Por Francisco CorvalánJames McPhee, de la U. de Chile, sobre cambios al Fondecyt: “Es una oportunidad perdida de incorporar talento de alto nivel”
El vicerrector de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Chile aborda las posibles consecuencias que podría tener para el ecosistema científico local los cambios al Fondecyt de Postdoctorados 2027, que incluye la incorporación de áreas prioritarias de postulación y la restricción de acceder al beneficio por parte de candidatos extranjeros.

El cambio de bases anunciado para el concurso Fondecyt de Postdoctorado 2027 mantiene abierta una discusión que conversa sobre qué tipo de sistema científico quiere construir Chile y cuál debe ser el rol del Estado a la hora de definir sus prioridades. La modificación, impulsada por el Ministerio de Ciencia, restringe la participación de investigadores extranjeros y orienta el programa hacia la inserción laboral de investigadores chilenos, además de incorporar áreas prioritarias definidas por el Estado.
Para James McPhee, vicerrector de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Chile, algunos de esos objetivos son atendibles, pero no necesariamente deben recaer sobre Fondecyt. En su opinión, focalizar todos los instrumentos de financiamiento puede terminar desnaturalizando un concurso cuyo principal valor está en ampliar las fronteras del conocimiento y formar equipos de investigación de alto nivel. También alerta sobre el riesgo de que las prioridades estatales terminen desprotegiendo disciplinas que hoy parecen secundarias, pero que mañana podrían ser estratégicas. Más allá de todo, su visión se resume en que el país necesita multiplicar su número de investigadores, pero también crear las condiciones para que ese talento encuentre espacio fuera de las universidades, especialmente en el sector privado.
¿Hay algo en los cambios al Fondecyt de postdoctorado que considere que derechamente debieran modificarse?
La parte de la restricción a extranjeros creo que no es una buena idea, porque la posibilidad de tener un sistema científico abierto al mundo, conectado, es muy importante. Para efectos de armar equipos de investigación de muy alto nivel, el concurso de postdoctorantes extranjeros es bien relevante.
Lo que está más en juego, en realidad, es un riesgo de desnaturalizar un instrumento que tiene un beneficio de desarrollo de las áreas del conocimiento lo más amplio posible.
¿Y hay algo de los argumentos del ministerio que usted encuentre razonable o necesario?
El espíritu de focalizar los esfuerzos, de identificar áreas donde se requiere. Un mayor impulso a la investigación es muy razonable, muy adecuado. Ahora, ¿con qué instrumentos se hace ese trabajo?

Se ha hablado que hay otros instrumentos que podrían potenciar eso, como los Fondef o los Fondap.
Sí, mi visión es que esto es un sistema que se construye desde las bases y luego va especializándose o generando instrumentos que van apareciendo en distintas instancias del desarrollo. Y creo que focalizar en todos los instrumentos no es adecuado, y particularmente en Fondecyt, que es muy valorado en la comunidad científica y académica.
La ministra ha planteado que este Fondecyt tiene que ser entendido como un instrumento de inserción laboral para doctores chilenos ¿Usted comparte la definición?
A mi juicio, tiene como principal beneficio que puedas crear equipos de investigación de alto nivel. La inserción laboral puede ocurrir, pero el movimiento postdoctoral entre universidades o centros de investigación también va generando vínculos entre los investigadores. Me parece que como instrumento de inserción laboral no es lo suficientemente voluminoso.
¿Y cree que pone algo en riesgo si este programa se focaliza en la inserción laboral?
Para hacer inserción laboral pueden haber otros instrumentos, otros programas, y, de hecho, se han creado programas de inserción en la academia, de investigadores que involucran otros compromisos donde la institución debe comprometerse a recibir a la persona que se gana ese programa. El postdoctorado tiene un rol netamente de investigación, de conformar equipo de alto nivel, y el programa de inserción se pueden crear y diseñar, pero yo no lo mezclaría.
Otro de los cambios relevantes es que el Estado pasa a definir estas áreas prioritarias.
Los estados necesitan priorizar el uso de los recursos, pero priorizar en la base de la pirámide conlleva un riesgo clave, porque puedes terminar desprotegiendo áreas del conocimiento que al día de hoy no se consideran prioritarias, pero que mañana podrían serlo.
¿Usted ve que esta política pública está sustentada en evidencia detrás de estas nuevas prioridades?
Por una parte, tener datos y tener evidencia es clave y necesario. Lo que sí es muy importante es que todo esto se haga de una manera coordinada, conversada y reflexiva, en conjunto con los actores del sistema que están administrando.
¿La ministra no los ha escuchado lo suficiente?
El proceso se pudo haber hecho de manera más coordinada, más conversada. Yo creo que ahí hay espacio de mejora para aumentar el grado de conocimiento de parte del ministerio y el grado de información, con respecto de las prioridades, las necesidades o las consecuencias de alguna de las acciones.
¿Qué consecuencias podría ocurrir que el Estado concentre el financiamiento en áreas estratégicas?
Las señales que se envían tienen la posibilidad de incidir en la toma de decisiones de personas que están iniciando sus carreras. A lo mejor hay áreas que les gustaría dedicarse, pero que no son prioritarias, y no las vamos a poder perseguir. Pero hay un montón de fenómenos o problemas que son atractivos.
Hay que también recordar que la academia y la investigación crea sus propias preguntas muchas veces. Y en ese ejercicio, que viene de la observación de la realidad, hay beneficios que no siempre son tangibles en el corto plazo.
Con respecto a las áreas prioritarias y el cambio a Centros de Interés Nacional durante el año pasado, la Universidad de Chile también tuvo un traspié donde sus centros de investigación no pudieron renovar los recursos ¿Cómo han podido manejar esto?
Fue muy compleja para la universidad, es un resultado que a nadie dejó satisfecho. Y en los meses que han transcurrido, la universidad ha hecho un esfuerzo por mantener, de alguna manera, algún nivel de continuidad para que no se desarmen todos esos equipos, para que todos esos esfuerzos de muchos años no queden truncos y haya una oportunidad de optar mediante otras fuentes de financiamiento.
La ministra Lincolao planteó que la resistencia de las universidades al cambio de las bases podría deber a un interés económico ¿Comparte ese diagnóstico?
Se ha dicho poco que el sistema científico chileno tiene muy buenos resultados en términos de cantidad de conocimiento, de publicaciones, incluso en el sistema internacional de investigación. Esos buenos resultados no se condicen con el paupérrimo nivel de inversión en I+D+I que se hace a nivel nacional. Sobre todo en las condiciones que las universidades estatales tienen que afrontar.

¿Le preocupa que estas modificaciones al Fondecyt puedan sentar un precedente para que cada administración redefina sus áreas prioritarias?
Más bien, soy optimista a que podamos seguir construyendo un esquema de diálogo y de comunicación que nos ayude.
Si bien la ministra ha sido abierta a conversar y escuchar a distintos actores, al parecer la decisión de cambiar las bases está prácticamente tomada ¿Qué consecuencias podría tener esto en la Universidad de Chile?
Sé que, de manera anecdótica, han habido ideas de proyectos postdoctorales de académicos de la U. de Chile con candidatos extranjeros, que no se van a poder materializar, no se van a poder transformar en propuestas de trabajo, justamente por esta esta restricción. Creo que, y eso es un riesgo para nosotros, es una oportunidad perdida de incorporar a nuestros equipos talento y personas de alto nivel.
¿Cree que el sistema laboral local pueda absorber esta nueva oferta de postdoctorados chilenos?
Chile tiene 8 veces menos investigadores per cápita que el promedio de los países de la OCDE. Y tenemos 3 veces menos investigadores per cápita que el país que nos sigue en la jerarquía. Entonces, si multiplicáramos por 8 la cantidad de investigadores que el país dispone, ¿en qué van a trabajar esas personas? Es evidente que las universidades, como sistema, no serían capaces de absorber ese volumen de investigadores.
Entonces, ¿cómo lo hacen los países de la OCDE?
Trabajan en la industria, en las empresas, trabajan en las consultoras, en el Estado, en las municipalidades. Entonces, van poblando un sistema completo con personas de alta formación, y transformas todo tu sistema gracias a los activos que esas personas aportan, que es el trabajo riguroso, el trabajo con curiosidad, el trabajo de atreverse a hacer cosas diferentes. Eso lo da la actividad científica, y después lo incorporas a todos los espacios del sistema.
Eso es lo que tenemos que ver cómo hacer. La ciencia crea preguntas. Nuestro negocio está en pensar preguntas.
Y para aplicar eso acá ¿Qué se debería ocurrir?
Como país tenemos que extremar los esfuerzos para aumentar la inversión privada en investigación, desarrollo e innovación. Estamos muy, pero muy al debe, muy bajo. El estado hace hoy día algo que es comparable con los países con los que nos gusta comparar, pero el sector privado está muy al debe.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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