Política

Las tres grietas opositoras que expuso la megarreforma y profundizaron la crisis de la izquierda

Aunque el rechazo a la iniciativa gubernamental unió a la oposición en un principio, la tramitación en el Senado develó que en el sector predominan las desconfianzas y las malas relaciones personales. No solo se trata de distintas almas ideológicas o “varias oposiciones”, como las definió el ministro Jorge Quiroz.

Tras una semana para el olvido, las dos “suprabancadas” de la oposición en el Senado (Comité Unido y Comité Socialismo Democrático) lograron ingresar un paquete común de indicaciones para intentar presionar por algunos ajustes a la megarreforma del Presidente José Antonio Kast.

Estas enmiendas eran firmadas por Yasna Provoste (DC), jefa del Comité Unido, que agrupa democratacristianos, comunistas, frenteamplistas y legisladores de la Frevs, y por Juan Luis Castro (PS), jefe del Socialismo Democrático, que reúne a socialistas, PPD y liberales.

El problema de esta presentación, además del riesgo de convertirse en un mero acto simbólico, es que tal vez tampoco logren alinear al bloque opositor.

Aunque el rechazo a la megarreforma unió a la oposición en un principio, la tramitación en el Senado expuso con crudeza que en el sector predominan las desconfianzas y las malas relaciones personales. No solo se trata de distintas almas ideológicas o “varias oposiciones”, como las definió el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz.

Estas fisuras quedaron demarcadas al inicio del actual período parlamentario con la negociación para distribuir los cupos en comisiones y la rotación en la presidencia del Senado. Ello dio paso a un acuerdo administrativo, sellado por la senadora Paulina Núñez (RN) y su par y presidenta del PS, Paulina Vodanovic.

Cohabitación del PC a la DC

El problema es que el llamado “Pacto de las Paulinas” dejaba a la DC, el PC, el Frente Amplio y la Frevs con menor representación en cargos estratégicos del Senado.

Por ello, en respuesta, los grupos que se sentían marginados decidieron aliarse, a pesar de no tener plena sintonía política, y armar una suprabancada con 10 integrantes (3 DC, 3 PC, 2 FA y 2 Frevs) al que llamaron Comité Unido, con Provoste como jefa y Claudia Pascual (PC) como subjefa. Incluso a modo de broma se autoapodaron el “Comité de los que Sobran”.

Aunque el Comité Unido se ha mostrado más cohesionado que el Socialismo Democrático, las visiones ideológicas y personalidades opuestas no han hecho fácil la cohabitación.

Si bien sus integrantes comparten el diagnóstico crítico de la megarreforma, los DC tienen una cultura distinta para relacionarse con la derecha y con las iniciativas gubernamentales. Por ejemplo, el senador Iván Flores (DC) votó a favor del proyecto de endeudamiento y hoy está siendo tentado para sumarse a un acuerdo con Quiroz para que Valdivia -tras el fuerte temporal- sea incluida dentro del capítulo de reconstrucción del megaproyecto.

Los PC, por su parte, son muy más reticentes a llegar a entendimientos con la derecha y ya tienen decidido rechazar gran parte del articulado.

En el caso del Frente Amplio tampoco existe comodidad al quedar invisibilizados bajo la conducción de Provoste y Pascual. De hecho, los senadores frenteamplistas Beatriz Sánchez y Diego Ibáñez han tomado acciones propias, por ejemplo, cuando concurrieron a La Moneda a reunirse con Quiroz y el ministro Claudio Alvarado.

Todas estas señales ya dan cuenta de que el Comité Unido en ningún caso es monolítico.

La crisis socialista

Para hacer contrapeso a ese variopinto comité, los senadores aliados de Vodanovic conformaron en marzo el Comité de Socialismo Democrático con 12 miembros.

Por ser el partido mayoritario, los socialistas estaban llamados a ejercer el liderazgo de la suprabancada y de toda la oposición, como lo demandó esta semana el senador Francisco Huenchumilla (DC).

Aparentemente ese fue el papel que trató de ejercer Vodanovic, quien desde un principio entró en conversaciones con el Ejecutivo para intentar “mitigar” los efectos del megaproyecto, consciente de que la derecha ya tenía los votos para imponerse en el Senado.

Su problema, sin embargo, fue que sus gestiones, que ya eran vistas con recelo por el Comité Unido, no tuvieron respaldo en el propio PS.

La senadora Daniella Cicardini (PS) fue la principal detractora de las conversaciones con Quiroz, que eran llevados por Vodanovic y Castro. Esta tensión, incluso, derivó en reuniones a gritos. También hubo un round en redes sociales y luego un público enfrentamiento de Cicardini y Vodanovic en la misma sala del Senado.

Ante el escaso margen de maniobra, Castro dio por muerta la mesa política, creada por la presidenta del Senado, Paulina Núñez, y anunció que impulsarían un requerimiento al Tribunal Constitucional. Ello, en la práctica, implicaba poner una bomba al proceso de diálogo que el mismo senador PS y Vodanovic habían liderado.

La contienda en el PPD

Si bien en La Moneda nunca creyeron que habría un acercamiento con el PC y FA, confiaban en que lograrían quebrar a la oposición al pactar con el Socialismo Democrático.

Ahora, sin el PS, Quiroz y Núñez pusieron todas sus fichas al plan B: el subgrupo del PPD.

En particular, el senador Pedro Araya (PPD) era la punta de lanza. De hecho, se abstuvo en la votación en general. Pero su estilo solitario, no garantizaba un entendimiento con los otros tres senadores de esa bancada, donde las relaciones personales son distantes debido a rivalidades que se arrastran desde que los PPD tuvieran un fallido intento por llegar a la presidencia del Senado en 2024.

Por ello, Núñez y Quiroz abrieron conversaciones con los otros senadores del PPD, Ricardo Celis, Loreto Carvajal y la independiente asociada Ximena Órdenes, quienes decidieron dar un paso osado al ver que el acuerdo del gobierno con Araya era inminente.

Incluso, aun cuando el pacto no estaba plenamente afinado el miércoles en la tarde (de hecho, Órdenes puso en duda su adhesión), Carvajal y Celis accedieron a salir anunciar el acuerdo con Núñez y Quiroz, temiendo que Araya diera alguna entrevista en la que adelantara el entendimiento.

El problema de ello es que los senadores PPD ni siquiera le avisaron al presidente de su partido, el diputado Raúl Soto, y ello se transformó ahora en un conflicto en la colectividad.

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