Las secuelas silenciosas e invisibles del Covid-19

A 33 meses de la llegada del primer caso, el país ha ido retomando la normalidad, pero el virus aún contagia, hospitaliza y causa la muerte de una veintena de personas diarias. Pero a eso hay que sumar el estrés, las listas de espera por otras patologías y las licencias médicas. Un presente aún complicado.


La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la pandemia por coronavirus el 11 de marzo de 2020. Ocho días antes, el 3 de marzo, el virus se había instalado en Chile: un médico de Talca lo trajo desde el sudeste asiático. En poco tiempo, y al igual que el resto del mundo, Chile se vio forzado a implementar medidas estrictas para controlar la propagación del Covid, como el uso de mascarilla de forma obligatoria y las cuarentenas.

Transcurridos mil días desde el primer caso en el territorio, el panorama es muy diferente. Y es que hace más de un año que no hay aislamientos masivos, pues el 30 de septiembre de 2021 se puso término al estado de excepción -regía desde el 19 de marzo de 2020, medida que permitía decretar las máximas restricciones de movilidad, como el toque de queda y el confinamiento.

Además, el pasado 1 de octubre se eliminaron las medidas más estrictas que iban quedando, como el Pase de Movilidad y el aforo, abriendo así el capítulo final de la pandemia.

Sin embargo, en algunos aspectos el virus sigue presente, pues aún hay personas que se contagian, hospitalizan o mueren a causa de la enfermedad. De acuerdo al último reporte de las autoridades sanitarias, este viernes se informaron 4.274 nuevos contagios de coronavirus. Además, el Departamento de Estadísticas e Información de Salud (DEIS) informó de 26 fallecidos por causas asociadas a la enfermedad.

Eso sí, los expertos advierten que no es como antes. Durante la última jornada se informó que había 132 pacientes en unidad crítica (UCI) por coronavirus. Esta es una de las más bajas desde el inicio de la emergencia, cuando los primeros registros -16 de abril de 2020- informaban que habían 384 contagiados que requerían cuidados complejos. Tampoco se compara con uno de los momentos más críticos -7 de mayo de 2021-, cuando se alcanzó el número máximo de camas habilitadas (4.544), con más de 3.000 personas en cuidados intensivos.

“Esto confirma la eficacia que tienen las vacunas, principalmente para prevenir complicaciones y la muerte debido a la infección por Sars-CoV-2″, destaca Carlos Pérez, infectólogo de Clínica Universidad de los Andes y decano de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Universidad San Sebastián.

Las muertes por Covid-19 también se han reducido. Durante 2020 se registraron 16.608; en 2021, 21.408, y a un mes de terminar el 2022 van 12.823.

Sin embargo, Pérez dice que “desafortunadamente siguen falleciendo personas. Ojalá llegáramos a cero, pero esto va a seguir ocurriendo mientras tengamos pacientes graves y ventilación mecánica”.

Gabriel Cavada, epidemiólogo y académico de la Escuela de Salud Pública de la U. de Chile, agrega que “nos olvidamos de que existe el virus, y ese delincuente sigue cobrando vidas”.

Según información del DEIS, durante octubre se registraron 499 decesos producto del virus, mientras que en noviembre el número de fallecidos llegó a 754. El aumento fue de 49%.

Cavada afirma que esto se debe a la baja adherencia al proceso de inoculación: “Se supone que la cantidad de personas vacunadas con la primera dosis tenía que ser igual que con el resto de las dosis, pero eso no fue así”.

Para enfrentar la pandemia, la red asistencial detuvo algunas actividades para concentrarse en el virus. Mil días después, las consecuencias son visibles.

El médico Sebastián Ugarte, jefe de la Unidad de Paciente Crítico de la Clínica Indisa, explica que cada vez son menos los pacientes Covid que necesitan cuidados intensivos: “Hay una serie de enfermedades crónicas que fallaron en su control regular y eso ha generado cuadros de descompensación aguda”. Y, por otro lado, está “la demanda de patologías no atendidas oportunamente durante la pandemia, como por ejemplo los pacientes oncológicos, que tuvieron retardo en su atención”.

César Vicherat, director subrogante del Hospital El Carmen de Maipú, coincide en que “hoy la complejidad de la atención asistencial está dada por las otras patologías diferentes al coronavirus y que durante los años de la pandemia quedaron sin atención”.

Este impacto se notó en las listas de espera. De acuerdo al informe que envió el Minsal al Congreso, al 30 de septiembre de 2021 la cantidad de tratamientos postergados era de 49.088; al 30 de septiembre de 2022, eran 70.363. El aumento fue de 21.275 (43%).

Asimismo, Vicherat afirma que enfrentan otro problema: el cansancio del personal sanitario.

“El sector salud ha pasado por un continuo desgaste, porque hubo funcionarios que tuvieron que aislarse por tener algún tipo de riesgo, por lo tanto, hay mucha gente que enfrentó la pandemia y que tuvo que estar cubriendo turnos largos”, afirma.

De acuerdo a las cifras de la Subsecretaría de Redes Asistenciales, el índice de ausentismo laboral se mantiene alto: en prepandemia fue de 25,5 días promedio, pero durante la crisis sanitaria se sobrepasaron los 30 y ahora en 2022 el indicador acumulado de enero a octubre es 29,4 días promedio, proyectándose 35,6 días a diciembre.

En ese contexto, Francisca Crispi, presidenta del Colegio Médico de Santiago, afirma que estos niveles son producto del alto estrés al que han estado sometidos los funcionarios de salud, pues además del Covid, deben atender otras patologías: “En invierno tuvimos una explosión de los virus respiratorios, y fue tan duro que se tuvieron que adelantar las vacaciones. También se sumó la viruela de mono, por lo que el sistema ha estado muy tensionado. Esto tiene un costo que en gran medida los trabajadores de la salud pagan con problemas de salud mental”.

De acuerdo al Minsal, entre enero de 2021 y marzo de 2022 se recibieron más de 180.000 licencias médicas por motivos de salud mental asociadas a los funcionarios de salud. Estos permisos totalizaron 3.323.415 días. Y la principal causa, según datos de las autoridades, son los trastornos mentales y del comportamiento, llegando al 27%. Le siguen el Covid-19 y sus relacionados y, en tercer lugar, las enfermedades del sistema osteomuscular.

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