Por Cristóbal Bley“El dato de la realidad es complejo”: el decano que impulsa la vocación temprana de profesores
Rodrigo Fuentealba, decano de Educación de la U. Autónoma, asume que es un momento complejo para formar profesores. Pero el desafío lo enfrenta con innovación. “Nuestro proyecto formativo no se agota en los años de universidad”, dice.

“Se añaden más complicaciones a la juguera”, bromea Rodrigo Fuentealba, decano de la Facultad de Educación de la Universidad Autónoma de Chile, apenas comienza la entrevista. ¿Por qué? Solo unas horas antes de la conversación, la OCDE publicó los resultados de la prueba PISA 2025, que comparó los conocimientos de adolescentes de 15 años en 91 países. Chile bajó sus puntajes en las tres áreas —matemáticas, lectura y ciencias—, anotando en las dos primeras sus peores resultados históricos. “No parece haber un momento más desafiante que éste para liderar una facultad de educación”, dice. Pero asume el reto con optimismo.
¿Qué le parecieron los resultados PISA? ¿Era esperable esta baja de los puntajes?
Siempre hay una expectativa de mejora. Pero se hacía difícil vislumbrar por dónde podía venir. Los resultados no hacen más que decaer en matemáticas, lectura y un poco menos en ciencia, por lo que el análisis complejo es que esto no es de un ámbito o de un sector, sino que es la educación chilena completa la que está con problemas. Estamos en niveles francamente preocupantes.
Casi todos los países occidentales sufrieron retrocesos. Alemania, por ejemplo, registró sus peores resultados históricos. ¿Cómo se explica esta crisis transversal de la educación?
Pareciera que tratamos de resolver problemas nuevos con recetas antiguas, los métodos tradicionales de formación están en crisis, pues las formas en que los estudiantes aprenden hoy no son las mismas a las que los sistemas educativos estaban habituados.
En parte, se responsabiliza de esta crisis al uso intensivo de la tecnología, que parece estar mellando la capacidad de aprender. ¿Está de acuerdo o todavía es muy pronto para concluirlo?
Creo que la irrupción de las nuevas tecnologías pone en tensión a los métodos de enseñanza, pero creo que es muy apresurado señalar que eso es per se el problema. Lo que debiésemos preguntarnos es: ¿de qué manera las nuevas tecnologías facilitan y aceleran las oportunidades de aprendizaje sin caer en la delegación cognitiva? La discusión no está en si negamos su incorporación en el proceso educativo, sino en que los que tienen que trabajar con esas tecnologías, estudiantes y profesores, no necesariamente están en igualdad de condiciones. Desde el punto de vista formativo, las nuevas tecnologías no debiesen plantearse como un substituto del profesorado, sino que como una herramienta más. Ahí tenemos un tema pendiente respecto a cómo las facultades de educación las introducimos en las diversas instancias formativas.
¿Cómo ve usted a los estudiantes que ingresan hoy a pedagogía? ¿Cuál es su ánimo ante este escenario tan complejo y cambiante?
El dato de la realidad es complejo. Si yo miro el último año, se ha configurado una baja sostenida de matrículas, por lo que sería equivocado señalar que existe un alto interés por la pedagogía. Todo lo contrario: para los egresados de cuarto medio no está necesariamente dentro de sus primeras opciones. Y eso genera todo un problema respecto de cómo los invitas a que se encanten por formar a las futuras generaciones del país. Tenemos el desafío de despertar o reconocer vocaciones, pero también de enfrentar un escenario de condiciones adversas para el ejercicio profesional, por ejemplo en lo que respecta al contexto socioemocional de las aulas, la incorporación del uso de nuevas tecnologías en los procesos formativos y la sobrecarga administrativa. Por eso nuestro Sistema de Desarrollo Profesional Docente se ha planteado algunas alternativas. Por ejemplo, los programas de acceso de talento a las pedagogías, donde el foco central está en trabajar con jóvenes de cuarto medio que manifiestan interés por la profesión docente y que puedan ingresar de manera alternativa a nuestras carreras, preparando un ethos profesional orientado a una formación más integral e integrada.
¿Ahí también entran los programas de prosecución?
Así es. Estos consisten en incorporar profesionales de otras disciplinas que quieren estudiar pedagogía y desempeñarse en contextos escolares. Por ejemplo, tenemos un programa dirigido a personas que se desenvuelven en el ámbito técnico y que están interesadas en obtener su título profesional en educación parvularia. Prontamente estará el programa de pedagogía en educación diferencial, que apunta a psicopedagogos, psicólogos y técnicos en el área con interés en reconvertirse profesionalmente y ser educadores diferenciales. También tenemos un programa de prosecución para licenciados en arte que buscan transformarse en profesores. A través de las prosecuciones, estamos avanzando hacia la transformación de la cultura escolar actual, por medio del establecimiento de prácticas de colaboración entre la institución escolar y la Facultad así como de la generación de conocimiento situado a partir de la indagación de la propia práctica
Se sabe que los profesores recién egresados tienen problemas de inserción en escuelas y colegios, además de dificultades para mantenerse y no desertar. ¿Qué se puede hacer para evitarlo?
La baja retención del profesorado no está asociada con la existencia o no de espacios de trabajo, sino con un desencanto con la profesión. La institución escolar se ha convertido en un espacio altamente complejo para la mantención de profesores jóvenes, entre otras cosas porque no existen acompañamientos pertinentes que permitan las contenciones y proyecciones para un mejor desarrollo profesional. Por eso, desde el 2022 venimos trabajando en espacios de colaboración escuela-universidad para que nuestros egresados participen de comunidades de desarrollo profesional que faciliten la mantención y el crecimiento de los profesores que egresan de nuestra universidad. El foco está en la recuperación del sentido de propósito compartido. Ahí el trabajo conjunto entre escuela y universidad se hace cada vez más necesario y urgente. La comprensión del proyecto formativo no se agota en los años de universidad sino que implica comprenderlo como un trayecto fundado en la experiencia vivida que también pasa por el vínculo con el establecimiento educacional. Ese trabajo en terreno permite asignar más sentido, coherencia y consistencia al proceso formativo.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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