Por Rocío LatorreKast puertas adentro: cuánto ha cambiado el Presidente en el poder
Prefiere que su círculo más íntimo lo llame por su nombre y no por el cargo. No tiene problemas en usar WhatsApp para comunicarse con sus ministros y se vio obligado a realizar bilaterales con ellos, ajustando su estilo de trabajo. Lo que más ha lamentado, hasta ahora, fue realizar un almuerzo con sus excompañeros de universidad.

“¿Quieren conocer mi departamento?”. Con entusiasmo, cada vez que tiene visitas especiales a La Moneda, el Presidente José Antonio Kast los invita a recorrer las instalaciones donde reside junto a la primera dama, María Pía Adriasola.
El tour inicia con un pasillo que tiene un escritorio, que no utiliza mucho en el día a día. Continúa con una sala que se adaptó como living-comedor. Sillones de color taupe, una televisión, mesas laterales y un frigobar donde guarda algunos snacks. Además, hay dos camas pequeñas tipo nido. “Por si los niños se quedan a dormir”, comenta Kast, según quienes han protagonizado el recorrido por el lugar.
Luego hay una puerta que separa ese espacio de la habitación presidencial. Lo primero que llama la atención es una gran lámpara, estilo candelabro, que es propia del Palacio de La Moneda. El lugar es el menos parecido a una oficina pública dentro de todo el complejo. Fotografías familiares, imágenes de hijos y nietos, y objetos personales buscan romper con la sensación institucional que domina el resto del edificio. Y Kast hace gala de eso.
La decoración quedó en manos de Macarena Honorato, amiga de larga data de Adriasola. El trabajo combinó elementos provenientes de la casa familiar en Paine, parte del inventario histórico de La Moneda y algunos objetos nuevos adquiridos para la residencia. La instrucción explícita de los Kast Adriasola fue que el espacio fuera funcional, sobrio y sin mayores lujos.
A diferencia del expresidente Gabriel Boric, Kast sí contaba con una residencia propia en la Región Metropolitana. Su casa en Paine había sido durante años el centro de operaciones familiares y políticas. Sin embargo, los largos tiempos de traslado terminaron inclinando la balanza. La evaluación ha sido positiva: permanecer en Palacio le ha permitido optimizar jornadas que suelen comenzar antes de las siete de la mañana y terminar avanzada la noche.
Pronto se cumplen 100 días desde que asumió formalmente la Presidencia, el pasado 11 de marzo. La vida en Palacio -casi siempre de lunes a viernes- es parte de la nueva rutina del fundador del Partido Republicano.

La decisión de convertir La Moneda en residencia permanente también obligó a realizar ajustes operativos. Uno de ellos fue la instalación de una caseta de seguridad por calle Morandé, con vigilancia permanente hacia el sector donde vive el Mandatario. También se reforzó la presencia de escoltas en el ala residencial.
Los problemas derivados de la adaptación han sido menores. Algunos inconvenientes con la calefacción y detalles propios de la habilitación de un espacio concebido originalmente para otros fines. “Nada del otro mundo”, comenta el Presidente cuando le preguntan por su estadía en La Moneda.
La rutina presidencial también ha incorporado espacios para la vida personal. Se mantienen los ya conocidos “martes de pololeo” con Adriasola, una costumbre que ambos preservan incluso en medio de la intensidad del gobierno. También existen momentos reservados para encuentros con un pequeño grupo de personas que forman parte de su círculo de mayor confianza.
Entre ellos figuran el jefe del Segundo Piso, Alejandro Irarrázaval; el administrador de La Moneda, Julio Feres; el director nacional del Servicio Civil, Pedro Lea-Plaza, y el abogado Rodrigo Pérez, exgerente de Colbún y el “guardián legal” de todas las cosas que firma el Mandatario.
No existe una fecha fija. A veces son desayunos. En otras ocasiones, conversaciones informales durante la jornada. Lo relevante no es el formato -dicen-, sino la posibilidad de intercambiar impresiones lejos de las dinámicas propias del gobierno.
La residencia presidencial de Cerro Castillo, en Viña del Mar, también ha adquirido un papel relevante en esta primera etapa.
Además de servir como espacio para reuniones políticas y encuentros reservados, ha funcionado como lugar de distensión familiar. Kast ha llevado allí a hijos y nietos para que conozcan una residencia que forma parte del patrimonio institucional de la Presidencia.
***
—Díganme José Antonio.
Se ha vuelto habitual. Cada vez que el Mandatario tiene reuniones con colaboradores y parlamentarios de confianza, interrumpe la conversación para hacer una solicitud: que no lo llamen Presidente a cada momento.
La escena se ha repetido más de una vez durante estos tres primeros meses de gobierno. Para algunos de quienes trabajan con él, es una señal de continuidad respecto de una característica que ha cultivado durante años: una forma sencilla de relacionarse con quienes lo rodean y algo de resistencia a ciertos rituales del poder.
Aunque no hay versiones encontradas respecto de que disfruta la Presidencia y que no le ha costado asumir la responsabilidad del cargo, todavía sigue ajustándose a algunas de las exigencias que supone ocupar el despacho principal de La Moneda.
No es la única manifestación de ese proceso de adaptación. También se ha expresado en su resistencia inicial a utilizar siempre los vuelos presidenciales y en su inclinación por mantener hábitos que cultivó durante años como dirigente político y candidato, tales como tener contacto directo con las personas. Sin embargo, quienes han compartido con él este período coinciden en que Kast está plenamente consciente de lo que implica ser Presidente de la República y de las restricciones que el cargo impone.
Kast también ha tenido que ir aceitando su estilo presidencial y la manera en que se ejerce la conducción.
La comparación inmediata es con Sebastián Piñera, quien fue dos veces presidente y varios de sus colaboradores trabajan en el actual gobierno. Después de todo, desde el retorno a la democracia, Piñera y Kast son los únicos dos dirigentes de derecha que han llegado a la Presidencia de la República.
Los dos, eso sí, tienen diferencias importantes. Piñera disfrutaba que lo llamaran -incluso sus cercanos- por el cargo presidencial. De hecho, se llegaba a molestar si ocurría lo contrario.
Kast, por otro lado, delega más. Permite a ministros y subsecretarios desarrollar sus tareas con mayor autonomía. No intenta involucrarse en cada detalle técnico ni saber más que los propios titulares de las carteras.
Más que controlar cada proceso, se concentra en fijar objetivos, exigir plazos, monitorear avances y solicitar reportes periódicos. Eso no significa desinterés, defienden en La Moneda. Quienes participan de las instancias de coordinación afirman que el Presidente suele llegar informado sobre la situación de cada ministerio y sobre los principales problemas en desarrollo.
Uno de los cambios más notorios en estos meses ha sido la adopción de reuniones bilaterales con ministros.
La fórmula no formaba parte del diseño original del gobierno. Existía la intención de ensayar mecanismos distintos de coordinación (en una primera etapa, con un rol preponderante del Segundo Piso por sobre el gabinete). Pero la preparación de la Cuenta Pública terminó acelerando una conclusión que varios dirigentes de Chile Vamos venían planteando desde hacía tiempo, y es que algunas herramientas institucionales existen porque funcionan.
A diferencia de otros liderazgos -como el expresidente Boric-, Kast no tiene problemas en responder WhatsApp. Esa es la aplicación que utiliza regularmente. A través de esa plataforma se comunica habitualmente con sus ministros. Les envía felicitaciones, reclamos y es comentado que le gusta utilizar emojis para expresarse.
En todo este proceso existe una figura cuya influencia aparece de manera recurrente en las conversaciones dentro de Palacio: María Pía Adriasola.
Quienes conocen la trayectoria política de Kast sostienen que su rol suele ser malinterpretado cuando se lo reduce únicamente a la dimensión protocolar de primera dama.
El propio Presidente ha repetido durante años una misma idea ante sus cercanos. Que cuando organizaba reuniones políticas en Buin, en Paine -durante su etapa como concejal o parlamentaria-, Adriasola nunca ocupó un papel secundario ni estuvo allí simplemente para recibir invitados, sino que era parte de las conversaciones.

Durante estos primeros 100 días ha participado en reuniones con partidos políticos realizadas en Cerro Castillo y ha estado presente en conversaciones relevantes para la toma de decisiones. Entre ellas, las discusiones sobre la estrategia comunicacional para explicar el alza de los combustibles.
Su influencia también quedó reflejada durante la preparación de la Cuenta Pública. Adriasola integró el reducido grupo que revisó junto al Mandatario la versión final del discurso.
Hizo observaciones. No sobre el contenido político de fondo, sino sobre la forma. Cuando detectaba conceptos excesivamente técnicos o expresiones que consideraba difíciles de comprender para la ciudadanía, sugería simplificarlos. Decirlo “en simple”.
***
Habitar La Moneda durante estos tres meses también ha supuesto para Kast enfrentar situaciones amargas. “No sabía que no se podía hacer”, comentó, evidentemente afectado, el Presidente Kast.
La semana del 13 de abril, el Mandatario abordó con los ministros del comité político y sus principales asesores la polémica que estalló unos días antes.
El viernes 10 de abril recibió en Palacio a sus excompañeros de generación de Derecho de la Pontificia Universidad Católica a un almuerzo. El menú incluía tartar de tomates, plateada al jugo, puré rústico y vino tinto. Lo que para el jefe de Estado fue concebido como una actividad privada, derivó rápidamente en una controversia política.
Desde la oposición surgieron cuestionamientos. Se presentó un requerimiento ante Contraloría y comenzó a instalarse la idea de que Kast estaba utilizando el edificio presidencial como una extensión de su residencia particular.
El traspié impactó al Presidente más de lo que algunos de sus colaboradores anticipaban. Aunque posteriormente la Contraloría validó el uso residencial de La Moneda y despejó cuestionamientos jurídicos, el episodio lo resintió.
“Fue un error”, recalcó ante sus colaboradores. “No se volverá a repetir”, añadió Kast, quien reconoció que había contribuido a generar una situación indeseada. Eso sí, ninguno de sus asesores advirtió previamente que el almuerzo podría derivar en escándalo. El problema no fue sólo la polémica en sí misma, también el momento en que ocurrió.

La discusión coincidió con días especialmente importantes para el Ejecutivo, cuando el gobierno buscaba concentrar la atención pública en la presentación del Plan de Reconstrucción Nacional ante el Congreso.
La sensación que transmitió fue de responsabilidad personal por haber abierto un flanco que terminó desviando la conversación. Posteriormente, lo reconoció públicamente el 22 de abril. “Está claro que yo cometí un error por desconocimiento, y no se va a volver a repetir”, lamentó en el marco de un seminario.
Kast, según transmiten en Palacio, suele resentir particularmente aquellas crisis que considera atribuibles a errores propios. Especialmente cuando estima que esos episodios dificultan el avance de la agenda gubernamental.
Algo similar ha ocurrido con algunas intervenciones públicas en las que la improvisación terminó generando controversias innecesarias.
Uno de los ejemplos más comentados fue su exposición ante la Cámara Chilena de la Construcción, cuando aludió a las expectativas sobre expulsiones de migrantes. “Algunos dicen: ‘Oiga, llevan 60 días y usted dijo que el primer día iba a expulsar a 300 mil migrantes’”, señaló.
Luego aclaró que se trataba de “una metáfora”. Días después, argumentó que lo más adecuado era calificarlo de “hipérbole”.
Lo mismo ocurrió cuando apuntó a que en muchas ocasiones los estudiantes beneficiarios de alimentación escolar por parte de Junaeb llevan un sándwich para almorzar, haciendo que se pierdan raciones.
En ambos casos, esas referencias no formaban parte de los discursos preparados originalmente. El director de Comunicaciones y Contenidos, Cristián Valenzuela, elabora los textos presidenciales. Sin embargo, Kast ha mantenido una característica que lo acompaña desde la campaña, que es introducir comentarios espontáneos sobre la marcha.
Con el paso de las semanas, él mismo ha intentado que ocurra con menos frecuencia. Y es que la experiencia de estos primeros meses ha reforzado una convicción: si la espontaneidad en campaña podía ser una virtud, mal administrada puede ser un riesgo.
El proceso de adaptación no se ha limitado a las intervenciones públicas del jefe de Estado.
A 100 días de asumir formalmente el mando, quienes observan a Kast desde cerca describen a un Presidente que ha cambiado menos en sus convicciones que en sus hábitos. El Mandatario se caracteriza por transmitir un mensaje a sus cercanos: si llegar a La Moneda era una meta, dirigir la Presidencia es otra cosa.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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