Por Nelly YáñezEl arduo tránsito oficialista de los republicanos
En la última semana estallaron las fuertes diferencias entre Chile Vamos y el Partido Republicano, al que acusan de no comportarse como el principal partido del oficialismo y de seguir en la lógica de la campaña electoral. La acusación constitucional contra el exministro de Hacienda Nicolás Grau enfrentará nuevamente este martes en el Senado a las dos almas de la administración Kast.

La noche del 18 de mayo, el Presidente José Antonio Kast cerró el ciclo de reuniones en La Moneda. Había sido una jornada larga y difícil. Al otro día anunciaría el primer cambio de gabinete, a solo 69 días de su llegada al gobierno, con la salida de las ministras de Seguridad, Trinidad Steinert, y de la Segegob, Mara Sedini, ajuste al que ese lunes le había terminado dando el vamos.
Pero le quedaba otro asunto que atender: la queja al interior del Partido Republicano por los costos que estaban asumiendo al ser el principal partido del oficialismo, alcances que quería analizar con algunos históricos de esa tienda.

Hacía siete días que se había juntado con la bancada republicana en Cerro Castillo para contener las tensiones internas y alinear posiciones frente a la agenda legislativa, que se habían desatado tras el público reclamo del presidente del partido, Arturo Squella, en contra del jefe de asesores del Segundo Piso, Alejando Irarrázaval, ante la serie de errores comunicacionales y de coordinación cometidos por La Moneda. Y, ahora, buscaba medir la temperatura de lo que estaba pasando en un ambiente más distendido, en una cena -en su residencia, en la sede de gobierno- con algunos “históricos” de esa colectividad, entre ellos el fundador, Javier Leturia, quien a fines de marzo asumió como vicepresidente.
Una fuente de Palacio revela que el mandatario, para no tener problemas con la Contraloría -tras el almuerzo que organizó en abril con 70 excompañeros de Derecho de la Universidad Católica-, les pidió a los comensales que llevaran su propio táper con los alimentos que comerían esa noche.
Para el entorno de Kast no era desconocido que el aterrizaje republicano en La Moneda ha provocado tensiones internas -partiendo por el “vaciamiento” que provocó en esa tienda la migración del propio Presidente y de otras figuras a cargos de gobierno-. Y, externas, sobre todo con Chile Vamos, con cuyo proyecto político siguen en colisión. Esto último quedó expuesto en el comité político ampliado del lunes en La Moneda.
La cita partió tensa. De fondo estaba el informe final de la Contraloría sobre presuntas irregularidades en vuelos chárter con niños procedentes de Haití bajo el programa de reunificación familiar, caso que había desatado una serie de reacciones políticas y elucubraciones. La recomendación del biministro del Interior y de la Segegob, Claudio Alvarado, fue mantener la prudencia.
“Hay que cuidar las frases”, les dijo.
“Ministro, la opulencia verbal no proviene de nuestro sector”, planteó el jefe de bancada de RN, diputado Diego Schalper, en una abierta separación de responsabilidades. Su punto hacía referencia a los dichos del republicano Enrique Bassaletti, quien había deslizado la hipótesis de un eventual tráfico de órganos, delito que fue descartado por la Fiscalía.
Uno de los participantes revela que ese día la UDI y Renovación Nacional se sentaron a la mesa con la disposición de exigir la intervención del gobierno para poner freno a los cuestionamientos de los republicanos, a quienes acusan de no estar comportándose como el principal partido del oficialismo, de no asumir que son el partido del presidente y de seguir en la lógica de la campaña electoral.
La crispación de fondo fue abordada por la presidenta de Renovación Nacional, Andrea Balladares, quien tomó la palabra para sentenciar que no estaban dispuestos a aceptar faltas de respeto en contra de los diputados de RN que se oponían a la acusación constitucional en contra del exministro de Hacienda Nicolás Grau, por considerar -entre otras cosas- que tendría un impacto en la aprobación de la megarreforma.

La preocupación de la senadora estaba puesta en los efectos políticos que la escalada de fricciones tendría en la votación del día siguiente en la Cámara -que terminó con la aprobación de la ley por 77 votos a favor, 68 en contra, entre ellos cuatro RN, y una abstención-, y también en lo que se avecina para este martes en el Senado, instancia que podría terminar rechazando la acusación en contra del exministro de Boric con los votos de algunos RN.
“El problema es que si las peleas no se paran a tiempo, puede venir una nueva arremetida en contra de la ‘derechita cobarde’, como nos llaman”, advierte un parlamentario de Chile Vamos.
El historial de desavenencias es largo.
En la mira de los RN están las declaraciones de los republicanos José Carlos Meza, Benjamín Moreno, Luis Fernando Sánchez y Agustín Romero, quienes han cuestionado en distintos tonos a esa coalición y a Schalper por no plegarse a esa acción.
Las críticas de mayor calibre apuntan hacia Romero, de estilo franco e irónico, a quien acusan de ser el que más incómodo se siente con Chile Vamos en el gobierno y por representarles -cada vez que puede- que salieron quintos en la última presidencial.
“Muchos republicanos no nos quieren ahí y Romero representa ese sentimiento, esa es la verdad”, sostiene una parlamentaria de la casona de Antonio Varas.
A ello atribuyen que días antes de la presentación de la megarreforma en el Congreso, el parlamentario haya afirmado en La Tercera que “si alguien del oficialismo no está de acuerdo con lo que presente el gobierno, que analice si quiere seguir acá”. Y que en el asunto de la acusación constitucional contra Grau planteara que si no se suman “tendrán que responder frente a su electorado”, lo que desató una dura respuesta de la UDI, señalando que “los tiempos de la ‘derechita cobarde’ se acabaron”, y que haya sostenido, en los últimos días, que “no me veo en una lista electoral con gente de Chile Vamos”, y le enrostrara a Evelyn Matthei el haber salido quinta en la última presidencial.
“Ministro, nosotros tampoco vamos a aceptar faltas de respeto contra Matthei”, sostuvo el presidente de la UDI, Guillermo Ramírez, al tiempo que le preguntó a su par del Partido Republicano, Arturo Squella, si las declaraciones de Romero representaban la posición oficial de ese partido.
“Estamos cansados de que Romero haga las veces del malo y que nadie lo frene. Hay que recordar que él no es un diputado cualquiera; que es presidente de la Comisión de Hacienda, por lo que tiene una responsabilidad mayor, y que está ahí con los votos de nuestro sector”, afirma un parlamentario de Chile Vamos.
La salida del ministro Alvarado fue que establecieran un espacio de coordinación, lo que fue rechazado por RN y la UDI, afirmando que no querían una instancia fuera del gobierno. Mientras que Squella, cuya postura de consenso con Chile Vamos no es compartida por todos los republicanos, abogó por dejar de lado las rencillas y centrarse en la unidad.
“Es natural que pueda haber diferencias; son parte del acople de un oficialismo que no viene de una misma coalición y que tiene diferentes formas de afrontar los problemas. Pero para nosotros es un capítulo superado”, dice el jefe de bancada de los republicanos, Benjamín Moreno.
El problema es que para Chile Vamos el asunto sigue vigente. De hecho, RN -tras la dura reunión del lunes- emitió una declaración en la que acusó “trato hostil y agresivo” y prácticas de “matonaje político”.
Las quejas republicanas
No pocos añoran los tiempos cuando un puñado de dirigentes -encabezados por Kast- se aglutinó en 2017 en un pequeño departamento de Moneda 920, a pocos pasos de la sede de gobierno, desde donde levantaron Acción Republicana e Ideas Republicanas -el think tank del partido- y drásticas banderas que corrieron los cercos en la derecha y que los llevaron al triunfo después de tres incursiones presidenciales.
“Eran los tiempos en que no teníamos que rendirle cuentas a nadie”, comenta un exintegrante de ese partido, al recordar que en marzo de 2020 incluso se declararon oficialmente de oposición al gobierno de Sebastián Piñera.
La euforia por el triunfo del 14 de diciembre de 2025 llevó a muchos a tener la expectativa de contar con un gobierno integrado 100% por republicanos. Era la forma de llevar a la práctica un proyecto propio y marcar su sello identitario.
Pero quienes participaron de las negociaciones que sucedieron al triunfo de Kast -en las oficinas de calle La Gloria, en Las Condes- comentan que la idea fue descartada tempranamente por él mismo. El presidente electo estaba consciente de que su paso del 23,9% al 58,17% no había sido en solitario, que el gobierno que venía no era fácil y que para ello requería de una base amplia de apoyo. Primaba, también, la opinión de que no debían repetir la experiencia del gobierno de Gabriel Boric, quien tuvo que llamar al poco tiempo al Socialismo Democrático.
“Había que involucrarlos a todos desde un principio”, cuenta una fuente.

Kast optó por un diseño de mayoría independiente, pero con representantes de todos los partidos que lo apoyaron. Republicanos debió ceder y conformarse con dos ministerios sectoriales -María Jesús Wulf en Desarrollo Social y Martín Arrau en Obras Públicas-, más tres subsecretarías. Hasta hoy se mantiene esa proporción, aunque con Arrau como jefe de la cartera de Seguridad.
“Estamos gobernando con una coalición de gobierno, pero no con una coalición de partidos previamente estructurada como lo hizo en su minuto la Concertación. Y eso, obviamente, tiene desafíos para todos”, señala una fuente republicana.
El salto del partido al poder fue gigantesco, con la Presidencia de la República, más 31 diputados y cinco senadores. Pero también perdió estructura con la renuncia de Kast a la militancia y la salida de otras figuras, que eran claves en la toma de decisiones.
“La reorganización del partido, el nuevo relato, los nuevos socios y la coordinación, sin duda, se ha hecho más compleja. No es una crítica, es un dato de la realidad. Pero escaramuzas más o menos, la relación dentro de todo ha sido razonable”, dice un habitante de La Moneda.
Desde la casona de Presidente Errázuriz resumen su línea estratégica en lealtad con el gobierno, pero sin pérdida de identidad. A ello adjudican que Squella se haya enfrentado al Segundo Piso, en específico al jefe de los asesores, Alejandro Irarrázaval, ante la seguidilla de errores que estaba cometiendo La Moneda. El impasse lesionó la relación del senador con Kast, y la “paz” sólo se terminó sellando el domingo 24 de mayo -cuando Squella fue a almorzar a Cerro Castillo- y con el cambio del modelo centralizado desde el Segundo Piso, que empoderó al ministro Alvarado.
La decisión de La Moneda -como principio general- es que las directivas deben resolver sus dificultades. Pero se confidencia que esta vez -ante la escalada de roces- la instrucción del Segundo Piso fue bajar los decibeles y enfocarse en lo importante: la aprobación de la megarreforma.
“Entiendo que vamos a seguir teniendo diferencias, porque somos proyectos políticos distintos, pero al final del día trabajamos en forma conjunta. Lógicamente, hay discrepancias, porque es evidente que Chile Vamos no es lo mismo que el Partido Republicano y viceversa. Bienvenidas sean las diferencias”, dice el diputado Francisco Orrego.

Pero hay resquemores. Los republicanos insisten en que ellos ganaron la elección y que en pro de un proyecto común han debido bajar varias de sus banderas, como las valóricas -el aborto en tres causales y la eutanasia-, y el que hasta ahora no se haya dictado un indulto a procesados por derechos humanos durante el régimen militar o a funcionarios de las Fuerzas Armadas y de Orden durante el estallido social de 2019.
No han logrado -además- la rebaja de sueldos a autoridades y altos funcionarios públicos, que era una de sus promesas de campaña, ni rebajar a 18 el número de ministerios, aunque de los 25 iniciales, hoy hay 22.
Pese a ello, sostienen que han sido leales con el gobierno, incluso apoyando la gestión de la exfiscal Trinidad Steinert, la que no compartían, así como tampoco la puesta en escena a nivel comunicacional de Mara Sedini.
“Nos hemos tragado varios sapos”, afirma un parlamentario.
En lo que no retrocedieron fue en el rechazo al apoyo de la expresidenta Michelle Bachelet a la Secretaría General de la ONU. “Si La Moneda hubiera apoyado esa opción, el partido se habría quebrado”, asegura un diputado.
“Estamos en un proceso de ajuste, de ser oposición a ser oficialismo, y eso demanda un cambio y aprender a cómo se trabaja en conjunto. Tenemos diferencias con los otros partidos de gobierno y eso es natural y está bien, porque somos distintos, pero tenemos que aprender a trabajar juntos. No ha sido del todo fácil, pero tampoco ha sido tan terrible”, sostiene el diputado republicano Stephan Schubert.
Una visión similar tiene su par Cristián Araya. “Son las diferencias propias de tener proyectos políticos distintos, pero entendiendo que somos parte de un mismo gobierno. El foco es recuperar la seguridad y la economía; el resto es absolutamente superable”.
Pero hay molestia con Chile Vamos, especialmente con RN y Matthei, a quien admiten no tenerle nada de estima y acusan de mantener una permanente crítica en contra del gobierno de Kast.
La última intervención de la exalcaldesa fue el miércoles, en conversación con el matinal Tu Día, donde planteó: “Acá prometieron a todo Chile que tenían el mejor plan contra la delincuencia. No tenían nada, ni siquiera ministros”. Punto que fue rebatido al día siguiente nada menos que por el propio ministro Arrau, uno de los hombres más cercanos al Presidente Kast: “Yo la invito a informarse de buena manera. El plan fue presentado al Congreso. Está ahí, disponible”.
En Chile Vamos la visión es distinta. Sostienen que los republicanos se dan todos los gustitos; que hablan con dureza sobre temas económicos, sobre el cobro del CAE y, en el fondo, ellos tienen que aparecer poniendo mesura. “Eso nos tiene muy cansados, porque todos debemos ser responsables”, enfatiza un senador de Chile Vamos.
En medio de estos dimes y diretes, el Partido Cristiano ingresó al conflicto y emplazó a Chile Vamos a definir su rol en el Ejecutivo, afirmando que “la ambigüedad debilita”. Otro elemento que da cuenta de la difícil convivencia entre las dos almas de la administración Kast.

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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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