Cielos limpios y un efecto inesperado: El impacto de la masificación de los autos eléctricos en Beijing
A pesar de los recortes en los subsidios, los vehículos de nuevas energías representaron el 66,7% de las ventas de autos nuevos el mes pasado, según datos de la Asociación de Automóviles de Pasajeros de China.

En 2008, Beijing fue sede de los Juegos Olímpicos, dando a conocer al mundo la capital china. Pero algunas de las imágenes más memorables que llegaron a los medios occidentales fueron las de los cielos grises de la ciudad, especialmente en los días previos al evento.
China, otrora considerada la “cuna de la bicicleta”, experimentó una transformación radical, pasando de la propulsión a pedales a los motores de combustión, lo que generó una compleja red de desafíos para su economía, sociedad y medio ambiente. Beijing se convirtió en una ciudad envuelta en esmog y con graves problemas de contaminación atmosférica.
El rápido crecimiento económico, el aumento de la población y el creciente número de vehículos a gasolina ejercieron una enorme presión sobre el medio ambiente de la ciudad. Sin embargo, en los últimos años, Beijing ha logrado avances notables en la mejora de la calidad del aire, sirviendo de ejemplo para otras ciudades que se enfrentan a desafíos similares.

En 2013, las autoridades municipales declararon una “guerra contra la contaminación”, lo que desencadenó una serie de iniciativas para mejorar el entorno urbano. Beijing implementó una serie de programas integrales de control de la contaminación atmosférica para combatir esta crisis. Estos esfuerzos fueron multifacéticos y se dirigieron a diferentes fuentes de contaminación. En el centro de este cambio se encuentra la determinación de la ciudad de impulsar la expansión del transporte ferroviario urbano, transformándose de una metrópolis centrada en el automóvil en un actor cada vez más importante de la movilidad sostenible.
En 2016, se creó una red integrada de monitoreo de la calidad del aire de vanguardia, que utiliza tecnologías avanzadas como la teledetección satelital de alta resolución y el radar láser. En Beijing, se estableció una densa red de monitoreo de partículas PM2.5, con más de 1.000 sensores distribuidos por toda la urbe. Esta red desempeñó un papel crucial en la identificación precisa de áreas y momentos con altas emisiones.
En poco más de 10 años, la capital china logró reducir drásticamente la concentración de partículas finas PM2.5, consideradas las más dañinas para la salud humana. Esto representa un hito ambiental para una megaciudad con casi 22 millones de habitantes.

Las cifras publicadas por las autoridades ambientales son significativas. En 2025, el promedio anual de partículas PM2.5 en Beijing fue de 27 microgramos por metro cúbico (µg/m³). En 2013, esta cifra alcanzó los 101,56 µg/m³, un nivel considerado extremadamente peligroso por las organizaciones internacionales de salud.
Fue la primera vez que el promedio anual descendió por debajo de los 30 µg/m³, consolidando el mejor resultado desde el inicio del monitoreo sistemático de la calidad del aire en la ciudad. Además, durante todo el año 2025, solo un día se clasificó como de contaminación severa, según el Índice de Calidad del Aire de China.
Así, según la Oficina Municipal de Ecología y Medio Ambiente de Beijing, el año 2025 la ciudad registró 311 días con niveles de contaminación bajos o moderados, la mejor cifra desde que comenzaron las mediciones.
A pesar de los avances, Beijing aún presenta niveles de contaminación superiores a los de ciudades europeas como Londres, París, Berlín y Madrid, cuyos promedios anuales de PM2.5 oscilan entre 10 y 15 µg/m³. Sin embargo, la velocidad de la transformación china es digna de mención.
Una de las explicaciones tras estas dramáticas mejoras de los índices de contaminación se encuentra en la expansión de los autos eléctricos, uno de los ejes centrales de este plan medioambiental. Al eliminar las emisiones directas de escape, estos vehículos contribuyeron significativamente a la reducción de los óxidos de nitrógeno y las partículas finas, principales componentes de la contaminación urbana.

En Beijing, los vehículos eléctricos e híbridos enchufables recibieron incentivos directos, como la facilitación de la obtención de licencias y la exención de las restricciones de circulación aplicadas a los autos de combustible fósil durante los períodos de mayor contaminación. Esta política diferenciada aceleró la adopción de esta tecnología por parte de la población urbana. Al recorrer la ciudad es común ver autos Tesla, BYD, Xiaomi y otros de fabricación local con sus distintivas patentes verdes.
Boom de ventas
Como resultado, se estima que el número de vehículos eléctricos en Beijing se ha cuadruplicado en tan solo unos años, pasando de unos 23.000 en 2015 a más de 120.000 a finales de 2023.

La transformación observada en Beijing sigue una tendencia nacional. En junio de 2025, China contaba con unos 37 millones de vehículos en circulación, de los cuales aproximadamente el 10% ya eran eléctricos, híbridos o enchufables.
Las ventas de estos modelos crecieron exponencialmente. En 2020, solo el 5% de los vehículos vendidos en el país eran eléctricos. Para 2025, esa cifra superó el 50% de las ventas anuales, según datos preliminares del sector. Tan solo el año pasado, se comercializaron más de 12 millones de autos eléctricos en toda China.
Los vehículos de nuevas energías representaron el 66,7% de las ventas de autos nuevos el mes pasado, según datos de la Asociación de Automóviles de Pasajeros de China.
El buen desempeño se produce a pesar de la reducción del apoyo gubernamental. Las ventas de vehículos eléctricos tuvieron un comienzo lento este año después de que Beijing recortara los subsidios y los incentivos fiscales, según informa el diario hongkonés South China Morning Post.
Quienes compran un vehículo eléctrico de 100.000 yuanes (14.765 dólares) ahora reciben un subsidio de 12.000 yuanes, un 40% menos que el año pasado. Al mismo tiempo, los consumidores, que antes estaban exentos del impuesto del 10% sobre la compra de vehículos, ahora deben pagar un gravamen del 5%, a medida que las autoridades eliminan gradualmente los incentivos.
Red pública de recarga
Además de la flota de autos eléctricos, Beijing ha invertido fuertemente en infraestructuras. La ciudad amplió su red pública de recarga, electrificó sus flotas de autobuses y taxis, y expandió los sistemas de bicicletas eléctricas compartidas. Es común ver en las calles de la capital china muchos puntos con bicicletas públicas cuyo arriendo se puede pagar a través del celular con Alipay o WeChat
La infraestructura de recarga de vehículos eléctricos de China ha continuado expandiéndose rápidamente, alcanzando un total de 21,01 millones de puntos de recarga a finales de febrero de 2026, lo que supone un aumento del 47,8% interanual, según reveló en marzo la Administración Nacional de Energía.
En octubre de 2025, China presentó un plan de acción trienal para mejorar la infraestructura de carga de vehículos eléctricos del país, con el objetivo de establecer una red nacional de 28 millones de estaciones de carga, con una capacidad de carga pública que supere los 300 millones de kilovatios para finales de 2027.
Repercusiones en la salud pública
La mejora de la calidad del aire en Beijing tiene repercusiones directas en la salud pública. Estudios científicos vinculan la reducción de partículas PM2.5 con una disminución de las enfermedades respiratorias y cardiovasculares, así como de los ingresos hospitalarios, especialmente entre ancianos y niños.
Al respecto, un estudio publicado recientemente por la revista científica Nature Health reveló que a medida que el uso de vehículos eléctricos ha aumentado drásticamente en los últimos años en China, la contaminación del aire ha disminuido significativamente, lo que ha conllevado una reducción estimada de 262.000 muertes prematuras.
Esta conclusión proviene de un estudio conjunto de la Universidad Bautista de Hong Kong, la Universidad de Wuhan y la Universidad de Tongji en Shanghái, que comparó datos de calidad del aire y matrícula de vehículos de 150 ciudades chinas entre 2013 y 2023.
El auge de los vehículos eléctricos no solo ha mejorado la calidad del aire, sino que también ha comenzado a cambiar la percepción pública. Los residentes afirman sentirse más saludables y existe un creciente orgullo por el progreso ambiental de la ciudad. Según una encuesta reciente, más del 70% de la población de Beijing apoya mayores inversiones en tecnología verde.
“Los cielos despejados son un soplo de aire fresco, literalmente. Reflejan el arduo trabajo de nuestra ciudad y sus ciudadanos en la búsqueda de un medio ambiente más saludable”, comenta Li Wei, activista ambiental local.
Mantenimiento de carreteras
Si bien la rápida transición de China a los vehículos eléctricos ha sido ampliamente aclamada como un éxito económico, también está generando serios problemas para los gobiernos locales del país, encargados del mantenimiento de una de las redes de carreteras más extensas del mundo.
Según el diario South China Morning Post, detrás del aumento vertiginoso de las ventas de autos eléctricos subyace un problema más silencioso: el rápido abandono de los vehículos a gasolina está debilitando una fuente clave de financiamiento para las carreteras por las que circulan esos autos.
Si bien China cuenta con algunas autopistas de peaje, la mayoría de las carreteras del país no generan ingresos directos, por lo que durante décadas el gobierno ha dependido de un impuesto al consumo de gasolina para financiar su mantenimiento.
En 2021, el impuesto a la gasolina cubrió más del 80% de los costos anuales de mantenimiento de las carreteras convencionales en China, según un estudio realizado por investigadores del Instituto de Planificación e Investigación del Transporte de China. Los fondos son recaudados por el gobierno central, que luego los distribuye a las autoridades locales para la ejecución de las obras.
Sin embargo, el número de reparaciones necesarias está aumentando rápidamente, a medida que la red de carreteras de China envejece y millones de autos eléctricos someten las superficies a una mayor presión. Sus baterías suelen hacerlos más pesados que los modelos de gasolina comparables.
China no es el único país que se enfrenta a este problema. Otros gobiernos también están considerando cómo reemplazar los ingresos por impuestos sobre el combustible a medida que los vehículos eléctricos se vuelven más comunes, con propuestas que van desde peajes por kilómetro recorrido hasta la revisión de las tarifas de matrícula de vehículos.
No obstante, para China, el ritmo de adopción de vehículos eléctricos y la magnitud de su red vial hacen que la cuestión sea particularmente urgente. El éxito del país en la electrificación del transporte está obligando cada vez más a los responsables políticos a reconsiderar cómo se debe financiar la infraestructura que sustenta esta transición, según informó el South China Morning Post.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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