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Caída de Maduro: Lo que ganan y pierden China y Rusia

La captura del presidente venezolano puso de manifiesto la doctrina conocida como “Donroe”, que ha sido proclamada por el Presidente Trump y busca establecer la hegemonía estadounidense en todo el hemisferio occidental. Esto ha generado preocupación entre los expertos de que Beijing y Moscú también avancen en sus esferas de influencia regional.

Apenas Delcy Rodríguez juró como vicepresidenta de Venezuela, partió inmediatamente a saludar a los diplomáticos de China, Rusia e Irán, quienes ocupaban un lugar especial en el hemiciclo. La escena fue una clara muestra de las luchas del poder geopolítico concentradas ahora en Venezuela, que quedaron en evidencia después de la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos.

Para muchos observadores, la operación marcó el inicio de lo que el Presidente Donald Trump llama su “corolario de la Doctrina Monroe” (doctrina que recibe su nombre de la declaración del Presidente James Monroe en 1823 de que el hemisferio occidental es la esfera de influencia de Estados Unidos), y que otros lo han calificado como “Donroe”. Esta ha sido proclamada por el mandatario y busca establecer la hegemonía estadounidense en el hemisferio occidental.

De hecho, el mismo lunes el Departamento de Estado subió una foto en X en la que aparecía Trump junto al mensaje “este es nuestro hemisferio”. Fue en este contexto que surgió la pregunta de si este pensamiento -calificado por muchos como imperialista del siglo XIX- también significa un alejamiento del resto del mundo que alentaría a China y Rusia a ejercer un control similar sobre sus propias esferas regionales.

Desde la incursión en Venezuela, Trump ha insistido una vez más en que Groenlandia es vital para la seguridad nacional estadounidense. El territorio autónomo danés es una joya estratégica, porque se encuentra sobre las rutas marítimas del Atlántico. Y a medida que los casquetes polares se derriten, se está convirtiendo en un escenario de competencia entre superpotencias como Estados Unidos, Rusia y China. Esto, por supuesto, despertó hace rato las alertas en Europa.

“No es un dominio mundial lo que Trump intenta lograr, sino un dominio hemisférico”, dijo el legislador alemán Norbert Röttgen, citado por The Wall Street Journal. “Su visión del mundo parece basarse en categorías de esferas de influencia y en el dominio de quienes en otros hemisferios son los más poderosos, independientemente de reglas, leyes y alianzas”.

“Fue una operación de extracción dirigida con intención estratégica. La destitución de Nicolás Maduro marca una escalada decisiva en la Nueva Guerra Fría entre Estados Unidos y el Oso Dragón (alianza entre China y Rusia), el modus operandi chino-ruso de coordinación estratégica como la ambición hegemónica económica y tecnológica de China fusionada con la capacidad de disrupción militar-revisionista de Rusia”, escribió en un ensayo la analista austríaca Velina Tchakarova.

“Esta operación no fue improvisada. Refleja la puesta en práctica de la doctrina estratégica estadounidense en las condiciones de la Guerra Fría 2.0, donde las acciones de cumplimiento regional ya no se consideran ejercicios diplomáticos, sino necesidades de seguridad”, añadió.

Rusia y China, que han invertido decenas de miles de millones de dólares y un considerable capital diplomático en el régimen de Maduro, reaccionaron con moderación ante la operación estadounidense. Para muchos, esto se debería -en parte- a que esperan que Washington ahora sea más flexible con sus propias aspiraciones en Europa y Asia.

“Algunas personas argumentan que esto provocará que el tándem China-Rusia avance aún más, que sea más audaz, que Rusia no solo no detenga la guerra en Ucrania, sino que tal vez avance más. Pero quisiera recordarles que Rusia y China nunca han esperado ninguna excusa. Nunca esperaron a que Estados Unidos hiciera algo. Por supuesto que lo excusarían. Usarían cualquier excusa. Pero ellos persistirían con sus acciones autoritarias, independientemente de lo que hagamos o dejemos de hacer”, dice a La Tercera Joanna Siekiera, consultora de la OTAN y abogada internacional del Atlantic Council.

“Entonces, yo no diría que de repente China y Rusia serían más agresivas. Así que no creo que eso afecte mucho la dinámica. Porque Rusia y China no miran a Occidente para perseguir sus acciones, añadió.

Para Tchakarova, “la última Estrategia de Seguridad Nacional de EE.UU. define explícitamente el objetivo sobre cómo establecer el dominio del hemisferio occidental dentro de la Doctrina Monroe 2.0. La lógica estratégica es clara: impedir que los actores del Oso-Dragón se incrusten en el exterior cercano de Estados Unidos. En este marco, Maduro no fue tratado simplemente como un autócrata, sino como un cliente ruso-chino-iraní que presidía un Estado capturado”.

“Por eso, la afirmación de que la acción de Estados Unidos en Venezuela se debió al petróleo es fundamentalmente errónea. De hecho, Venezuela posee entre el 17% y el 18% de las reservas mundiales probadas de petróleo, pero apenas aporta entre el 1 % y el 1,5% de la producción mundial actual. Si bien el Presidente Trump ha indicado abiertamente que las empresas estadounidenses se beneficiarán comercialmente, esta es una alineación secundaria de intereses estatales y comerciales, no el factor principal. El objetivo principal es geopolítico. Se trata de asegurar el territorio estadounidense en condiciones propias de la Guerra Fría 2.0”, añadió.

A juicio de la escritora estadounidense Anne Applebaum, “la idea de que el mundo estuviera dividido por tres esferas de influencias -una Asia dominada por China, una Europa dominada por Rusia y un hemisferio occidental dominado por Estados Unidos- ha circulado por internet de forma inconexa, promovida principalmente por rusos que quieren controlar lo que llaman su ‘exterior cercano’, o quizás simplemente quieren que su país, con su débil economía y su Ejército vacilante, se mencione en la misma categoría que Estados Unidos y China”.

Qué ganan China y Rusia al apoyar al régimen de Nicolás Maduro en Venezuela.

“En 2019, Fiona Hill, funcionaria del Consejo de Seguridad Nacional durante la primera administración Trump, testificó ante un comité de la Cámara de Representantes que los rusos que impulsaban la creación de esferas de influencia habían ofrecido intercambiar de alguna manera a Venezuela, su aliado más cercano en Latinoamérica, por Ucrania. Desde entonces, la idea de que las relaciones internacionales deben promover el dominio de las grandes potencias, no valores universales ni redes de aliados, se ha extendido de Moscú a Washington”, escribió en su columna en The Atlantic.

El Kremlin y China

El miércoles, la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Mao Ning, calificó las acciones de Estados Unidos en Venezuela como una violación de las normas internacionales. “Venezuela es un Estado soberano y tiene plena soberanía permanente sobre todos sus recursos naturales y actividades económicas”, dijo.

La rapidez con la que las fuerzas estadounidenses actuaron posteriormente para capturar a Maduro envió un mensaje contundente a Beijing sobre los límites de su influencia en una región que Washington considera suya. “China ahora corre el riesgo de perder terreno en Venezuela tras el asalto del sábado en Caracas, a pesar de décadas de inversión y miles de millones de dólares en préstamos”, escribió The New York Times.

A juicio del periódico estadounidense, “el ataque también refuerza una lógica más amplia que en última instancia favorece la visión del Presidente Xi Jinping sobre China y su estatus en Asia: cuando los países poderosos imponen su voluntad cerca de casa, los demás tienden a dar un paso atrás”.

MIRAFLORES PALACE

“Beijing está cautivado por el interés de Trump en las esferas de influencia de las grandes potencias”, indicó a The Wall Street Journal Tong Zhao, investigador principal de Carnegie China. “Está interesado en explorar si Estados Unidos está dispuesto a hacer concesiones importantes en el Pacífico Occidental, incluyendo la cuestión de Taiwán y el Mar de China Meridional”, si China muestra mayor deferencia hacia Estados Unidos en el continente americano.

“China nunca se interesó en el ámbito político. Y debido a que impulsan sus reformas a través de la economía y la estrategia, como lo hacen en el Pacífico, pero también en África y Sudamérica. Lamentablemente estaban más interesados ​​en el petróleo, por supuesto, para usarlo como palanca. Así que gastaron más de 60 millones de dólares en acuerdos contractuales para asegurar el comercio con petróleo, pero también con energía. Para China, la pérdida del régimen de Maduro significa la falta de acceso a esta parte del mundo. Por lo tanto, buscarán soluciones a través de otros Estados. Lo más razonable sería Cuba”, indicó Siekiera.

Rusia, por su parte, también tuvo una respuesta moderada a la captura de Maduro, aun cuando fue uno de los grandes perdedores de esa operación, debido a que sus sistemas de defensa, que fueron entregados con bombos y platillos al gobierno venezolano, no funcionaron.

“El efecto principal es el debilitamiento significativo de la influencia rusa en América Latina y la pérdida de credibilidad como socio de seguridad. Durante décadas, Moscú intentó construir un eje de aliados en la región con Cuba, Venezuela y Nicaragua, como pilares políticos, militares y propagandísticos, y la incapacidad de defender de facto a Maduro. Uno de los aliados más importantes envía un mensaje muy claro a todo el continente que Rusia no puede proteger a sus socios cuando se enfrenta a una presión real”, comenta a La Tercera Ivan Fechko, analista ucraniano, experto en América Latina del think tank Prisma Ucraniano.

“Esto tiene varias consecuencias para otros gobiernos de la región, incluidos los más cercanos a Moscú. Queda claro que el paraguas ruso es, en buena medida, simbólico. Cuba también se ve ahora mucho más expuesta. Al perder Venezuela como plataforma energética informativa militar, Rusia pierde su principal punto de apoyo, desde el cual proyectaba poder sobre el resto de América Latina. Sin esa base, su presencia se vuelve más fragmentada, reactiva y dependiente de actores locales. En resumen, la operación acelera un proceso que ya venía en marcha desde la invasión a gran escala de Ucrania, la expulsión gradual de Rusia de los espacios clave en la región y la transformación del país de actor global a uno predominantemente regional”, concluye.

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