La noche en Santiago: ¿A comer y dormirse?

Locales nocturnos en Plaza Ñuñoa.

Nada ha sido igual tras la pandemia y los períodos de confinamiento. Tampoco la actividad nocturna capitalina. Aquí, dueños de restaurantes, dirigentes gremiales y clientes analizan la muy poco trasnochadora situación actual.




Tras prácticamente dos años de restricciones en el funcionamiento de bares, restaurantes, cabarets y discotecas, podríamos decir que las noches capitalinas actualmente viven un período de normalidad. Mal que mal, el toque de queda ya es solo un mal recuerdo y la totalidad de las comunas de la Región Metropolitana están en la etapa de Apertura Inicial del plan Paso a Paso, por lo que las restricciones al funcionamiento solo tienen que ver con el aforo. En palabras simples, por fin se puede salir a pasarlo bien sin preocuparse de nada más que el Pase de Movilidad y la mascarilla.

Sin embargo, si se recorre la ciudad por la noche y sobre todo a partir de la medianoche, el panorama dista bastante de lo que pasaba -digamos- hasta 2019. Porque no es que Santiago sea una ciudad que no duerme, al estilo Nueva York o Buenos Aires, pero podemos convenir en que a lo largo de las últimas dos décadas nuestra ciudad venía consolidando una escena nocturna a lo menos interesante y variada. ¿Qué pasa ahora? Muchos bares y restaurantes han ajustado sus horarios de cierre por las noches. Así las cosas, comer después de las 23.00 -algo que no sea un sándwich- es prácticamente imposible. ¿Tomar algo pasada la medianoche después de ir al cine, el teatro o algún espectáculo? Complicado. De hecho, el propio músico argentino Pedro Aznar tuvo dificultades hace un par de semanas cuando actuó en el Movistar Arena para luego, tras su presentación, comer en un restaurante santiaguino.

“La ciudad está convertida en un villorrio”, comenta amargamente el periodista deportivo Danilo Díaz, agregando que “me ha tocado salir después de las 11 de la noche del estadio y ya no se encuentra nada abierto. Hemos retrocedido en cuanto a los horarios nocturnos”.

Así están las cosas

Luego de una rápida ronda de llamados a diversos bares y restaurantes santiaguinos queda en evidencia que el cierre nocturno de estos negocios se ha adelantado un par de horas, en torno a lo que sucedía hasta 2019, antes del estallido social. “Antes cerrábamos a las dos de la mañana y ahora lo hacemos a la medianoche”, cuenta Edgar de Litrán, dueño del bar De La Ostia, en la hoy peatonal Orrego Luco de Providencia. Guillermo Bertiny, del restaurante Japón, explica que actualmente en su local de Nueva Costanera, en Vitacura, cierra la cocina a las 22.00 y el restaurante a las 23.00. “O sea, dos horas antes que en 2019″, señala Bertiny. “La verdad es que nunca hemos cerrado muy tarde nuestros locales. Hasta antes del estallido lo hacíamos a las once y media y ahora estamos cerrando un cuarto para las once de la noche”, cuenta Álvaro Barrientos, chef y propietario de la Fuente Chilena.

Bares y restaurantes en Bellavista.

“Cerramos nuestros locales alrededor de las once y media de la noche, lo que es aproximadamente dos horas menos que lo que teníamos antes de la pandemia”, explica Marcelo Cicali, del Bar Liguria. Y la lista es larga. En el restaurante Comedor Central, de Plaza de Armas, están bajando la cortina a eso de las ocho de la noche. “Antes lo hacíamos a las once”, se lamenta su chef y dueño, Cristián Correa. Y en el Divertimento, a los pies del cerro San Cristóbal, la cosa es más drástica: de lunes a miércoles la cocina cierra a las 18.30 y el restaurante, una hora después. De jueves a sábado, la cocina funciona hasta las 21.15 y el restaurante cierra a las 23.30. De comerse un ajíaco, unas machas a la parmesana o un bife a lo pobre a altas horas de la madrugada, mejor ni hablar. Menos con la mala suerte que tuvo la mítica Casa de Cena, cerrada y con su local en venta desde fines de 2019.

¿Por qué tan temprano?

Todo indica que no hay una sola causa para que la noche santiaguina esté funcionando, actualmente, con una suerte de freno de mano. “No es nuestro caso, pero la verdad es que hay una crisis de personal importante en bares y restaurantes, lo que les impide cumplir con los turnos que existían antes”, explica Max Raide, socio de negocios como Jardín Secreto y Casa Las Cujas, agregando que “los bonos que se han entregado han influido a la hora de contratar gente. Entonces no es que los restaurantes cierren temprano porque quieren, sino que porque no tienen personal y no les queda otra que sacrificar el último tramo de la noche”.

Por otra parte, para Guillermo Bertiny, “el gran problema es la locomoción de nuestros trabajadores, que más tarde simplemente no hay”. La misma razón da Álvaro Barrientos: “El único motivo por el que cerramos antes es porque el transporte público se torna muy escaso en la noche. Entonces, teniendo un horario acotado nos aseguramos que nuestros compañeros de trabajo alcancen a subirse al transporte público para llegar a sus casas”. Según Edgar de Litrán, el tema es más complejo. “Pasan varias cosas. Por un lado, la gente se ha ido acostumbrando, al menos en este barrio, a hacer todo más temprano, y yo, por lo mismo, me lleno también más temprano. Por otro lado, hay cierta sensación de inseguridad y a eso súmale que todo cierra antes. Entonces, a la medianoche acá parecen las dos de la mañana de antes. A ratos tengo la sensación de que esto ha llegado para quedarse y que así será en el futuro”. Según Marcelo Cicali, también influye en todo esto “que los locales ya están pagando los Fogape, por lo que deben ser más productivos y optimizar recursos, lo que se puede traducir en estar operativos en la medida en que los flujos justifiquen mantenerse atendiendo público hasta cierto horario”.

Restaurantes en Isidora Goyenechea.

Más miradas

Desde algunas asociaciones gremiales del sector también hay preocupación respecto de lo que está pasando en las noches santiaguinas. “La mayoría de los negocios está trabajando con menos personal que antes de la pandemia, por lo que cuesta mucho conseguir gente para el turno nocturno”, dice Máximo Picallo, presidente de Achiga, quien además sostiene que “me parece que el transporte público no está funcionando como antes, que más o menos hasta la medianoche cubría toda la ciudad. Entonces, nuestra gente no tiene cómo volver a sus casas si trabaja de noche. Pero, por otra parte, cuesta también conseguir gente, porque estamos compitiendo con trabajos algo informales que la gente está haciendo de noche, como son las aplicaciones delivery o de transporte de pasajeros”.

Fernando Bórquez, presidente de la Asociación Nacional de Empresarios Nocturnos, de Turismo y Espectáculos (Anetur), también hace patente su preocupación frente a todo esto que está pasando: “Con el correr de los meses hemos podido detectar una merma en cuanto a nuestros horarios de funcionamiento, flujo de personas saliendo de noche y el volumen de su consumo. Me parece que en la pospandemia tenemos un escenario complejo con la gente con poca plata en el bolsillo, con dificultad para moverse en horario nocturno en transporte público y, para peor, con una sensación de inseguridad que ha ido subiendo y que obviamente no invita a salir por las noches. “A pesar de las repetidas quejas en torno a la falta de locomoción por las noches, en el Ministerio de Transportes explican que “actualmente hay operativos 43 servicios nocturnos, de los cuales 25 operan las 24 horas y 18 lo hacen solo de madrugada, teniendo cobertura la totalidad de las comunas de la capital y cubriéndose alrededor de 1.144 kilómetros”. A modo de comparación, cuentan en el ministerio, en marzo de 2018 estaban en funcionamiento solo 37 servicios nocturnos. ¿Cómo se explican entonces las quejas? Difícil tener una respuesta, aunque está claro que a contar de las 22.00 o 23.00 puede que los servicios sigan operando, pero las frecuencias se hacen cada vez menores, lo que hace a muchos no considerar a los microbuses como opción válida de transporte durante la noche y madrugada.

Lo que podría venir

A pesar del panorama tan restringido en cuanto a horarios, pareciera que hay esperanzas en que la cosa mejore en un plazo razonable. “Nosotros siempre tratamos de ser positivos y venimos viendo con esperanza que todo mejore prácticamente desde el estallido social. Por lo mismo, esperamos que si la situación económica de las personas mejora, con un quinto retiro o con lo que sea, nuestro negocio tenderá a normalizarse y mejorar”, dice esperanzado Fernando Bórquez.

Restaurante en Plaza Egaña.

Según Marcelo Cicali, “poco a poco los negocios están comenzando a cerrar más tarde jueves y viernes”, lo que podría hacer pensar que se está avanzando en la dirección correcta. De hecho, para el empresario gastronómico Rodrigo Arellano, que está detrás de negocios como Tío Tomate, Bar Valdivia y Bar El Bajo, la cosa ya comienza a pintar bien. O, al menos, más normal. “Desde hace un par de semanas estamos con horarios como los de antes a contar de la noche del jueves, la verdad es que de a poquito se nos han ido normalizando los horarios de cierre”, cuenta Arellano, aunque hace una interesante precisión: “A nuestra gente en la noche la mandamos a casa en transporte privado. Es algo que implementamos en la pandemia y que ya lo metimos a los costos, porque nos dimos cuenta de que no podían tirarse dos horas o más en cada trayecto”. Según Edgar de Litrán, si el Metro funcionara hasta la medianoche en la semana y tal vez un poco más viernes y sábado, eso “ayudaría mucho a tener un mejor flujo de gente y darle vida a la calle hasta más tarde”.

De alguna manera da la impresión de que todo está contenido en la noche santiaguina por estos días. Los horarios de funcionamiento de los locales, las frecuencias del transporte público y hasta el entusiasmo de la gente por salir. En una de esas, solo falta empezar a soltarse de a poco y comenzar a tomar la tan añorada normalidad. En este caso, en lo que a salir de noche se trata. “Hay que decirle a la gente que salga, que vaya a los locales, porque es triste ver cómo están los locales y la noche acá en Santiago”, dice un siempre enfático Danilo Díaz.

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