Impacto en el medioambiente y actividades ilícitas: los nuevos riesgos de la gran minería de bitcoins que amenazan al “oro digital”

Una de las mayores críticas hacia el bitcoin es su modelo de producción, que implica la utilización de grandes cantidades de energía y carece de una regulación clara por. Elon Musk dijo que solo volvería a transar en bitcoins si su minería se realiza bajo modelos energéticos limpios, y China impuso fuertes restricciones a su minería que desplomó el valor de la criptomoneda. Ambas decisiones en medio de un complejo panorama para el futuro del llamado "oro digital".




Las criptomonedas deben ser los activos más controversiales y disruptivos de los últimos tiempos. Y cómo no si el valor de algunas de ellas ha subido de manera exponencial desde su nacimiento, a espaldas de bancos centrales y marcos regulatorios.

Sin embargo, ahora se enfrentan a un problema un poco más complejo el cual está asociado fundamentalmente a la producción de estos token digitales, a la denominada minería de criptomonedas.

En efecto, la creación de estos activos digitales está en la mira de las autoridades por eventuales actividad ilícitas, pero, sobre todo, por el impacto que tiene en el medioambiente.

A mediados de mayo, Elon Musk, el empresario y multimillonario detrás de Tesla, publicó un tweet en el que aclaró que no aceptaría bitcoins como modelo de pago debido al daño generado por los combustibles fósiles usados en la minería de esta divisa. Sin embargo, días después y a través de la misma red social, escribió que la compañía se abriría de nuevo a la posibilidad de transar en bitcoins cuando su producción utilice energía limpia.

Más tarde el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, dijo que instruyó a la empresa estatal de ese país elaborar un plan que permita “instalaciones de minería con energía muy barata, 100% limpia, 100% renovable, 0 emisiones de nuestros volcanes”. Esto, después de convertirse en el primer país del mundo en adoptar el bitcoin como una moneda de curso legal.

La semana pasada, China endureció las restricciones a la minería de esta criptomoneda al considerarla dañina tanto para el bolsillo de los compradores, como para el medioambiente. Una acción que generó este lunes que el valor del Bitcoin cayera en más de un 10%, su mayor desplome diario en más de un mes.

Minería de Bitcoins ¿En qué consiste?

Detrás de la minería de las criptomonedas se encuentra el famoso blockchain que podría definirse como una red de almacenamiento cuya estructura matemática resguarda datos de manera segura y casi imposible de descifrar.

“Es como un libro público electrónico que está abierto a todos los usuarios que están dentro de esta cadena de datos, y que crea un registro inmutable de estas transacciones”, explica Rodrigo Castillo, Gerente General de BeFX.

La generación de bitcoins se produce a través de la confirmación o resolución de algoritmos albergados en esta red, lo que da pie a nuevas transacciones de criptomonedas que son colocadas en una cadena de bloques.

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Para crear estos problemas matemáticos se requieren computadores especiales, capaces de procesar una enorme cantidad de cálculos que son medidos en “Hash Rate”, la unidad de valor de la potencia de procesamiento de la red Bitcoin.

Un dispositivo con una capacidad de 10 TH/s es capaz de desarrollar 10 billones de cálculos por segundo.

Uno de los equipos más utilizados y asequibles en la minería de bitcoins es el Antminer S7, un procesador con una capacidad de 4,73Th/s y cuyo valor asciende a alrededor de los $350.000. Pero también existen dispositivos especializados en el procesamiento de más de 100 billones de cálculos por segundo, como el Antminer S19pro, cuyo costo puede alcanzar incluso los $10.800.000 en Amazon.

Para ponerlo en perspectiva, si una persona quisiera minar bitcoins a partir, por ejemplo, de un computador con un procesador Intel Core i7 3930k -utilizados generalmente por los gamers-, necesitaría 210.000 de estos equipos para compensar la potencia de un procesador AntMiner S9.

Y ya sea por el alto costo, la complejidad y los incentivos que implica el proceso, es que generalmente la minería del bitcoin se lleva a cabo de forma grupal o “pools”. Esto, debido a que solo el primero en resolver el algoritmo gana bitcoins a modo de recompensa, por lo que resulta conveniente generar alianzas y repartir los beneficios o criptomonedas que posteriormente pueden ser almacenadas en la misma red o en un “monedero” similar a un pendrive.

Pero para llevar a cabo las operaciones, los equipos necesitan de un espacio físico que les permita, entre otras cosas, acceder a una red de energía y operar como un solo servidor, por lo que se concentran en las “granjas de minado”. Tal como explica Castillo, estos lugares consisten en “galpones que están llenos de computadores y procesadores”, ubicados en su mayoría en Asia y Estados Unidos.

Actualmente, China, líder en gasto energético en todo el mundo, concentra el 75% de la minería de bitcoins, lo que sumado a los avances tecnológicos en relación con la producción de criptomonedas y al avance del calentamiento global, podría resultar una verdadera amenaza para el medioambiente.

Así lo advirtió el texto “El libro de Satoshi” en 2018, que recoge escritos y opiniones del supuesto creador de la criptomoneda,Satoshi Nakamoto, antes de desaparecer de la esfera pública, y que señala que el proceso de minería actual es “altamente desafortunado y tiene la consecuencia perversa de que bitcoin puede estar ‘destruyendo riqueza’, en el sentido de desperdiciar energía produciendo un objeto digital que vale menos que los recursos invertidos en él”. Un escenario que con el paso de los años se ha vuelto cada vez más cercano.

La huella de carbono del Bitcoin

En abril de este año la revista científica Nature publicó un informe en el que advierte que la falta de políticas y normativa respecto a la “sostenibilidad de la operación de la cadena de bloques de Bitcoin en China”, podría derivar en un duro escenario mundial.

Según el documento, uno de los puntos claves radica en “el atractivo financiero de la minería de Bitcoin” que ha provocado “una carrera armamentista” respecto al hardware utilizado en las transacciones, que durante los últimos años ha experimentado numerosos avances en materia de procesamiento, rapidez y potencia. Esto implica un mayor gasto energético, y por ende un aumento en las emisiones de carbono.

Y es justamente este último punto que ha mantenido todas las miradas en China, pues además de acaparar más del 70% de la minería de bitcoins, es el país con el mayor índice de contaminación en todo el mundo. Y pese a que a inicios del 2021 el presidente del país asiático, Xi Jinping, anunció el compromiso del país asiático respecto a lograr cero emisiones netas en 2060, los números indican que el país asiático aún no materializa sus intenciones en pos de la energía limpia.

O así al menos lo demostró un informe de la ONG Global Energy Monitor, que indica que en 2020 China triplicó la construcción de instalaciones a base de energía de carbón comparado a otros países, es decir, el equivalente a más de una gran planta de carbón por semana. Esto implica 73 gigawatts (GW) utilizados en nuevos proyectos de energía de carbón, o sea, cinco veces más que en el resto del mundo. Y según cifras de la organización Proyecto Global de Carbono, en 2019 China emitió 10.175 millones de toneladas de CO2, es decir, el doble de Estados Unidos y casi 30 veces el índice de países como Inglaterra, Francia e Italia.

Y el panorama parece ir de mal en peor. El estudio realizado por Nature estima que en 2024 “el consumo anual de energía de la cadena de bloques de Bitcoin en China crecerá gradualmente y eventualmente alcanzará su punto máximo a 296,59 terawatts (Twh) por hora”. Y de esta manera, podría superar el nivel de consumo de energía de Italia y Arabia Saudita en 2016.

En el fondo y tal como indica Rodrigo Castillo, “el gasto energético del bitcoin a nivel mundial es más o menos comparado al consumo que Argentina gasta en un año. Y cada vez este algoritmo se pone más complejo, lo que hace que se necesiten más servidores y más RAM”.

Sin embargo, la situación actual de la producción de bitcoins podría cambiar dentro de los próximos años, pues los acuerdos y restricciones anunciadas por China en los últimos días irían en línea con un mayor resguardo del medioambiente y de los inversionistas, lo que implicaría experimentar nuevas formas de minería.

El bitcoin en medio de actividades ilícitas

Otro de los problemas que más aquejan a los países respecto a la adopción del bitcoin es su descentralización y falta de regulación que hace de este un activo fácil de usar en actividades ilícitas relacionadas con el lavado de dinero y el narcotráfico. Pues es posible realizar transacciones de un país a otro sin ninguna barrera que se interponga y de forma anónima, por lo que resulta difícil rastrear su origen. Un escenario que hoy mantiene a China en alerta y que ha provocado el cierre de granjas de minería de ese país.

Este lunes el banco central del gigante asiático anunció que tras haber sostenido reuniones con diversos bancos y entidades financieras, resolvió intensificar las medidas restrictivas en contra de la minería de las criptomonedas.

Los motivos detrás de esta decisión habrían sido los riesgos especulativos a los que están constantemente expuestos los criptoactivos, y la expansión de su uso irregular en actividades ilícitas que, según consigna Reuters, “pone en peligro la riqueza de las personas” de aquel país. Por lo que exigió a los asistentes a la reunión desembolsar una mayor cantidad de dinero en inversiones tecnológicas que les permitan “identificar mejor las transacciones relacionadas con las criptomonedas y conocer mejor a sus clientes”, según señala el comunicado del Banco Central de China.

Hace unas semanas un grupo de empresas dedicadas a la minería de esta criptomoneda anunció su salida del país, frente a lo cual Jiang Zhuoer, fundador del sitio web de noticias sobre bitcoins btc.top, dijo que “con el tiempo, China también perderá el poder de la criptocomputación frente a los mercados extranjeros”, según lo consignado por la agencia Reuters.

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