Por Francisco ArtazaEl largo camino que terminó por acuñar el relato del “gobierno de emergencia”
Desde fines del 2024, cuando el presidente del Partido Republicano, Arturo Squella, lanzó el concepto de "terapia de shock", que el equipo de José Antonio Kast buscaba dar con un concepto que englobara lo que pretendían hacer si llegaba a La Moneda, ordenara la campaña y les permitiera eludir los temas confrontacionales que impactaron en la elección de 2021. El concepto fue mutando con el tiempo, tras diversos testeos.

Fueron meses de prueba, de improvisados testeos con audiencias pequeñas hasta entrevistas en profundidad, realizadas por empresas de comunicación estratégica entre los llamados electores obligados, los que permitieron al equipo de José Antonio Kast ir moldeando el relato de campaña hasta sintetizarlo en el concepto de “gobierno de emergencia”.
Una frase que, como eslogan de campaña, fue clave en el éxito de la candidatura del líder republicano. Pero que, ya instalados en La Moneda -según diversos analistas- podría transformarse en el talón de Aquiles del nuevo gobierno, por el riesgo a sufrir un desgaste acelerado frente a un electorado que exigirá velocidad en el cumplimiento de las expectativas planteadas.
“Cuando un gobierno se define a sí mismo como de emergencia instala implícitamente una vara de desempeño muy alta y, por lo tanto, el riesgo de desgaste temprano aparece como un fantasma”, señala Marco Moreno, historiador y doctor en Ciencias Políticas y actual decano de la Facultad de Economía, Gobierno y Comunicaciones de la Universidad Central.
Moreno ahonda en esta idea: “Si los avances no son percibidos como suficientes, el costo político puede parecer antes de lo habitual en el ciclo gubernamental. Kast puso en la campaña la cuenta regresiva, decía ”les quedan 100 días", “les quedan 80 días”, y así iba descontando los días que faltaban para el 11 de marzo y los venezolanos que estaban irregulares en Chile se fueran del país. Ahora esa cuenta regresiva se transforma en una cuenta progresiva en la medida que la gente va a empezar a decir: “han pasado 10, 20, 30 días, 90 días y no vemos resultados”. Porque cuando se promete una respuesta de emergencia el electorado espera resultados rápidos y visibles”.
Un riesgo, señalan cercanos al Presidente Kast, que tenían claro al momento de elaborar el diagnóstico sobre la situación del país y el relato sobre cómo la nueva administración pretende reencauzar a Chile.
“No se trató aquí sólo de construir una frase campañera, que hiciera sentido al electorado, sino que José Antonio Kast está realmente convencido de que el concepto de ‘gobierno de emergencia’ representa bien lo que pretende hacer”, señala un exasesor del Presidente que participó en varias etapas de la creación de este relato. Por lo mismo, ve difícil que la nueva administración quiera desprenderse rápido de esta narrativa.
Fue a mediados de diciembre de 2024 cuando el presidente del Partido Republicano, Arturo Squella, intentó esbozar un concepto que sintetizara de algún modo lo que pretendían hacer si llegaban a ser gobierno.
“Nosotros vamos a proponer una ‘terapia de shock’ en materia de seguridad”, dijo Squella el 15 de diciembre de 2024 en el programa de TVN Estado Nacional. “Es muy probable que se genere un debate muy profundo en torno a las medidas que nosotros vamos a meter en la discusión”, añadió el timonel republicano en esa ocasión, la misma en la que adelantó que propondrían el uso de militares en el control de la seguridad pública y la construcción de una cárcel de alta seguridad que seguiría los estándares del controvertido Centro Penitenciario contra el Terrorismo (Cecot) creado por el presidente de El Salvador, Nayib Bukele.

El concepto sería replicado varias veces durante esa semana y las siguientes por miembros del equipo de Kast, incluso por el propio candidato en una entrevista que concedió a El Mercurio el 22 de diciembre de 2024, en la que sostenía que “Chile necesita una terapia de shock en seguridad y economía”.
Pero la frase nunca terminó por encantar.
“En el equipo teníamos claro para entonces el diagnóstico, teníamos en cierta forma ya armadas las bases de lo que sería el relato, ya estaba la idea de que íbamos a priorizar ciertos temas y que otros los íbamos a dejar de lado porque teníamos que afrontar una crisis de seguridad, de inmigración, una crisis en materia económica”, afirman miembros del equipo de Kast.
En el entorno del Mandatario miraban con mucha atención el estilo y el despliegue que había exhibido hasta entonces Javier Milei. Justo un año antes, el presidente argentino, en su meteórica carrera hacia la Casa Rosada, había llegado al poder prometiendo precisamente lo mismo: “No hay plata, no hay alternativa al ajuste, no hay alternativa al shock económico”, dijo el libertario trasandino al ganar la presidencia.
No se trataba de copiar la narrativa, indican miembros del equipo de Kast. “Sabíamos, por lo que había logrado Milei, que plantear las cosas así, de frente, ayudaba a obtener apoyo ciudadano, pero al mismo tiempo que eso te daba poco tiempo para lograr resultados”, admiten miembros del excomando presidencial del republicano.
La búsqueda de una frase que sintetizara el diagnóstico de que venía a hacerse cargo de una crisis se convertiría en un tema central del comando. Un relato que ordenara y jerarquizara los temas de campaña y, de paso, les permitiera eludir temas controvertidos, como los de la llamada agenda valórica, que en la presidencial anterior habían terminado por sepultar las aspiraciones de Kast, sin aparecer que estaban renunciando a sus principios ante los ojos de los sectores más duros de los republicanos y libertarios que exigían acentuar la batalla cultural contra el progresismo.
A mediados de 2025, el 25 de mayo, el propio Squella, a casi un mes de las primarias oficialistas y en medio del enredo que tenían las derechas por no haber alcanzado un acuerdo para elegir a un abanderado único del sector, le dio un giro al concepto. “Kast está aspirando a gobernar durante los próximos cuatro años un gobierno de excepción”, dijo.
Ante pequeñas audiencias, aprovechando su candidatura a senador, el timonel republicano mediría el impacto que provocaba la frase.
Nada había cambiado. El diagnóstico dentro del comando de Kast era el mismo: seguían planteando que el “país se caía a pedazos” -como señaló el entonces candidato republicano el 9 de diciembre de 2025- al enrostrarle a Gabriel Boric las cifras de déficit fiscal, las altas tasas de desempleo y los índices de criminalidad. Pero el nuevo eslogan les parecía más directo e intuitivo para el electorado, sobre todo los cerca de seis millones de ciudadanos que se había alejado de la política y que, ahora, con el voto obligatorio y la inscripción automática volvían a las urnas.
Un votante enojado y que, según varios estudios de opinión, es capaz de cambiar drásticamente el apoyo de un candidato a otro.
El uso del concepto de “gobierno de excepción” fue discutido por un pequeño grupo dentro del equipo de Kast, en el que, además del actual presidente, participaban Squella, el principal asesor estratégico de Kast, Cristián Valenzuela, y Carolina Araya, entonces jefa de gabinete y exasesora de prensa del abanderado republicano.

Por casi un mes, la campaña estuvo ordenada en función del eje del gobierno de excepción. Hasta Kast refrendó el concepto en una entrevista que concedió al diario conservador español Debate en Budapest, Hungría, tras asistir a un encuentro de los partidos de ultraderecha que forman parte de la Conferencia de Acción Conservadora.
“Nosotros vamos a realizar un gobierno de excepción porque tenemos que enfrentar el tema del crimen organizado, el narcotráfico y el terrorismo, porque tenemos que recuperar la inversión extranjera en nuestro país. Por lo tanto, seguridad y crecimiento nos van a tener muy ocupados en los primeros meses o los primeros años”, dijo Kast el 5 de junio pasado.
En paralelo, Squella mantenía sus improvisados focus goup con electores de Valparaíso para testear el concepto, el que seguía apareciendo confuso para amplios sectores de la población. Muchos lo confundían con los estados de excepción constitucional, mecanismos contemplados en la Carta Fundamental y que permiten limitar temporalmente las libertades y derechos ciudadanos ante situaciones de catástrofe, grave alteración del orden público o en caso de guerra.
Por lo mismo, desde el comando de Kast contactaron a Estela Lavín, una de las socias de Panel Ciudadano para que les hicieran algunos estudios de opinión, especialmente cualitativos, que permitieran conocer mejor a los llamados electores obligados, ese segmento de cinco a seis millones de electores que volvían a las urnas y que definirían la elección.
“Se hicieron entrevistas aisladas y en profundidad a ciertos panelistas que reunían características que queríamos investigar. Más que el concepto en sí, lo que se buscaba era delinear bien cuáles eran las aprensiones de este elector y qué gatillaba sus preferencias, aunque fueran obligadas”, señala Juan Pablo Lavín, fundador y gerente general de Panel Ciudadano.
Así, temas como la frustración y la necesidad de cambios drásticos o romper el “más de lo mismo” aparecieron entre las respuestas de estos electores obligados y sirvieron para fortalecer la construcción de una nueva narrativa para el mismo relato.
El 20 de junio, menos de un mes después de que lanzara la frase del gobierno de excepción, Squella planteó por primera vez el concepto de gobierno de emergencia.
Para entonces, Kast ya estaba arriba en las encuestas y había desbancado a la exalcaldesa de Providencia Evelyn Matthei, y al líder del Partido Nacional Libertario, Johannes Kaiser, como la principal carta del sector.
“Hemos hablado de que el próximo gobierno tiene que tratarse de un gobierno de emergencia. La prioridad va a estar principalmente dada en hacer un cambio en la manera en que se enfrenta la criminalidad en Chile”, dijo Squella en una entrevista en la que buscaba dejar en claro que no serían prioridades de un eventual gobierno republicano todo lo que estuviera fuera de la emergencia económica y de seguridad que, según su diagnóstico, enfrentaba el país.
En privado, el timonel republicano ha reconocido que la idea se le ocurrió de improviso y en medio de las críticas del oficialismo que acusaban que con Kast “vendría una deriva autoritaria”, porque lo que buscaba era imponer una especie de “estado de sitio” permanente.
“El concepto de gobierno de emergencia englobaba mucho mejor, representaba mucho mejor todo lo que queríamos. Le encantó a Kast porque era un concepto que sintetizaba en dos palabras todo lo que pretendíamos hacer”, afirma un exintegrante del comando.

Nueve días después de que Squella lanzara por primera vez el concepto de gobierno de emergencia, el propio Kast lo hizo suyo, convirtiéndolo en una de las ideas fuerza de su campaña. “(Si lo valórico) sale en algún debate diremos lo mismo: enfoquémonos en los problemas de los chilenos de hoy. Y los problemas están superclaros”, señaló Kast en una entrevista a El Mercurio. Dos veces, en esa misma ocasión, Kast se refirió a su administración como “gobierno de emergencia”.
El concepto llegó para quedarse. El 25 de septiembre, en su discurso en Clapes-UC, Kast profundizaría en ello: “Chile enfrenta una emergencia y esta requiere medidas drásticas, duras y nosotros vamos a implementar un gobierno de emergencia”.
“Surgió como una construcción narrativa. Llegaron a un concepto que terminó ordenando un diagnóstico político y que tenía la virtud de ser un concepto simple y bastante movilizador”, señala el analista político Marco Moreno.
Pero al igual que Moreno, para Juan Pablo Lavín este concepto que ayudó a Kast a ganar la elección podría terminar convirtiéndose en un boomerang para el gobierno entrante.
“Ningún estado de emergencia es infinito. Si no evoluciona, se vuelve monótono y pierde eficacia. Pero la emergencia también tiene fases: primero orden y control para detener el deterioro; luego reconstrucción para recuperar lo perdido; y finalmente progreso, donde aparecen crecimiento y modernización. El desafío de Kast no es abandonar el relato, sino administrarlo y hacerlo transitar”, dijo Juan Pablo Lavín en febrero pasado.
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