Por Andrés GómezAna María Stuven: “Cualquier feminismo que se defina desde una posición antimasculina está contradiciendo sus propias categorías fundamentales”
La historiadora publica Feminismo, un ensayo que reconstruye dos siglos de historia de la lucha por los derechos sociales y políticos de las mujeres en el país. En esta entrevista releva el feminismo como una tradición plural, reflexiona sobre el Mayo feminista y aborda los desafíos y tareas pendientes.

Desde su oficina solía ver un parque al otro lado de la calle. Por entonces, Ana María Stuven dictaba un curso de historia de las mujeres en el Campus San Joaquín de la UC. Un parque o una casona de campo, pensaba. Hasta que supo en realidad que se trataba de la Cárcel de Mujeres. La revelación no solo la sorprendió; la obligó a mirar su mundo de otro modo:
—Yo llevaba 30 años haciendo clases ahí y no sabía que al frente había una cárcel. Y eso habla de mi absoluta desvinculación del mundo donde vivo, por el colegio donde asistí, por la universidad donde asistí, por las oportunidades que he tenido. Y dije: ¿Cómo puede ser que yo no conozca este mundo?
Doctora en Historia por la Universidad de Stanford y una de las principales especialistas en historia de las mujeres en Chile, Stuven cruzó Vicuña Mackenna, golpeó la puerta y entró.
—Entré a la cárcel y me cambió la vida, porque me hizo ver la invisibilización de las mujeres, el dolor de esas mujeres, me hizo ver la injusticia contra ellas, la discriminación, y me hizo ver que esta es una sociedad donde los quiebres no nos permiten hablar entre dos mundos.
Aquella experiencia fue el germen de la corporación Abriendo Puertas, dedicada a la reinserción de mujeres privadas de libertad. A ellas dedica acaso el capítulo más personal de su nuevo libro, Feminismo. Un concepto necesario para la historia de las mujeres en Chile.
El feminismo es un concepto que históricamente ha nombrado la agencia de las mujeres en función de sus demandas y de su progreso dentro de la ciudadanía.
Publicado por el sello Crítica, el libro es un ensayo histórico que hace un recorrido por más de dos siglos en torno al concepto de feminismo, como parte del proceso histórico de ampliación y conquista de los derechos sociales y políticos de las mujeres. Alejada de visiones militantes, la historiadora pone el acento en la acción de ellas como protagonistas de la historia.
—El feminismo es un concepto que históricamente ha nombrado la agencia de las mujeres en función de sus demandas y de su progreso dentro de la ciudadanía -dice.

El libro fue presentado por la historiadora Verónica Undurraga y el analista Daniel Mansuy en el Teatro Municipal, escenario donde en 1949 se firmó la ley que otorgó el sufragio universal a las mujeres. En la presentación se encontraban la nueva rectora de la Universidad de Chile, Alejandra Mizala; la exministra de la Mujer Antonia Orellana, consejeras de ComunidadMujer, académicas y estudiantes.
Es un concepto que genera muchos debates ideológicos, especialmente desde el surgimiento del movimiento woke y de las demandas feministas contra la violencia, que efectivamente son demandas justificadas y reales.
Profundamente documentado, con densidad conceptual y un lenguaje transparente, Ana María Stuven narra la historia del feminismo en el país como un proceso continuo, más que ciclos de olas, y donde se encontraron y debatieron una pluralidad de visiones: el feminismo católico, los movimientos laicos, el feminismo obrero, el feminismo gradualista de Amanda Labarca y el igualitarista de Elena Caffarena, el feminismo conservador y el militante.
Usted escribe que “el concepto de feminismo es hoy un campo minado en Chile”. ¿Por qué?
Es un concepto que genera muchos debates ideológicos, especialmente desde el surgimiento del movimiento woke y de las demandas feministas contra la violencia, que efectivamente son demandas justificadas y reales. Pero hablar de feminismo no es solamente hablar de mujeres; es hablar de la sociedad chilena, de la sociedad política y civil. Es hablar de cómo las mujeres se integran a la comunidad.

La década de los 60 suele verse como un momento de transformación. ¿Qué ocurrió con las mujeres?
La Revolución en Libertad de Eduardo Frei produce una transformación importante, si bien no está planteada en términos de género. Además, la presencia de la izquierda y del socialismo influye sobre las mujeres. Ya existen sectores femeninos que comienzan a involucrarse políticamente de una manera mucho más activa. Yo misma salí de un mundo muy conservador, pero muchas mujeres de mi generación entraron después a movimientos de izquierda. Hubo una transformación muy profunda que afectó a las mujeres.
Desde Luis Emilio Recabarren en adelante, los partidos socialistas y comunistas privilegiaron históricamente la lucha de clases por sobre las luchas de género.
¿Las demandas de género entraron en los partidos de izquierda?
Ahí se produce una paradoja interesante. Desde Luis Emilio Recabarren en adelante, los partidos socialistas y comunistas privilegiaron históricamente la lucha de clases por sobre las luchas de género. Por lo tanto, las mujeres no ocuparon un lugar prioritario dentro de sus propuestas. Eso no significa que no hubiera habido mujeres relevantes dentro de esos movimientos. Piensa en Belén de Sárraga, por ejemplo, desde una postura anarquista y anticlerical. Pero, en términos generales, dentro de las formulaciones del socialismo y del comunismo la mujer no ocupó un lugar central. Figuras como Julieta Kirkwood no lo tuvieron fácil en ese contexto. Lo fundamental seguía siendo la lucha de clases.
En los años 70 tenemos las marchas de las cacerolas, donde las mujeres asumieron una voz pública en oposición a la Unidad Popular.
Las mujeres de derecha también adquirieron protagonismo durante la Unidad Popular.
Exactamente. Las mujeres de la clase dirigente asumieron un rol parecido al que habían tenido en defensa de la Iglesia durante el siglo XIX. Salieron públicamente. Así como en 1860 las mujeres fueron a las tribunas del Congreso a protestar contra el radicalismo y contra Manuel Montt, en los años 70 tenemos las marchas de las cacerolas, donde las mujeres asumieron una voz pública en oposición a la Unidad Popular. El anticomunismo penetró muy fuertemente entre las mujeres de élite.
¿Eso también podría entenderse como feminismo?
Sí, en la medida en que es agencia femenina. Yo defino el feminismo fundamentalmente como una forma de agencia. Ahora, es una agencia puesta al servicio de una causa que probablemente no era una causa de género. Pueden no ser mis valores, pero sí constituyen una forma de acción femenina en el espacio público.
¿Cómo reconfiguró la dictadura el movimiento feminista?
Durante la dictadura hubo una reformulación de la agencia de las mujeres. Yo insisto en que los códigos de género se relacionan directamente con la sociedad civil y con la sociedad política. En ese contexto, la represión —especialmente sobre los sectores de izquierda— llevó a muchas mujeres a incorporarse a la defensa de los derechos humanos. Fue un fenómeno muy importante. Además, hubo una participación muy activa de mujeres de sectores populares en las ollas comunes y en diversas formas de organización comunitaria.
¿Y con el retorno a la democracia?
Existe una interpretación que sostiene que el retorno a la democracia debilitó al movimiento feminista, porque a partir de entonces el Estado comenzó a involucrarse directamente en estas materias. Surge el Sernam y posteriormente el Ministerio de la Mujer. Es decir, el Estado comienza a asumir un rol activo en la promoción de los derechos de las mujeres.

¿Cuánto se ha avanzado desde entonces?
Muchísimo. Eso no significa negar las brechas que todavía existen, pero el avance ha sido enorme. Piensa en las leyes de cuotas, en el Ministerio de la Mujer, las reformas relacionadas con la administración de bienes, con la filiación, con las relaciones familiares y con la igualdad jurídica. Hay una enorme cantidad de leyes relevantes. En todos aquellos ámbitos donde las mujeres arrastraban brechas históricas, las políticas de acción afirmativa aceleraron su integración. Y eso me parece muy importante.
Ahora, todavía existen ámbitos donde las desigualdades persisten. Pienso en el acceso a cargos directivos, en las empresas, en los espacios de poder económico. Todavía existe un ejercicio del poder predominantemente masculino que debe comenzar a transformarse gradualmente. También persisten brechas en el acceso al trabajo. Hoy, por ejemplo, el debate sobre la sala cuna es muy importante. Ojalá salga adelante y salga bien.
Afirmar que el Estado sea un violador es una exageración y un error político.
Después del Mayo feminista surgió una fuerte crítica al Estado, sintetizada en la consigna “El violador eres tú”. ¿Cómo observa ese fenómeno?
El movimiento de LasTesis es interesante, porque lleva estas discusiones al terreno de la performance y de la representación teatral. Yo soy muy crítica de la consigna “El violador eres tú”, porque pone en el Estado una responsabilidad que, a mi juicio, corresponde más bien a estructuras sociales patriarcales que no han sido superadas. Afirmar que el Estado sea un violador es una exageración y un error político. Creo que siguen existiendo estructuras patriarcales y machistas que invisibilizan o perjudican a las mujeres. Ahí está el problema principal.
Entonces, ¿el principal desafío es cultural?
Lo fundamental es el cambio cultural. El Estado normalmente va detrás de los cambios culturales. Es cierto que en Chile todavía existen transformaciones muy importantes que el Estado podría favorecer. Por ejemplo, en la promoción de políticas contra la violencia hacia las mujeres todavía hay muchos temas pendientes. Los femicidios siguen siendo fenómenos presentes en nuestra sociedad. Leyes más duras contra la violencia hacia la mujer podrían contribuir a enfrentar esos problemas.
Pero también hay otros aspectos fundamentales, como exigir la corresponsabilidad en el hogar, que los hombres asuman efectivamente responsabilidades familiares y domésticas. La corresponsabilidad es algo que el Estado podría fomentar mediante políticas culturales. Ahora bien, eso es muy distinto a afirmar que el Estado sea el violador.
¿Qué ocurre cuando se genera una polaridad entre el mundo masculino y el mundo femenino? Que, en el fondo, se rompen los códigos de género.
A partir de 2018 las demandas se aceleraron y los movimientos feministas pasaron a la ofensiva. ¿Qué efecto produjo?
Yo creo que generó una polarización respecto del uso mismo del concepto de feminismo. Y eso me parece muy grave. Yo sostengo que el feminismo es un concepto necesario para la historia de las mujeres y para los movimientos feministas. ¿Qué ocurre cuando se genera una polaridad entre el mundo masculino y el mundo femenino? Que, en el fondo, se rompen los códigos de género, porque estos plantean una estructura relacional.
Pero, desgraciadamente, algunos feminismos más radicales han socializado una imagen según la cual el movimiento feminista aparece como un movimiento antimasculino. Y eso me parece una distorsión del propio concepto de feminismo y también del concepto de género.
Algunos sostienen que esa radicalización terminó provocando una reacción conservadora. ¿Comparte ese diagnóstico?
Yo diría que existen ciertos sectores que, efectivamente, hablan en términos muy críticos del feminismo. Aparecen expresiones como “feminazis” y otras formulaciones de ese tipo. Probablemente eso forma parte de movimientos pendulares que existen en las sociedades cuando se producen giros hacia posiciones más conservadoras. Pero no necesariamente creo que eso vaya a afectar profundamente los avances logrados.
Por supuesto, pueden surgir voces críticas, como las de Camille Paglia y otras autoras, que cuestionan algunos aspectos de los cambios recientes o plantean interrogantes sobre ciertas formas de ejercicio del poder. Esos debates probablemente van a continuar. Pero me parece que, finalmente, los argumentos a favor de la igualdad y de la inclusión de las mujeres tienen una fuerza muy difícil de invalidar. Una de las intenciones de mi libro es precisamente defender el feminismo como una categoría histórica que sigue siendo plenamente vigente.

¿Cuán responsable fueron los movimientos radicales en esta pérdida de adhesión del feminismo?
Cuando grupos feministas toman una universidad y no permiten el ingreso de hombres, lo que están haciendo es atentar contra los propios códigos de género y generar un desprestigio del movimiento feminista que, a mí, me parece gravísimo. Porque yo defiendo la existencia de los movimientos feministas; creo que siguen siendo necesarios para enfrentar las brechas que todavía existen contra las mujeres. Pero cualquier feminismo que se defina desde una posición antimasculina está contradiciendo sus propias categorías fundamentales.
El patriarcado perdura, en parte, porque existen ciertos códigos patriarcales que las propias mujeres seguimos reproduciendo.
¿Cuál debería ser el horizonte del feminismo? ¿La abolición del patriarcado?
Yo creo que el horizonte del feminismo consiste en ir superando progresivamente todas las brechas que todavía subsisten para alcanzar una inclusión sustantiva de las mujeres. El patriarcado es un fenómeno cultural. Y pienso que en la medida en que esas brechas vayan desapareciendo, el patriarcado también tenderá a debilitarse. Yo creo que la abolición del patriarcado también depende de las propias mujeres. Porque el patriarcado perdura, en parte, porque existen ciertos códigos patriarcales que las propias mujeres seguimos reproduciendo.
Entre los temas pendientes usted menciona la situación de las mujeres privadas de libertad.
Ese es uno de los espacios donde se observa con mayor claridad el atraso que todavía existe en materia de igualdad y de visibilización de las mujeres. El sistema carcelario femenino ha sido pensado fundamentalmente desde parámetros masculinos. Existe una invisibilización importante cuando se aplican los mismos criterios penales a hombres y mujeres sin considerar las diferencias sociales y familiares que muchas veces existen.
Ana María Stuven agrega:
—Hay una especie de ceguera respecto de las consecuencias sociales que tiene la privación de libertad femenina. El 80% de las mujeres privadas de libertad son madres de un promedio cercano a tres hijos. Entonces, cuando nos preguntamos por qué determinados niños terminan reproduciendo situaciones de vulnerabilidad o delincuencia, también tenemos que preguntarnos dónde están sus madres. En una sociedad que valora la familia, me parece necesario revisar y evaluar el sentido de ciertas condenas aplicadas a determinados perfiles de mujeres.

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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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