y el entonces Presidente Eduardo Frei fue interrumpido al menos seis veces en la ceremonia.
Incluso, desde el inicio de su discurso, una manifestante desde las tribunas comenzó a gritar en favor del exjefe militar.
“Pucha, la vieja gritona”, se le salió a Frei.
El presidente del Senado, Andrés Zaldívar (DC), llamó al orden molesto. Sin embargo, la situación se descontroló.
“¡Es una falta de respeto a la democracia! ¡Para fuera!”, expresó Zaldívar.
“¡Pinochet, Pinochet!”, gritaban más manifestantes que desde las tribunas le lanzaban pantalones al Mandatario, como símbolo de firmeza, para que exigiera el retorno del general (R).
El senador designado Jorge Martínez, exjefe de la Armada, se paró de su asiento y dejó un cartel con el nombre de Pinochet. Luego se retiró por el medio del Salón de Honor.
“Fue la peor de todas. Desde las tribunas lanzaban pantalones y gritaban: ponte los pantalones”, recordó José Antonio Viera-Gallo (PS) exdiputado y exsenador.
La previa -minutos antes del ingreso de Frei- fue teloneada por algunos senadores y diputados de la UDI y RN que se pusieron de pie y leyeron una declaración en la cara de los embajadores de España y Reino Unido en rechazo a la detención de Pinochet.
“Se nos hace imposible asistir a este Congreso Pleno, estando ustedes presentes”, dijo el senador Carlos Bombal (UDI), encargado de leer la declaración.
Luego de ello, algunos legisladores de derecha desplegaron un lienzo: “No somos colonia. Devuelvan a Pinochet”.
Algunos parlamentarios oficialistas, entre ellos Sergio Velasco (DC), intentaron bajar el lienzo, pero en respuesta Patricio Melero (UDI) reaccionó con un empujón. El actual ministro Claudio Alvarado (UDI), entonces diputado por Chiloé, fue uno de los que se metió para recuperar el lienzo y separar para que el incidente no terminara a puñetazos.
No obstante, igualmente ese día hubo combos. En un altercado paralelo, el diputado Alejandro Navarro (PS) increpó a su par Iván Moreira (UDI) por llevar una foto de Pinochet en la solapa, ya que -a su juicio- emulaba la imagen que usaban familiares de detenidos desaparecidos. Ante los emplazamientos, intervino el diputado René Manuel García (RN), quien se trenzó a golpes y forcejeos con Navarro, por lo que ambos cayeron sobre una silla, que se rompió.
Tras la caótica jornada, La Tercera tituló como “El peor 21 de mayo de los últimos 40 años” y el propio Mandatario la calificó como un “un triste ejemplo”.
Esa fue la última cuenta pública de Frei, quien junto a Bachelet tienen el récord de los discursos más breves, en 1998 y 2006. Ambos con solo 75 minutos (una hora y 15 minutos).
Sus intervenciones se centraron en el crecimiento y la modernización del país para insertarlo en la economía global, además de las reformas educacionales y de justicia.
La luna de miel
Sin embargo, en 2005, hubo una ceremonia que tuvo un desenlace diametralmente opuesto.
Por lo general, tras el discurso presidencial, los bandos políticos se atrincheran en posiciones a favor o en contra, pero la última cuenta del Presidente Ricardo Lagos fue la excepción. Terminó con una ovación transversal y con el Mandatario al borde de las lágrimas.
Entonces el clima político pasaba por una muy inusual “luna de miel”, aun cuando se trataba de un año esencialmente electoral.
De hecho, los principales líderes de la oposición de la época además de aplaudir efusivamente a Lagos, cuya aprobación ciudadana estaba en su mejor momento, salieron a elogiarlo.
“El Presidente Lagos se puede ir con la frente en alto”, dijo a la salida de la ceremonia el entonces presidenciable de la UDI, Joaquín Lavín.
“Por fin Chile se ha encontrado consigo mismo”, declaró, por su parte, el abanderado de RN, Sebastián Piñera.
La razón de fondo de aquel peculiar momento es que Lagos, junto a su ministro del Interior, José Miguel Insulza (PS), habían logrado cerrar un acuerdo en el Senado, con el oficialismo y la oposición, para concretar las anheladas reformas constitucionales que iba a terminar con el tutelaje de las FF.AA.
Además de varios cambios políticos, el pacto, sellado en octubre de 2004, ponía fin a los senadores institucionales, entre ellos del Ejército, la Armada, la Fach y Carabineros; y los comandantes en jefe perdían su inamovilidad constitucional.
Además, Insulza había sido elegido recién secretario general de la OEA, gracias a una campaña internacional en la que participó también la derecha.
El país, además, aún estaba de luto por la tragedia de los conscriptos en el volcán Antuco, por lo que predominaba un ambiente de recogimiento.
Todos esos hitos -que se conjugaron para generar un clima emotivo y de unidad nacional-, fueron ejes de la alocución de Lagos, quien remarcó que en su gestión se esforzó en dar el “paso definitivo de una época a otra época”.
Para muchos, ese día fue el fin de la transición desde la dictadura.
“Las reformas que ponen a nuestra Constitución a la altura de las exigencias democráticas básicas ya fueron aprobadas por el Senado... Quiero aquí, agradecer a todos los miembros del Congreso Nacional por este paso histórico que estamos dando... Espero sea aprobada a la brevedad por la Cámara de Diputados... Nuestras Fuerzas Armadas han vuelto a ser las Fuerzas Armadas de todos los chilenos”, dijo el Jefe de Estado cuyas cuentas públicas tuvieron como ejes la equidad social, el crecimiento, la integración internacional y la modernización democrática.
El exsenador Hernán Larraín (UDI), quien fue presidente del Senado en 2004 y fue uno de los autores y articuladores de las reformas constitucionales, relató que “ese 21 de mayo de 2005 fue muy celebrado, estábamos en luna de miel”.
“Las cosas por su nombre”
Independiente del factor Pinochet que acompañó a la administración del Presidente Patricio Aylwin, para los exparlamentarios de la disuelta Concertación sus presentaciones tuvieron una importante carga emotiva, según comentó Viera-Gallo (PS), quien fue el primer presidente de la Cámara tras el retorno de la democracia.
Sus discursos, que en promedio fueron más extensos que los de sus predecesores (hasta Gabriel Boric), abordaron temas como la superación de la pobreza, la consolidación institucional de la democracia y el respeto a los derechos humanos.
“Nadie puede ofenderse porque se diga que en Chile hubo dictadura; es tan sólo llamar las cosas por su nombre”, dijo Aylwin en su primera alocución del 21 de mayo de 1990.
Su cuenta pública más larga fue la de 1993, con 190 minutos (tres horas y 10 minutos).
En aquellos años, los discursos eran leídos en papel.
La Esmeralda
Fue la Presidenta Michelle Bachelet la que hizo debutar en 2017 el teleprompter.
Sus concurrencias ante el Congreso Pleno estuvieron marcadas por las menciones a la protección social y a la reforma de pensiones (2006-2010) y luego, en su segundo mandato (2024-2018), las temáticas evolucionaron hacia las grandes transformaciones estructurales.
Aunque sus discursos en promedio no estuvieron entre los más extensos, tuvo algunos percances.
“Estoy preocupada de que no se me hunda la Esmeralda”, dijo el 21 de mayo de 2009, casi al final de su cuenta pública, provocando risas en la audiencia.
La inquietud de la exmandataria se debía a que el año anterior (2008) se había excedido en el tiempo y la Armada, por un estricto protocolo, a las 12.10, hora exacta del hundimiento de la emblemática corbeta, debió iniciar la ceremonia con los respectivos 21 cañonazos sin la jefa de Estado.
Ese factor y las protestas callejeras, que empañaban las celebraciones del Día de la Glorias Navales, fueron determinantes para que, en su segundo mandato, en 2017, se cambiara la fecha de la cuenta presidencial del 21 de mayo al 1 de junio.
Horario nocturno
Las intervenciones del Presidente Sebastián Piñera en sus dos gobiernos tuvieron como ejes la recuperación económica, el orden público, el desarrollo social y las reformas políticas.
“Vamos a hacer un gran esfuerzo para poder avanzar…y que avance también el teleprompter”, expresó el Presidente Piñera, en una de sus salidas de libreto el 1 de junio de 2018.
Piñera, además, hizo otras innovaciones. Por primera vez, en 2019, la cuenta se realizó en horario nocturno, apostando a una mayor audiencia.
En 2020 también se efectuó de noche, pero el discurso tuvo que ser aplazado de forma excepcional para el 31 de julio debido a la cuarentena sanitaria.
Si bien el país aún vivía un momento de tensión por el estallido social de octubre 2019, las restricciones de la pandemia ayudaron a que la sesión del 2020 -que además tuvo un aforo reducido- se desarrollara sin incidentes mayores en el Salón de Honor.
El más extenso
Al igual que Bachelet y Piñera, las salidas de libreto fueron comunes por parte del Presidente Gabriel Boric, quien tiene el récord del discurso más extenso, en 2023, con 216 minutos (tres horas y 36 minutos).
En 2024, sacó algunas risas, incluso de la derecha, cuando dijo: “a quienes estén calculando el tiempo, les prometo que va a ser más corto que el año pasado”.
Sus intervenciones evolucionaron desde una agenda de reformas estructurales a un enfoque centrado en la seguridad, manteniendo su apuesta por el fortalecimiento de los derechos sociales.
Entre 2023 y 2025, hizo varias autocríticas por la postura que asumió el gobierno en el primer fallido proceso constituyente y por haber tenido un diagnóstico errado respecto de las fuerzas que tenía para avanzar con su plan de reformas.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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