Por Andrés GómezJosefina Araos: “En parte de la derecha hay una tendencia a ver el libro y el debate de ideas como algo medio inútil”
Subdirectora del IES, centro que cumple 20 años, la investigadora analiza la relación de la derecha con las ciencias sociales. Cuestiona la tesis del “estallido delictual”, dice que el sector ha carecido de herramientas para interpretar el malestar social, y advierte sobre el riesgo de una deriva refundacional en sectores de la nueva derecha.

Entre las múltiples dimensiones que tuvo el estallido social, Josefina Araos recuerda la mañana del sábado 19 de octubre. La noche previa, más de 20 estaciones de Metro fueron incendiadas. Y, sin embargo, en ese momento la gente en la calle no pedía represión. El gobierno de Sebastián Piñera estaba descolocado y, desde el flanco más a la derecha, el entonces diputado José Antonio Kast exigía más mano dura. Para el líder republicano se trató de un “estallido delictual”.
-Usar la categoría de “estallido delictual” puede servir para lograr impacto mediático, pero no alcanza para comprender el fenómeno -dice Araos.
La historiadora y columnista de La Tercera agrega:
-Confío en que el Presidente Kast esté hoy rodeado de referencias más sofisticadas, no solo respecto de esa crisis en particular, sino de la realidad chilena en general.
Candidata a doctora en Filosofía, Josefina Araos cree que parte de la derecha chilena suele mirar con recelo el debate de ideas. Y eso, eventualmente, puede traducirse en la dificultad de interpretar fenómenos sociales.
-A ti no te debiera preocupar solo la violencia del 18 de octubre. Te debiera preocupar qué está pasando en Chile, qué problemas hay en nuestra sociedad que hicieron posible que la gente no se indignara cuando quemaron el Metro. Esa es la pregunta.
Subdirectora del IES, centro de pensamiento que cumple 20 años, Araos forma parte de una generación que ha ampliado el horizonte intelectual de la derecha más allá de la economía y las políticas públicas. Para ella, los límites interpretativos marcaron a los gobiernos de Sebastián Piñera y siguen tensionando a las nuevas derechas.

En sus inicios el IES funcionó principalmente como un centro de formación para jóvenes. Con el tiempo, y tras la incorporación de Daniel Mansuy, Claudio Alvarado, Pablo Ortúzar y la propia Josefina Araos, se concentró cada vez más en la investigación, la publicación de libros y la intervención en el debate público.
El aniversario lo celebran con una edición especial de la revista Punto y coma, dedicada a revisar hitos de su historia. El número será presentado el próximo miércoles en un acto que tendrá como comentaristas a Isabel Plá, Cristián Warnken y Eugenio Tironi.
Fundado en 2006, el IES apareció cuando ya existían el CEP y Libertad y Desarrollo, y hoy convive con otras instituciones del sector, como la Fundación para el Progreso y Horizontal. Araos reconoce afinidades, pero también diferencias.
—El CEP y Libertad y Desarrollo tienen una mirada más desde la economía y la política pública. LyD, además, hace asesoría legislativa. Nosotros nos paramos en otro nivel de la discusión: en el de los principios y fundamentos que inspiran y sostienen lo que luego se traduce en una política pública.
Más allá de qué relación tuvo Sebastián Piñera con las ideas, es cierto que en ambos gobiernos hubo dificultades para interpretar el fenómeno que tenían delante.
Abrazando ideas clásicamente de derecha, como la subsidiariedad, el IES se define por su vocación humanista y su inspiración en la antropología cristiana. Pero también, dice Araos, por un factor generacional.
—El IES es parte de quienes empiezan a revisar los sesgos, puntos ciegos y perspectivas que estaban faltando en la mirada de la derecha política de inicios de la transición, y en lo que esa derecha tenía para ofrecerle al país. Al punto que a veces quedamos parados como “fuego amigo”, porque empezamos —por una cuestión generacional y el hecho de venir de las ciencias sociales— un proceso que también ocurrió en la izquierda a su manera: mirar críticamente, no para destruir, pero sí para renovar, la trayectoria de la derecha desde el retorno a la democracia.
¿Eso era lo que le hacía falta a la derecha? Habitualmente a esta se la asocia a la economía y no necesariamente a la reflexión intelectual.
Sí, a nosotros nos parecía que hacía falta, y todavía creemos que hace falta. Hay que defender ese lugar. Porque a ratos vuelve una mirada que no es patrimonio solo de los partidos tradicionales y parece incluso en ciertas líneas de lo que uno podría llamar nueva derecha: una resistencia o recelo frente a las ideas en general. Una visión que ve el libro y el debate intelectual como algo diletante o inútil.
Un poco la frase del Presidente Kast.
Fue una frase muy desafortunada, porque impidió generar un debate. La pregunta por la calidad de las investigaciones que producimos me parece pertinente y relevante. Pero ahí aparece un sesgo que no es solo del presidente, sino que ha estado en parte de la derecha: una tendencia a ver el libro y el debate de ideas como algo medio inútil. Y a ratos también puede ser presa de eso el mundo empresarial.

La derecha ha llegado al gobierno tres veces desde el retorno a la democracia. ¿Cómo se ha relacionado con el debate de ideas? A Sebastián Piñera se le criticaba al principio que su gobierno no tenía relato.
El primer gobierno de Piñera tuvo el movimiento estudiantil, y eso marcó la discusión sobre el relato. Y al segundo gobierno le explota el estallido. Más allá de qué relación tuvo Sebastián Piñera con las ideas, es cierto que en ambos gobiernos hubo dificultades para interpretar el fenómeno que tenían delante, tanto el 2011 como el 2019. Y esas dificultades se explican también por la falta de herramientas interpretativas. No es que a Piñera no le interesaran las ideas, sino que su corpus de referencia era restringido. Las ideas de la economía son parciales.
¿Piñera no entendía el malestar?
En términos generales y comparativos, era evidente que estábamos mejor. Pero reconocer el malestar no significaba comprarse el discurso de la izquierda. No tenías que ir a la izquierda ni al PNUD para hablar de malestar. Esto lo decíamos en ese momento en el IES. Era cosa de leer a Gonzalo Vial en sus columnas de los años 90, que ya hablaba tempranamente de fracturas sociales. No es que no le interesaran las ideas al presidente Piñera. De hecho, era una persona muy formada. Pero su entorno estaba nutrido parcialmente de referencias intelectuales. Faltaban las ciencias sociales, las humanidades e incluso la ficción. En Punto y coma tuvimos un número sobre las ficciones del malestar, y cómo desde la literatura se podían leer con anticipación tensiones que después se expresaron en el estallido de 2019.
Ahora, que la gente esté enojada y decepcionada con las izquierdas no significa que la interpretación del “estallido delictual” sea correcta.
En parte de la derecha aún se le llama “estallido delictual”. Pero ustedes no comparten esa mirada.
La tragedia del estallido tiene dos dimensiones. Una es que la violencia es inseparable del estallido: esta crisis se gatilla violentamente. Y la otra —que es una pregunta muy fuerte para las derechas— es que el 19 de octubre la gente no salió a pedir mano dura. Más allá de la evaluación severa que se pueda tener de la izquierda, el gobierno de Piñera enfrentaba dificultades propias, vinculadas a su diseño y su lectura de la sociedad. Eso se expresaba en sucesivas declaraciones de representantes políticos que mostraban una desconexión severa con la ciudadanía.
¿Qué le parece que el Presidente Kast insista en la tesis del “estallido delictual”?
El estallido se gatilla en un gobierno de derecha que queda paralizado y, por lo tanto, es llenado por una izquierda que aprovechó de modo muy entusiasta la circunstancia. Una izquierda que creyó equivocadamente que era la representante y canalizadora de ese descontento. Y como esa interpretación fue tan desajustada y desproporcionada —la mejor evidencia es lo que pasa en el primer proceso constituyente y el plebiscito del 4 de septiembre de 2022—, se produjo un péndulo muy fuerte que dejó muy enojada a la ciudadanía. Eso dio piso a quienes quieren reducir el estallido a una dimensión puramente delictual. Ahora, que la gente esté enojada y decepcionada con cómo las izquierdas condujeron eso no significa que la interpretación del “estallido delictual” sea correcta.
Con esa interpretación uno podría preguntarse cómo el presidente abordaría una crisis social.
¿Qué quiere decir estallido delictual? Supongo que quiere subrayar la violencia y negar que hubiera ahí la manifestación de algo legítimo. Pero eso no resuelve la pregunta para la política ni para quien está en el gobierno. La pregunta es qué revela ese fenómeno, qué lo explica, cuáles son sus causas. Reducirlo a una manifestación delictual que requiere un control puramente de orden no alcanza, porque los elementos de crisis que hicieron posible ese apoyo ciudadano siguen estando ahí. Uno espera tener representantes políticos que quieran entender el fenómeno que tienen delante.
El discurso del “gobierno de emergencia” fue resultado de una buena lectura del momento. Pero ganar una campaña es distinto a gobernar.
El presidente viene de las humanidades. ¿Es un hombre de ideas?
Yo creo que el Presidente Kast no es un intelectual. Kast estudió Derecho, pero su trayectoria es más bien la de un dirigente político, alguien de acción. No creo que sea un hombre de ideas, pero no me parece necesariamente un problema. Lo relevante es que comprenda la importancia de las ideas y se acompañe de personas con densidad intelectual. Hannah Arendt dice que el político es el que más conoce el sentido común de los ciudadanos, porque tiene un conocimiento rico de su sociedad. Espero que el presidente sepa que tiene que estar rodeado de personas y referencias que permitan tener una comprensión fina de lo que ocurre.
Hasta ahora, ¿ha visto esa comprensión fina?
En campaña gana el que logra ciertas conexiones. Y en el caso del Presidente Kast eso es inseparable de alguien que estuvo recorriendo el país, que antes construyó un movimiento y después un partido. El discurso del “gobierno de emergencia” fue resultado de una buena lectura del momento. Pero ganar una campaña es distinto a gobernar. Gobernar es mucho más difícil y requiere altísima destreza política. Porque gobernar es un ejercicio permanente de justificación. Tú no puedes hacer de un día para otro todo lo que dijiste que querías y podías hacer. Y en el caso de este presidente, es alguien que dijo que quería hacer muchas y grandes cosas. Y ese ejercicio de justificación es lo que ha sido más débil. Más que pensar que el presidente no entiende el Chile que tiene delante, el principal problema ha estado en ese plano. Y también en el diseño del gobierno y en la apuesta del presidente.
¿Qué le parece el cambio de gabinete?
El cambio de gabinete es un hecho doloroso para el presidente, pues implica reconocer problemas de diseño del gobierno. Pero también muestra sentido de realidad. Lo que gatilla esta decisión es la evidencia de las dificultades que estaban teniendo seguridad y vocería, y que estaban exponiendo al propio mandatario. Es una apuesta que habrá que ver cómo funciona, pero tiene cierta lógica: Alvarado y Arrau son figuras con oficio político, conocimiento del Estado y capacidad de mediación con la ciudadanía.
Conservar o transformar
¿Qué significa ser de derecha hoy? Porque el arco parece haberse abierto muchísimo.
A mí me parece bueno que esa pregunta esté tan abierta. Me gusta una definición de Chantal Delsol, cuando divide entre quienes se paran del lado de la transformación del mundo y quienes se paran del lado del cuidado del mundo. Las izquierdas suelen pararse más del lado de la transformación, aunque hoy las fronteras están más móviles: hay izquierdas que se ubican del lado del cuidado y derechas que terminan en la refundación. Me gusta esa definición, porque permite evitar caricaturas. En el caso del IES, reivindicamos ciertas ideas que hoy son mejor recibidas en el mundo de la derecha y la centroderecha, pero no porque partamos definiéndonos así. Partimos desde una determinada visión del ser humano, del mundo y de la convivencia. Y por eso me gusta esa idea del cuidado.
Un diagnóstico completamente negativo de la realidad termina justificando la refundación. Y eso es destructivo (...). Es un riesgo presente en algunas nuevas derechas.
¿Qué pasa con las derechas que quieren transformar el mundo para restaurar?
Esa es una deriva problemática y respecto de la cual tengo reparos. Un diagnóstico completamente negativo de la realidad —como el que vimos en la Convención Constitucional— termina justificando la refundación. Y eso es destructivo, porque se vuelve incapaz de cuidar cosas que costó mucho construir. Sol Serrano habla del afán iluminista de ciertas élites latinoamericanas. Una pulsión que puede aparecer tanto en la izquierda como en la derecha. Es un riesgo presente en algunas nuevas derechas. El ejemplo más evidente es Trump. Una mirada tan severa y desesperanzada sobre la realidad puede terminar justificando agendas refundacionales igualmente problemáticas. Y ese camino es muy oscuro para la política.
¿Ve un riesgo en este sentido en el gobierno del Presidente Kast?
A mí no me parece. Y esa ha sido una crítica fuerte que hemos hecho desde el IES respecto de ciertas reflexiones sobre las ultraderechas. Muchas veces se transforman en reflexiones demasiado abstractas, que buscan patrones generales y pierden de vista las singularidades de cada caso. Además, la etiqueta de “ultraderecha” suele venir acompañada de la hipótesis de que esos sectores tienen una relación instrumental con la democracia. Y a mí no me parece que el Presidente Kast haya dado señales que permitan levantar esas alertas.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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