“Los imparables”: la terapia por WhatsApp en la que Vidangossy orienta a jóvenes incomprendidos del fútbol chileno

Vidangossy con su amigo Fuad y el grupo de integrantes del grupo de WhatsApp.

Vidangossy con su amigo Fuad y el grupo de integrantes del grupo de WhatsApp.

La figura de Melipilla, junto a su gran amigo e impulsor del levantamiento de su carrera, Fuad Rumie, aconsejan y entrenan a cinco jugadores para que no pierdan el foco en la actividad.




“Desde que le empezaron a pasar sus problemas, nos cuestionábamos por qué le costaba tanto si tenía todo el talento. Nos hacíamos preguntas, no entendíamos por qué el Mathi no brillaba (...) En ese tiempo, cuando el Mathi se fue al Villarreal y no jugaba, éramos inmaduros y lo asociábamos a que no le daban la oportunidad nomás. Éramos cabros inmaduros y lo tomábamos de otra manera. Era casi ‘cómo juegan estos weones malos y no tú'. En ese tiempo, eso sí, uno ya se daba cuenta de que Mathías era más emocional, sufría de otra manera”, comenta Fuad Rumie, amigo desde los 15 años de Mathías Vidangossy, y uno de los grandes responsables del renacer del talentoso jugador chileno.

Mathías Vidangossy está de vuelta. El mismo que maravilló con la camiseta de la selección chilena en el Mundial Sub 20 en Canadá 2007, vuelve a brillar con la camiseta de Melipilla. Catorce años después, en un periodo de luces y sombras, marcada por la depresión que muchas veces frenó sus despegues como futbolista, el nacido en Santiago vuelve a tomar un rol protagónico en el balompié nacional.

Este fin de semana, en la victoria de los Potros frente a Wanderers, Vidangossy volvió a sorprender con un pase que solo le valió para ganarse más aplausos. Más de los que sumó luego de la anotación en la victoria frente a la UC. Su nombre volvió para quedarse.

Y Vidangossy, tal como lo relató en una entrevista a La Tercera, no quiere que su recuperación pase inadvertida. “El día que dejé las pastillas empezó mi transformación; mi mente ya no siente miedo”, comentaba unas semanas atrás. Fuad, su amigo de la infancia, de los que jugaban en la calle hasta las tres de la madrugada en esos uno contra uno, recuerda cada paso que dio el volante para la anhelada transformación.

“Con el Mathi siempre hemos jugado. Los fin de semanas chuteábamos harto, éramos la mejor dupla de la historia. Yo jugaba más arriba. A él siempre le encantó jugar fútbol. Incluso como profesional, participamos de torneos, como uno que se organizó en la playa en Reñaca, en 2010. Él inventaba que había dejado el fútbol para que lo dejaran participar. Ese torneo lo ganamos y nos regalaron más de 700 cervezas. Lo chistoso era que ninguno de nosotros tomaba. Dejamos todas las cervezas en la playa”, dice, riéndose.

A Mathías, sin embargo, al momento de saltar a la cancha como jugador profesional algo lo apagaba. “Lo conversamos harto. Mathi empezó su transformación cuando se fue a Valdivia, solo. Ahí empezamos a preparar su transformación. Leyó y aprendió mucho. Ahí se empezó a gestar esta vuelta”, reconoce Rumie, quien revela que junto a Mathías Vidangossy están realizando el curso de técnico en la INAF para luego formar una dupla de trabajo.

“El año pasado, antes de llegar a Melipilla, Mathías ya tenía asimilado todo lo que iba a pasar este año. Él estaba mentalmente preparado para todo esto. Por eso quizás lo escuchas sereno, muy tranquilo. Por eso no se le ve ansioso, ni nada. El año pasado entrenábamos dos veces al día en el Club Oriente, en Santiago. Empezamos a mejorar la alimentación, nos metimos en el tema del veganismo”, agrega.

Lo cierto es que Vidangossy, más allá de los aplausos, aspira a dejar un legado. Se ha cansado de decirlo. Es por esto que junto a Fuad Rumie, sus amigos de las calles de Ñuñoa, formaron un grupo para ir en ayuda de jóvenes talentosos para que estén preparador para enfrentar la suplencia, o tal vez no llegar a ser ni considerados. Quieren espantar los mismos fantasmas que alguna vez arruinaron la cabeza del hoy jugador de Melipilla.

La foto del WhatsApp que lo integra Vidangossy con su grupo de amigos.
La foto del WhatsApp que lo integra Vidangossy con su grupo de amigos.

Mathías y Fuad crearon un grupo de WhatsApp, que lo llaman ‘los imparables’. A veces le cambian el nombre, cuentan. Siempre con frases orientadas a seguir luchando por sus sueños. Lo componen seis futbolistas profesionales, entre ellos Vidangossy, más Rumie. Todos los días conversan, se entregan tips. El ex seleccionado toma la palabra en más de una oportunidad para entregar sus enseñanzas. Ángel Iturra (Valdivia), Fernando Saavedra (Limache), Luis Romero (Limache) y Juan Araya (Limache). El último en sumarse fue Luiz Ferreira, un brasilero que hoy defiende a Iberia, de Los Ángeles. No dejan de alentarse a ser cada día mejor.

“Empadrinamos cabros jóvenes para ayudarlos. Somos siete en total. Compartimos un grupo que llamamos ‘Imparables’, que son pura gente talentosa que a veces le cuesta entender que no son titulares, tienden a tener ese problema. Mathías les cuenta su experiencia, yo les transmito lo mío. Somos un grupo súper fuerte”, confiesa.

El grupo tiene fecha de expiración. Cada día que pasa queda menos para la meta que se propusieron. “Hicimos un compromiso entre todos. Cada día que pasa es uno menos para llegar a fin de año. Todos nos comprometimos a ir mejorando, a trabajar al máximo. Si de acá a fin de año no ven cambios, cada uno es libre de salirse del grupo”, comenta Fuad.

La rutina es sagrada. No se transa. Bien temprano todos los integrantes del grupo de la red social deben estar en línea. “Tenemos nuestras reglas. A las seis de la mañana ya todos deben estar disponibles para entrenar. Todos debemos entrenar más de lo que entrenan en sus respectivos equipos. No le exigimos el veganismo que yo y Mathi practicamos, pero sí les comentamos los beneficios que esto tiene. Está comprobado que cuando uno come carne cuesta mucho entrenar dos veces al otro día”, agrega.

Vidangossy cumple su palabra y trasmite su aprendizaje junto a amigo de toda su infancia, quien no deja de confiar en su progresión. “Mathías no ha tocado techo, se los digo. Nadie sabe hasta dónde puede llegar”, advierte.

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