Por Carlos TapiaCompletará 28 años sin ser campeón: la herida mundialista que reabre Brasil y que profundiza la mayor crisis del Scratch
Desde Italia 90 que la Canarinha no se despedía de un Mundial en octavos de final. Ni siquiera la apuesta inédita de enfrentar el certamen con un DT extranjero (Carlo Ancelotti es el mejor pagado de la Copa del Mundo) le brindó frutos a la selección, que vuelve a desnudar sus carencias y problemáticas.
“La historia de la selección brasileña está hecha de grandes conquistas, pero también de momentos que fortalecen nuestro camino. Hoy nos despedimos de la Copa del Mundo, seguros de que regresaremos aún más fuertes”. Esto posteó en sus redes oficiales la CBF, una vez consumada la eliminación de Brasil a manos de Noruega, en Nueva Jersey.
Los dos goles de Erling Haaland fueron un par de puñales en el alma del gigante sudamericano, que confiaba en que, por fin, esta vez, podría conseguir la sexta estrella. Pero no. Una desazón más se añade a una larga lista que pone en alerta la rica historia del más ganador en Mundiales.
El llanto de Neymar tras la derrota con los nórdicos era el signo evidente del derrumbe emocional que le significó a la Canarinha quedar afuera tan pronto del torneo. Norteamérica 2026 se convierte en el peor Mundial de Brasil en 36 años. Hay que retroceder hasta Italia ’90 para encontrar la última vez en que la Verdeamarela quedó eliminada en los octavos de final. Claro, en esta ocasión logró superar una ronda eliminatoria (dieciseisavos) al contar con más participantes. Pero esa victoria agónica sobre Japón no es suficiente para la exigencia que amerita una potencia.
“Creo que yo, como capitán, y los jugadores más veteranos debemos asumir la culpa para que esta nueva generación pueda iniciar el nuevo ciclo con tranquilidad. No podemos llegar al Mundial cargando con el lastre del ciclo anterior y, al mismo tiempo, tener grandes expectativas. Lo dimos todo, pero nos faltó contundencia en los momentos decisivos. Ahora debemos aprender de la lección y pedir disculpas al pueblo brasileño. Pido al público que brinde su apoyo desde ya; quedan cuatro años por delante para trabajar y lograr grandes cosas en el próximo Mundial”, dijo el capitán Marquinhos.
Desde que salió campeón en Corea-Japón 2002, cuando se convirtió en pentacampeón, en todas las ediciones posteriores quedó fuera a manos de un europeo: en 2006 con Francia (en cuartos de final), en 2010 ante Holanda (en cuartos), en 2014 y el mítico 7-1 de Alemania (en semifinales), en 2018 con Bélgica (cuartos), en 2022 con Croacia (también en cuartos) y ahora ante Noruega (en octavos).
Tratando de espantar los fantasmas del pasado y dar un viraje en el desarrollo de la selección, la CBF apostó por un entrenador extranjero: Carlo Ancelotti. Por primera vez en la historia de los Mundiales, no hubo un técnico brasileño. Hasta antes de la actual edición, siempre a Brasil lo dirigió un local en las Copas del Mundo. La apuesta por el italiano fue alta, tanto así que es el DT mejor pagado de todo el Mundial: 10 millones de euros anuales, aproximadamente. Incluso, sin saber su suerte en 2026, ya renovó su vínculo hasta 2030.
El hecho de pujar tan fuertemente por un nombre potente y foráneo para la banca da cuenta de uno de los problemas que han aflorado en el fútbol brasileño: dejó de producir entrenadores. No solo se da con el seleccionado mayor, sino que también en los clubes. El Brasileirao se ha llenado de técnicos del exterior, donde en ese apartado han predominado portugueses y argentinos. Abel Ferreira, Jorge Jesús y Artur Jorge han sido algunos de los lusos que han tenido éxito en el país, sobre todo ganando la Copa Libertadores. Se importan técnicos de otros países, pero Brasil dejó de exportar hacia fuera. No deja de ser llamativo que en las 48 selecciones de este Mundial, no hubo ni un brasileño en la banca.
Esta decadencia del Scratch va a contrapelo del poderío que tiene la liga en el concierto continental. La Libertadores se ha convertido en una extensión del Brasileirao. Desde 2019 a la fecha, siempre el campeón fue del gigante sudamericano. Con siete títulos al hilo, es la racha ganadora más larga de un país en la historia del certamen. No es novedad señalar el poderío económico del campeonato, casi a la par con Europa. Pero aquello no se trasunta en la selección.
Una sequía histórica
La deseada sexta estrella se hace esperar. O dicho de otra manera, Brasil no hace los méritos suficientes como para conseguirla. El partido ante Noruega reflejó un equipo dependiente de alguna individualidad más que tener una fuerza colectiva convincente. Tampoco logró forjar líderes o caudillos. El clamor popular pidió a Neymar y Ancelotti concedió aquello convocándolo, pese a sus constantes problemas físicos. Sumando entre lo que jugó con Escocia y ante los nórdicos, completó menos de un tiempo (37 minutos). Confirmó su adiós de la selección.
Dentro de la catarata de datos que afloran después del sonoro tropezón de Nueva Jersey, hay uno que duele en los torcedores. Brasil completará 28 años sin ganar un Mundial: desde 2002 hasta 2030. Iguala su peor racha histórica sin ser campeón. El caso anterior es distinto porque data de los albores de la Copa del Mundo. Pasaron 28 años entre su primera participación (1930) hasta su primera corona (1958). El anterior periodo de una sequía extensa fue de 24 años, entre 1970 y 1994.
¿Desde cuándo que Brasil no gana un título oficial? El último fue la Copa América 2019, siendo local. Pero esto va más allá. En general, todas las selecciones brasileñas han caído en el mismo pecado. El año pasado, en Chile, la Sub 20 quedó eliminada por primera vez en la fase grupal del Mundial. Desde 2011 que no es campeón del mundo en la categoría. Mientras que en la Sub 17 su última estrella fue en 2019. Y en los últimos Juegos Olímpicos (Paris 2024) ni siquiera clasificó.
¿Qué vendrá para la Canarinha? La continuidad de Ancelotti está asegurada. Así lo ratificó el director de selecciones de la CBF, Rodrigo Caetano. “Ahora nos corresponde a nosotros subrayar la necesidad de un ciclo marcado por la normalidad y una mayor calma. Necesitamos cierto grado de estabilidad para avanzar y prepararnos para la próxima Copa del Mundo”, apuntó el directivo.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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