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Andrés Barba, escritor español: “El asalto al Capitolio es la fecha inaugural del gran barro de la neopolítica”

El autor, que acaba de publicar el libro Auge y caída del Conejo Bam (Anagrama), plantea que "el gran problema de la pandemia es que el sistema no colapsó del todo" y generó una aceleración digital que ha provocado histeria y odio.

Mientras el otoño en Santiago se ve dorado y cálido desde la azotea de un hotel santiaguino, el escritor español Andrés Barba también mira desde lo alto los modos de vivir y convivir de esta era, conversando con La Tercera de su última novela Auge y caída del Conejo Bam (Anagrama), que lo trajo de visita a nuestro país. Definida como una fábula política, la novela relata la fascinación de un grupo de conejos por Bam, las teclas que toca para que lo sigan ciegamente. Y también, cómo ese vínculo con sus conejos se va deteriorando y desarmando hacia el final.

De inmediata asociación con Rebelión en la granja de George Orwell, Barba va desmontando lo que cohesiona a un grupo de animales, la creación del relato colectivo, y los personajes que acompañan al líder y sus pautas.

Barba ha sido reconocido como una de las firmas más importantes de su ge­neración: ganó el Premio Herralde de Novela, Prix Frontières y fue finalista del Premio Gregor von Rezzori, entre otros laureles. Es también autor de los ensayos La cere­monia del porno (coescrito con Javier Montes y Premio Anagrama de Ensayo). Barba ha sido profesor invitado en la Universidad de Princeton y ha disfrutado de becas y residencias de la Rockefeller Foundation, la Academia de España en Roma y la New York Public Library. Su obra se ha traducido a veintidós idiomas en algunas de las editoriales más prestigiosas del mundo.

El escritor español Andrés Barba. Foto: Eduardo Carrerra

“Viene un tiempo muy retador. Es un tiempo muy extraordinario, muy interpelador. Estamos en un momento de gran transición, de tránsito global, colectivo, en todos los niveles: institucional, sentimental, retórico, político”, dice.

Cuenta que el libro fue escrito, en cierto modo, durante la post pandemia. “Donde los polvos de la pandemia se empezaban a convertir en los lodos de la nueva política, que yo creo que tienen como fecha inaugural el asalto al Capitolio. Es la fecha inaugural del gran barro de la neopolítica, y coincide con la sensación de que las estrategias retóricas para pensar la realidad, para explicarla literariamente -que es una forma de pensamiento, no es una forma de entretenimiento, sino de pensamiento de la realidad-, ya no servían las fórmulas clásicas. Es un poco lo que le pasó a Orwell en su momento político, y por eso Orwell recurre a la fábula, y, en general, la animalística de repente tiene un efecto bastante clarificador”, asegura.

Interesante lo que dice del polvo post-pandémico. Se pensó, en un momento, que quizás podía provocar un reseteo del modo de vivir, de relacionarse con la naturaleza y el consumo. Nada de eso pasó. ¿Qué ocurrió?

Yo creo que el gran problema de la pandemia es que el sistema no colapsó del todo. Como que la pantalla se quedó congelada, pero no reinició el sistema. La pandemia facilitó para acelerar un proceso (de aceleración digital) que habría durado décadas, en realidad. Y luego generó una especie de gran nihilismo brutal con respecto a la democracia, el caldo perfecto para un nuevo totalitarismo. Y en términos generales, el nihilismo ya no es una opción sino una condición. O sea, todos somos nihilistas. Nuestro descrédito del sistema democrático ya es total. Y no hay forma de recuperar ese crédito (...). Eso ha generado dos grandes caminos. Por un lado, una gran corriente política que es entrópica hacia el abismo, un gran deseo de destrucción que genera líderes que son como ángeles de fuego, literalmente. Y que han sido puestos por los ciudadanos para que destruyan el sistema desde dentro, con un deseo de destrucción de las instituciones. Trump y Milei serían dos casos evidentes. Y (luego hay) un nihilismo positivo, que desconfiando de la democracia como sistema, trata de reiniciarla y de recuperar su germen que es la soberanía popular. Y otra cosa que caracteriza a este nuevo pretotalitarismo en el que estamos es precisamente su condición paródica. A diferencia del totalitarismo del siglo XX, que era un totalitarismo idealista, este es un totalitarismo paródico, donde los líderes son parodias de sí mismos, donde todos los discursos son paródicos.

En su libro queda claro que el miedo juega un papel central en la configuración del liderazgo del Conejo Bam.

Bueno, por eso también funciona bien el conejo como animal para exponer nuestra condición política contemporánea, porque el miedo es la pasión de los conejos. El miedo es nuestra gran gasolina política, porque genera dos movimientos contrapuestos: uno es como el inmovilismo absoluto y otro es la aceleración histérica. Entonces, el verdadero problema de nuestro tiempo es que no hay velocidad media, solo hay dos velocidades: una estática, narcisista, de las redes (sociales), este tipo de velocidad estática, ensoñada, y la otra velocidad histérica del miedo, del odio, de todas esas grandes energías de la neopolítica.

“Es necesario hacerles creer que se les va a hacer un gran daño y luego no hacérselos”, dice Copito, el personaje narrador. ¿Por qué?

Nuestra condición con respecto a la realidad es de disociación. Todos estos líderes ultraconservadores básicamente son de una sinceridad literal, hacen lo que dicen que van a hacer. Sabemos lo que vamos a ver, pero el hecho de que sepamos y que sabemos que lo que vamos a ver es atroz, pero el hecho de que lo sepamos genera una disociación en nosotros, es como si no pudiéramos conectarnos con la realidad atroz, como si la viéramos a través de un cristal. Y yo creo que esa es otra de las condiciones de nuestro tiempo, esa disociación con respecto a lo horrible, como si lo que nos está ocurriendo en realidad no estuviera ocurriéndonos. Y por eso estamos inmóviles, no reaccionamos.

Dice Copito, justamente, que la estupidez de los conejos es pensar que “no hay nunca nada en el medio”. ¿Qué pasa con ese medio que ha quedado vaciado, incluido en su sentido político?

El problema es que vivimos en una estructura de comunicación cada vez más simplificada e infantilizada, cuyas únicas reacciones posibles son el like, el pulgar para arriba o el pulgar para abajo. En ningún caso (tiene) lo que es el pensamiento crítico, que es el “sí, pero”. Había una escritora muy importante que decía: la literatura comienza en el pero. El “sí, pero” es el comienzo de la literatura. Sentí dolor, pero; estaba desolado, pero; me enamoré, pero. Ahí es donde comienza realmente la percepción de la realidad, el análisis crítico. Estamos en un mundo que inhabilita el “pero” en el discurso racional, en la dialéctica, en el debate político, en todo. Todo simplificado. Entonces no hay un espacio para que haya un debate político. Si no hay un foro para el debate, no es posible el debate. Entonces cada vez estamos inhabilitando más las estructuras que permiten eso.

Usted tradujo las memorias de Obama. ¿Cómo se explica que Trump haya sido lo que vino después de Obama, que no era un liderazgo ni divisivo ni tribalista? Entiendo que el mismo Obama se pregunta si fue muy lejos, o no lo suficiente…

Yo creo que pensarlo en términos personalistas es equivocarse. Creo que, en realidad, no es como algo que hizo mal alguien. Yo creo que en realidad tiene más que ver con otras cosas. La pregunta sería, ¿puedes no ser un adolescente en Instagram? ¿Puedes no comportarte como un adolescente? Yo creo que no. Porque estás dentro de una estructura donde tu comportamiento está regulado. Entonces, por mucho que uno intente imponer una forma de pensamiento dentro de esa estructura, es casi imposible. Porque la propia estructura te ha encajonado. Entonces, esa es la pregunta. Dada la forma en la que hemos decidido comunicarnos, dar las noticias, manifestar nuestros sentimientos, ¿es posible que haya otra cosa que no sea este totalitarismo? Si estamos pensando y dirimiendo el mundo en pulgarcito para arriba, pulgarcito para abajo, ¿es posible que haya otra cosa que no sea esta cosa bipolar?

El escritor español Andrés Barba. Foto: Eduardo Carrerra

Todo se agrava con la inteligencia artificial, ¿no?

Peor ahora con la inteligencia artificial. Entonces, no creo que sea tanto el error de nadie particular, de ningún político, nada que se hiciera estrictamente mal, sino el polvo de la pandemia y lo que generó: una aceleración digital, evidentemente. Y lo que modificó nuestra manera a todos los niveles de comunicarnos tectónicamente, políticamente, sentimentalmente. Y vivir digitalmente. Y la neurosis que ha implantado en nosotros, la histeria. ¿Es posible que haya otra cosa que no sea esto que tenemos? Yo creo que no; no usando este sistema. No tenemos que tratar de encontrar la solución en este foro, tenemos que abandonarlo. Déjame terminar esta idea: la retórica política es una retórica del anhelo, sólo funciona si hay delante de nosotros algo que podemos anhelar y a lo que podemos llegar juntos. Cuando el anhelo termina, en esta novela hay un momento donde Bam, que es el líder, consigue llevar a su comunidad a un lugar donde son felices, pero los conejos inventan la guerra contra unas criaturas que no les han hecho nada. Porque en el fondo la guerra es lo único que los puede cohesionar. La felicidad los ha separado, y lo único que les puede cohesionar es el odio. Cuando el proyecto común ha acabado, cuando ha acabado esa retórica del anhelo positivo, tiene que haber una retórica del anhelo negativo. Y el odio es el gran pegamento. El odio es un pegamento fortísimo. Entonces estamos atrapados aquí, en una especie de anhelo negativo.

Una pregunta que se repite durante el libro es qué es ser conejo, hasta qué punto se sigue siendo conejo. Entonces la pregunta es, ¿qué sigue siendo humano en el momento que acaba de describir?

Esa frase, por ejemplo, es de un discurso de Martin Luther King Jr, conejizada, usé muchas frases de líderes… Lo que te puedo decir es que lo estamos haciendo muy bien en términos de deshumanizarnos. Lo estamos haciendo con gran eficacia. Y a todos los niveles estamos perdiendo todas las herramientas para nuestra autonomía. La inteligencia artificial es el último lugar de pérdida de la autonomía absoluta. Porque cuando seamos dependientes (de ella) ya no vamos a saber ni ir a comprar el pan directamente. Por eso yo creo que hace falta una gran disidencia. Todo va a comenzar cuando haya una gran disidencia del sistema, que está comenzando tímidamente. Pero tiene que haber algo que la detone.

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