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Las grietas que pondrá a prueba el megatemporal: el examen que supone el mayor sistema frontal en años

Las lluvias que afectarán desde Atacama hasta Los Ríos no solo medirán la intensidad del fenómeno meteorológico. También serán una prueba para la capacidad de respuesta del Estado, los municipios y las comunidades, en un escenario donde expertos advierten que las mayores vulnerabilidades siguen estando en la desigualdad territorial y la preparación ciudadana.

Se espera que las lluvias se den de manera casi ininterrumpidas a partir de las próximas horas, hasta mediados de la próxima semana.

No será solo un evento meteorológico. El sistema frontal que comenzará a impactar a la zona centro-sur durante estas horas también se transformará en el mayor examen del invierno para la capacidad de respuesta del país frente a desastres naturales.

La Dirección Meteorológica de Chile mantiene alertas por precipitaciones moderadas a fuertes y una alarma meteorológica para sectores de La Araucanía y Los Ríos, mientras un río atmosférico promete varios días de lluvias, fuertes vientos, nevadas cordilleranas y probables tormentas eléctricas.

El escenario llevó al gobierno a decretar emergencia preventiva entre Atacama y Los Ríos, activar Cogrid a nivel nacional y regional en conjunto con Senapred y otros actores que respondan ante la emergencia, además de suspender clases en varias regiones y ordenar el acuartelamiento de las unidades del Ejército desde Copiapó hasta Puerto Montt.

“Nosotros no podemos evitar un evento climático, un maremoto o un tsunami, pero sí podemos prevenir en lo que podamos”, afirmó este miércoles el Presidente José Antonio Kast durante su visita al SHOA, en Valparaíso, donde insistió en que el Estado completo se encuentra desplegado y llamó a la ciudadanía a evitar desplazamientos innecesarios, preparar kits de emergencia y colaborar con vecinos, especialmente personas mayores y electrodependientes.

Presidente Kast visitó el SHOA esta mañana.

La directora nacional de Senapred, Alicia Cebrián, informó que las autoridades coordinan evacuaciones preventivas en sectores de alto riesgo de la Región Metropolitana ante el inminente sistema frontal, especialmente en un campamento ubicado a orillas del río Mapocho en Talagante y en el campamento La Islita, en Puente Alto, para evitar la exposición de sus habitantes a una eventual crecida del cauce.

La autoridad explicó que se habilitaron albergues para acoger a las familias hasta que disminuya el nivel de los ríos y señaló que, además de los riesgos de inundaciones, existe especial preocupación por posibles activaciones de quebradas, deslizamientos y remociones en masa, pese a las obras preventivas ejecutadas por los municipios desde comienzos de año.

Pero más allá del despliegue institucional, especialistas sostienen que el verdadero desafío será comprobar cuánto aprendió Chile tras las inundaciones de 2023, los aluviones de Atacama de 2015 y otros eventos extremos registrados durante las últimas décadas.

Las grietas que podrían aparecer

Para Ricardo Fuentealba, académico del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de O’Higgins, este sistema frontal podría dejar al descubierto debilidades que siguen presentes en la gestión del riesgo.

Si bien destaca el fortalecimiento institucional impulsado por Senapred y la Ley 21.364, que sustituyó a la antigua Oficina Nacional de Emergencias (Onemi) e integró entidades públicas y privadas con competencias en las distintas fases del ciclo de riesgo de desastres, advierte que disponer de protocolos no garantiza, por sí solo, una buena respuesta.

“Aún se necesita una articulación efectiva entre las instituciones, la sociedad civil y los planes destinados a proteger a las personas”, señala.

El investigador agrega que la preparación tampoco es homogénea. Mientras algunos territorios cuentan con organizaciones comunitarias consolidadas y liderazgos locales, otros siguen enfrentando importantes brechas.

“Como todo en Chile, hay mucha desigualdad social y territorial respecto de cómo afrontar este tipo de amenazas. Siempre llueve más a quienes ya están mojados”, resume.

Además, sostiene que el cambio climático ha modificado el comportamiento de estos fenómenos, haciendo cada vez más difícil utilizar los eventos históricos como referencia para anticipar impactos.

Archivo: Aluvión en Alto del Carmen dejó una persona fallecida en 2019. CLAUDIO LOPEZ/AGENCIAUNO

Las autoridades conocen con anticipación dónde podrían aparecer los principales problemas. Según el Programa Invierno 2026 de Senapred, existen 2.363 puntos catalogados de muy alto riesgo en las diez regiones bajo emergencia preventiva.

Solo la Región Metropolitana concentra 405 sectores críticos. Destacan Buin, San José de Maipo, La Florida, Lo Barnechea, Lampa y Peñalolén, comunas donde convergen quebradas, cauces naturales y zonas históricamente afectadas por inundaciones o remociones en masa.

Uno de los lugares que concentra mayor atención es la quebrada de Ramón, donde el Ministerio de Obras Públicas limpió decantadores y dejó maquinaria pesada disponible para intervenir de inmediato si aumenta el caudal.

En paralelo, el MOP reforzó su Plan Invierno con cerca de 2.000 funcionarios, casi 1.300 máquinas, más de 150 contratos de conservación vial y una redistribución preventiva de equipos hacia las regiones con mayor exposición. Minería también levantó un catastro de maquinaria pesada e infraestructura disponible en empresas del rubro para apoyar eventuales emergencias.

Municipios, empresas y Bomberos en alerta

Los municipios comenzaron hace varios días sus propios despliegues. Santiago limpió sumideros, monitorea permanentemente más de diez puntos críticos y evacuó preventivamente personas instaladas en el cauce del río Mapocho. Providencia realizó más de 1.700 podas preventivas y limpió la totalidad de sus sumideros. Las Condes incorporó barreras móviles contra inundaciones y La Florida movilizará más de 600 funcionarios con retroexcavadoras, motobombas y camiones especializados.

En Viña del Mar también se intensificó la limpieza de quebradas y esteros, además de habilitar albergues preventivos. Las empresas de servicios básicos también reforzaron sus planes. Aguas Andinas confirmó la operatividad de su infraestructura de respaldo con autonomía de 37 horas para mantener el suministro durante episodios de alta turbiedad, mientras Enel aumentó sus recursos técnicos, reforzó el telecontrol de la red y activó protocolos especiales para clientes electrodependientes.

Bomberos de Chile, por su parte, adoptó una decisión poco habitual: la gran mayoría de los cuerpos permanecerá acuartelada antes del ingreso del sistema frontal.

Archivo: Inundación en Maipú en enero de 2026.

El comandante Juan Quevedo, punto focal operativa nacional (s) de la institución para esta emergencia, afirmó que se activó el monitoreo permanente de equipos especializados USAR para derrumbes y aluviones, unidades GERSA para rescates en inundaciones y grupos de búsqueda en zonas agrestes, todos coordinados desde un puesto nacional de comando de crisis. Si alguna región supera su capacidad operativa, el Sistema Nacional de Operaciones permitirá movilizar rápidamente recursos desde otras zonas del país.

Para Paulina Vergara, directora ejecutiva del Programa de Reducción de Riesgos y Desastres (CITRID) de la Universidad de Chile, el éxito de la respuesta no dependerá únicamente del despliegue institucional.

“Puede haber un evento, pero no necesariamente se va a transformar en un desastre. Qué tan preparadas estamos como comunidad hace mucha diferencia”, afirma.

La especialista sostiene que el kit de emergencia solo tiene sentido cuando forma parte de un plan familiar previamente definido, que considere puntos de encuentro, formas de comunicación y las necesidades de niños, personas mayores, pacientes crónicos y mascotas.

A ello se suman medidas cotidianas como mantener despejados los desagües domiciliarios, evitar arrojar basura a canales o quebradas y seguir permanentemente las alertas oficiales. Los meteorólogos advierten que el principal riesgo no estará en lluvias excepcionalmente intensas, sino en su duración. Varias jornadas consecutivas de precipitaciones podrían saturar los suelos y aumentar progresivamente el riesgo de inundaciones y remociones en masa.

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