“Las pseudoterapias matan”: la advertencia de más de 2.500 científicos en el primer manifiesto internacional en contra de las terapias falsas

Elaborado por científicos y divulgadores de más de veinte países, entre ellos Chile, alerta que pacientes tardan en iniciar o interrumpen tratamientos por procedimientos o productos inservibles, vendidos a través del engaño. Más de 800 muertes, casi 6.000 hospitalizados y 60 cegueras han sido causadas por falsos remedios durante la pandemia por Covid-19.




Mario Rodríguez, estudiante de física de la U. de Valencia, España fue diagnosticado con leucemia en 2016. Tenía 21 años. Pero no realizó el tratamiento que le recomendaron sus oncólogos, buscó cura en las terapias naturales. Abandonó la quimioterapia y rechazó un trasplante de médula ósea.

El tratamiento del joven español se lo recomendó José Ramón Llorente, presidente de la Asociación Española de Nutrición Ortomolecular. La promesa era, dijo el padre del joven, sanar con vitaminas bajo los principios de la medicina ortomolecular, todo por 4.000 euros (casi 4 millones de pesos).

Pero el tratamiento no funcionó. El estudiante vivió solo seis meses luego de su diagnóstico. Su padre demandó al terapeuta por convencer al joven de rechazar el trasplante y quimioterapia, relató entonces el diario El País.

En marzo de 2017, en Italia, un niño de siete años, Francesco Bonifazi, que tenía otitis, murió luego de ser tratado con homeopatía. Falleció, según la autopsia, por encefalitis, una inflamación del cerebro generalmente causada por una infección viral. Había sido tratado exclusivamente con homeopatía. Tanto sus padres como el homeópata fueron investigados.

Otra negligencia de las “pseudoterapias” ocurrió en Dinamarca en 2018: un hombre murió después de ser tratado con acupuntura. Erling Mølle, de 71 años, recurrió a un terapeuta en acupuntura para aliviar su hipo. Una hora después del tratamiento con agujas en el pecho y abdomen, comenzó a tener problemas para respirar, relató su esposa a la cadena danesa TV 2. Lamentablemente su condición empeoró. Murió ese día. Colapsaron sus pulmones.

Ese mismo año, otros tres pacientes daneses, incluidos dos niños, sufrieron perforaciones pulmonares después de un tratamiento de acupuntura.

Otro caso de negligencia ocurrió en Dinamarca en 2018: un hombre murió después de ser tratado con acupuntura.

Esos casos son solo algunos que da como ejemplos el Manifiesto Internacional en contra de las terapias falsas que 2.750 médicos y científicos de 44 países, entre ellos Chile, firmaron esta semana para advertir en la Unión Europea y el mundo, el peligro de esas prácticas.

Seamos claros, enfatiza el manifiesto “las pseudociencias matan”. Y no solo eso, agrega, “sino que son practicadas con impunidad gracias a leyes europeas que las protegen”.

El manifiesto fue elaborado por miembros de más de 30 asociaciones científicas o escépticas de todo el mundo de más de 20 países. Entre ellas están la Asociación para la Protección de Enfermos de Terapias Pseudocientíficas (APETP), de España, el Colectivo Fakemed, de Francia, la Comunida de Céptica Portuguesa (COMCEPT) en Portugal, la Sociedad del Buen Pensamiento, de Reino Unido, y Vetenskap och Folkbildning (VoF), de Suecia.

Sin validación científica

Congregar a muchos científicos y científicas, detallan, es para dejar en claro que “ni el sector científico ni el de la salud apoyan las prácticas que están en contradicción con la evidencia científica”.

María Paz Bertoglia académica de la Escuela de Salud Pública, Universidad de Chile fue parte del grupo que firmó el manifiesto. Un documento que comenzó a circular en España, comenta, con el objetivo de generar una acción conjunta entre científicos y divulgadores para apoyar la discusión científica en Europa, evitar daños por pseudoterapias y ampliar la discusión a otros países.

Elementos que no son ajenos en nuestra realidad, indica Bertoglia. “Las pseudoterapias pueden ser muy dañinas, tanto como ciudadana como académica me ha tocado ver en Chile cómo estos mensajes permean en la población con personas que los llaman a consumir porque es un negocio el que está detrás”.

Implican un peligro dice Bertoglia porque son productos que se confunden como algo complementario, “pero muchas veces esas terapias pasan a ser el reemplazo de terapias tradicionales, lo que pasa en pacientes con cáncer”.

Carlos Passi, psicólogo de la Unidad de Psicología de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, es otro de los especialistas chilenos que participó, y es enfático en que las pseudoterapias constituyen un riesgo porque sustituyen tratamientos efectivos por otros que son un engaño. Pero no solo eso, “retrasan la atención terapéutica oportuna, ya que los enfermos reciben productos falsos, en lugar de aquellos que han comprobado su efectividad a través de procedimientos validados científicamente”, aclara.

“Es así como alguien que requiere quimioterapia para su cáncer, en cambio recibe azúcar o vitaminas, lo que finalmente lo lleva a la muerte, siendo que existía un tratamiento adecuado para su enfermedad. Por lo tanto, el principal riesgo es ese”, destaca Passi.

¿Ejemplos de pseudociencias? Passi nombra el biomagnetismo, el reiki, la iridología, la homeopatía, entre muchos otros.

En este tema se habla de la libertad de elección, pero dentro de esa autonomía, Bertoglia dice, hay primero un tema ético de informar. La población debe saber que esos productos llamados “milagrosos”, que son muchos, no cuentan con validación científica.

Aquí el tema no es coartar la libertad de elección de un tratamiento por parte de las y los ciudadanos, añade Passi, sino que a la hora de escoger, lo hagan informados. “Desde este punto de vista, alguien perfectamente se puede negar a recibir un determinado tratamiento, pero la idea es que sea desde la libertad que le da la información, y no desde el engaño”.

Amenaza en tiempos de Covid-19

Para el neurocientífico en la Universidad de Rutgers, New Jersey (EE.UU.), Pablo Muñoz, comunicar el peligro que esas prácticas ha sido una permanente preocupación. En especial en los trastornos del espectro autista (TEA), por la diseminación de falsa información sobre sus causas y la popularidad de “terapias alternativas” para tratarlas, “un peligro porque no se basan en ninguna evidencia científica que haya avalado su eficacia y seguridad”, indica.

Muñoz explica que las falsas terapias son producto de creencias o mezclas pseudocientificas que son entregadas a la población sin tener en consideración la seguridad del producto ni el daño que puede producir. “Entre los que puede haber uso de productos no regulados y tóxicos, hasta terapias físicas que pueden dañar la salud”.

Procedimientos que asumen que todas las personas cuentan con la misma fisiología y por lo tanto pueden ser curadas por igual, incluso condiciones genéticas que no tienen cura. Un peligro que también se mezcla con una falta de ética y ejercicio ilegal de profesiones, dice Muñoz: “Muchas de estas pseudoterapias son practicadas por terapeutas sin estudios formales y sin conocimiento de salud”.

Un médico siempre le va a decir a una persona los beneficios y efectos secundarios de un tratamiento para que el paciente lo tenga claro, advierte Muñoz, "un pseudoterapeuta va a prometer cura y continuo apego a la terapia o producto ofrecido”.

Lo contrario a esas soluciones “cura todo”, son los fármacos que salen al mercado y que pasan por una serie fases estrictamente reguladas, explica Muñoz. Pasos obligatorios para que sea aprobada su distribución y recetado. “Este tiempo de prueba toma como mínimo 10 años”.

Un asunto aún más complejo en tiempos de pandemia. Representan una amenaza global, resalta el manifiesto internacional publicado esta semana.

Más de 800 muertes, casi 6.000 hospitalizados y 60 cegueras han sido causadas por falsos remedios en estos meses de emergencia sanitaria por Covid-19 en países como Irán, Turquía o India detalla un estudio.

En Argentina un niño murió y otras personas reportaron intoxicaciones por consumir dióxido de cloro. En España, ocurrió algo similar con 26 intoxicaciones por consumir esa preparación prohibida en Chile.

Dióxido de cloro. Foto: Reuters

Desde el año 2012, en forma continua el Instituto de Salud Pública (ISP) ha advertido los peligros de la utilización de esta sustancia. En Chile no está autorizado por la autoridad sanitaria dice Heriberto García Escorza, director (s) del ISP y “no debe ser utilizado para tratamiento o prevención de Covid-19, como tampoco para otras patologías”.

“Esta sustancia puede provocar la muerte si se inhala o se ingiere”, detalla García.

El dióxido de cloro o clorito de sodio que se publicita como MMS o solución milagrosa, es un producto tóxico para el consumo humano. “Es un desinfectante industrial, y hacer un llamado a su consumo es irresponsable. Por eso, lo que tenemos que hacer es enfocarnos en regular para proteger a la población, porque muchas veces los consumen niños porque los padres toman decisiones erradas, porque han tenido acceso a información errada”, subraya Bertoglia.

Sin registro sanitario

Todo producto sin registro sanitario, como es el dióxido de cloro, es considerado como falsificado. “No existe garantía de su seguridad, calidad y eficacia”, dice el director del ISP, por lo tanto, puede significar un riesgo para la salud de las personas.

“No contar con autorización sanitaria significa que se no se ha demostrado la utilidad terapéutica, ni se tiene certeza en qué condiciones ha sido fabricado el producto, ni qué contiene, y su comercialización se encuentra fuera de marco legal. Por lo mismo, no cuenta con ninguna garantía en cuanto a sus condiciones de distribución, almacenamiento y conservación”, explica García.

Imagen de producto sin autorización sanitaria, plata coloidal. Al no tener registro, explica el ISP, significa que se no se ha demostrado la utilidad terapéutica y que no cuenta con ninguna garantía en cuanto a sus condiciones de distribución, almacenamiento y conservación.

Todo medicamento debe contar con registro sanitario. Y debe contar con un código que se encuentra en el rótulo de cada producto.

La ciudadanía puede denunciar la comercialización de estos productos a la autoridad sanitaria, es decir ISP y Seremis de Salud. Además, denunciarlo a las policías, “porque también podría configurarse un delito contra la salud pública”, explica García. Tal como lo señala el artículo 318 del Código Penal: “El que pusiere en peligro la salud pública por infracción de las reglas higiénicas o de salubridad, debidamente publicadas por la autoridad, en tiempo de catástrofe, epidemia o contagio, será penado con presidio menor en su grado mínimo a medio o multa de seis a doscientas unidades tributarias mensuales”. Asimismo, se puede realizar la denuncia por medio de la página web del ISP.

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