Werner Herzog y la increíble historia de un soldado sin guerra

El Crepúsculo del mundo, su primera novela, es lo que el destacado cineasta alemán viene a presentar al país en el marco del ciclo La ciudad y las palabras. En ella, relata la obsesiva historia de un soldado japonés que siguió luchando la Segunda Guerra Mundial cuando esta había acabado. ¿Cuáles son sus claves de lectura?, ¿hay un nexo entre su cine y su escritura? Junto a dos especialistas revisamos la otra faceta del trabajo creativo del germano.



Al estilo de las guerras clásicas, el final de la Segunda Guerra Mundial también tuvo un ceremonial. Los estadounidenses -con su vocación por lo espectacular- estaban acostumbrados a eso. Lo hicieron en el juzgado de Appomattox, Virignia, en 1865, cuando el confederado general Robert Lee se rindió ante Ulysses Grant, con desfile incluido, y se acabó la Guerra Civil. 80 años después, los de norte no serían menos.

La calurosa tarde del 2 de septiembre de 1945, el ministro de exteriores japonés, Mamoru Shigemitsu (vestido con un impecable frac) y el Jefe del Estado Mayor del Ejército nipón, general Yoshijirō Umezu, firmaron la rendición del Imperio del sol naciente ante los Estados Unidos, a bordo del barco de guerra USS Missouri. El conflicto que había sacudido al mundo por seis años finalmente había terminado tras el horror de las bombas nucleares en Hiroshima y Nagasaki.

Pero los ecos de la encopetada ceremonia no le llegaron al teniente Hiroo Onoda. Desde diciembre de 1944, el oficial de inteligencia había sido destinado a la selva de la pequeña isla filipina de Lubang. Su misión era la de sabotaje, pues debía destruir el aeropuerto y el muelle de la isla una vez que las tropas filipinas se retiraran. Ello le permitiría al ejército imperial japonés tomar la capital, Manila. Un lugar clave en la guerra que se sostenía en el Asia Pacífico.

El teniente japonés Hiroo Onoda.

Al mando de un pequeño pelotón de siete soldados, Onoda vio cómo dos de ellos arrancaron por sus vidas, aunque luego se le sumó otro más, que también huyó. Así pasó el tiempo, y sin que nadie le dijera nada se mantuvo en pie de guerra. Para 1972, se encontraba solo. Sí. Solo en medio de la jungla filipina, donde la supervivencia no era fácil: temperaturas sofocantes que rara vez bajan de los 24º, y una fuerte temporada lluviosa que puede alanzar los 354 milímetros de lluvia.

Solo en 1974, y tras la visita que le hiciera el comandante Taniguchi, quien le informó de la rendición de Japón, Onoda bajó los brazos. Era el 9 de marzo de aquel año. Por fin todos los combatientes japoneses decían adiós a las armas.

La historia llegó a los oídos del cineasta alemán Werner Herzog, quien dentro de su trayectoria ha filmado dos historias ambientadas en la selva: Aguirre, la ira de Dios (1972) y Fitzcarraldo (1982). A mediados de los 90, el oriundo de Múnich tuvo la notable ocasión de conocer al legendario teniente Onoda. “Fue una situación más bien embarazosa -dijo él mismo en charla con este medio, en 2022-. Era el año 1997, mientras yo dirigía la puesta en escena de una ópera en Tokio. Cuando se está en Japón, eres un huésped en ese país y nadie debería subestimar la importancia del emperador. Debes respetar su cultura japonesa y en mi caso no lo hice al declinar una invitación para reunirme con él. Después me sentí muy avergonzado por mi actitud, pero curiosamente, y al mismo tiempo, se me dio la posibilidad de conocer a Hiroo Onoda. Tuve la sensación de que había algo importante en él que yo quería descubrir profundamente. Deseaba estar en contacto con el hombre en persona”.

El teniente Onoda, el 10 de marzo de 1974, tras su rendición, en la isla filipina de Lubang. (AFP)

Luego, al conocerlo en directo, Herzog notó que había buena onda entre ambos. “Tuvimos una compenetración instantánea y entendió que yo no era un periodista con un catálogo de preguntas, sino un poeta”, recordó con el New York Times. De hecho, con un notable sentido del espectáculo, Onoda le sugirió qué es lo que debía hacer con su historia: “Si alguien alguna vez hace una película sobre mí, deberías ser tú, Herzog san”.

Y eso fue lo que pensó Herzog originalmente, aunque el viento hizo que la veleta de las ideas girara hacia otro lado. “En principio pensé en hacer un largometraje sobre él, pero rápidamente me di cuenta de que su historia tenía que ser un libro, debía ser escrita. Hay cuestiones que no se pueden traspasar bien a la pantalla: los sueños febriles en la selva, la forma en que el tiempo pasa, a veces de manera convulsa, o el mismo presente”, dijo a este medio.

Así nació una novela, El Crepúsculo del mundo, que en castellano es publicada por la española editorial Blackie Books. No es su primer libro, por cierto, pero sí su primera novela. Esta es justamente la que el cineasta viene a presentar a Chile en el ciclo La Ciudad y las palabras, que organiza la Universidad Católica, donde ya estuvo también en 2018.

El cineasta Werner Herzog.

Esa veta literaria es quizás una faceta menos conocida para el gran público. Pero no menos interesante, por ello, el crítico de cine de La Tercera, Rodrigo González, aquilata la dimensión de Herzog como escritor. “Werner Herzog es un fabulista, un contador de historias nato, pero al mismo tiempo tiene una veta lírica bastante propia. Si hubiera nacido en Estados Unidos probablemente habría hecho películas de aventuras de gran presupuesto, a lo James Cameron o Steven Spielberg, aunque con un sentido poético más en la línea de Terrence Malick. En fin, hubiera sido otro cineasta maldito más gringo”.

“Aunque no ha escrito muchos libros, se puede decir que ellos tienen en común el mismo sentido del ritmo y la aventura que está en sus películas. Pero aún más, son amenos. Eso puede ser una herejía para los devotos de su cine, pero creo que en El crepúsculo del mundo o en Conquista de lo inútil hay una economía verbal que no coincide con los regocijos contemplativos de sus películas, sobre todo en las primeras. Tiende a usar frases cortas, ligeramente poéticas, muy precisas y claras. Creo que narra muy bien y eso se demuestra en esta novela”.

En su presentación, Herzog conversará con Fernando Pérez Oyarzún, el director del Museo Nacional de Bellas Artes. Con la novela leída, Pérez comenta a Culto: “No constituye una sorpresa que Werner Herzog publique un nuevo libro, como ha ocurrido recientemente con El crepúsculo del mundo. Más allá de la escritura de sus guiones, se ha ganado un puesto en el mundo literario con títulos como Del caminar sobre el hielo o La conquista de lo inútil”.

Werner Herzog.

“En el Crepúsculo del mundo, Herzog escoge una temática muy suya: la historia de un soldado japonés que sigue combatiendo una guerra ya concluida, durante tres décadas. Se trata de un caso extremo que precisamente a través de tal condición, muestra rasgos peculiares de nuestra condición humana. En cierto sentido Hiroo Onoda nos recuerda al Segismundo de La vida es sueño, de Calderón de la Barca y su dificultad para distinguir la realidad de aquello que no lo es. De hecho, el libro hace referencias explícitas a esa tensión entre realidad y sueño”.

Pérez agrega: “Onoda no puede o no quiere evitar estructurar su vida a partir de la orden militar que ha recibido y se mantiene fiel a ella, obsesivamente, durante 30 años. A su manera, el representa un canto a la lealtad y a la persistencia, contra viento y marea, representada simbólicamente en la espada tradicional que conserva durante los 30 años de su batalla”.

Además, para el Premio Nacional de Arquitectura 2022, tras el Herzog escritor se percibe al Herzog cineasta y guionista. “Por el uso del estilo sintético, las oraciones breves, la estrategia de descripción de escenas, la capacidad para sintetizar 30 años en una serie de breves capítulos estructurados a partir de fechas y lugares. Herzog nos ha acostumbrado al descubrimiento de personajes o situaciones extremas y se ha negado a las distinciones demasiado tajantes entre ficción y no ficción. Para él lo esencial es contar una historia, hacerlo de buena manera, con los medios justos y dejarnos meditando a partir de ellas en lo que consiste nuestra condición humana. Ciertamente en este nuevo libro lo hace”.

¿Hay cierta relación entre los trabajos del cineasta y el escritor? Rodrigo González señala: “Parte importante de lo que ha escrito Herzog tiene que ver con sus filmes. Conquista de lo inútil se adentra en el rodaje de Fitzcarraldo y Del caminar sobre hielo nos cuenta la historia de un viaje hacia el lecho de enferma de la crítica de cine y escritora Lotte Eisner, una de sus maestras. Además, las memorias que acaba de publicar en Alemania se llaman Cada uno para sí y Dios contra todos, que era el título original de El enigma de Kaspar Hauser (1974), una de sus mejores películas. Es decir, me parece que para Herzog, la literatura es sólo la continuación de la lucha artística por otros medios”.

Wener Herzog se presentará el próximo sábado 21 de enero en el auditorio de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UC, a contar de las 12 del día. La entrada es liberada pero con cupos limitados previa inscripción al correo lvillarr@uc.cl.

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Fue encontrada tallada en la pared de un foso de 10 metros de ancho en la Ciudad Vieja de Jerusalén.