¿Por qué Colo Colo se contagia tanto de Covid-19?

La banca de Colo Colo en el duelo ante Unión Española

La banca de Colo Colo en el duelo ante Unión Española (Foto: Agenciauno)

En la antesala del partido frente a Unión Española, un nuevo brote de coronavirus agitó al Monumental. Cuatro jugadores quedaron fuera de la convocatoria de Gustavo Quinteros, quien tampoco pudo sentarse en la banca de suplentes. Los albos se resintieron y, después de la caída ante los hispanos, expiaron culpas que más parecen estar en el club. Y fuera de los márgenes del recinto albo.




Colo Colo cae en el Monumental frente a Unión Española y la opción de obtener el título de la temporada 2021 se pone cuesta arriba. Más bien, ya no depende del Cacique. La ventaja de tres puntos con la que Universidad Católica llega a la última jornada pone en manos de los cruzados la chance de obtener el tetracampeonato. El Cacique, que vivió un convulsionado fin de semana producto de la detección de un nuevo foco de Covid-19, que le significó perder cuatro jugadores para enfrentar al equipo de Independencia, parece tener la excusa a la mano. “Haremos nuestra autocrítica, pero la realidad es que fuimos el único equipo que ha jugado dos partidos con juveniles. Esos puntos podrían hablar de otra cosa en la tabla”, declaró Leandro Stillitano, el ayudante técnico de Gustavo Quinteros, en alusión a los contratiempos que ha debido enfrentar el Cacique durante la pandemia.

En Macul se desligan de culpa. Al menos en el plano institucional. La semana pasada, de hecho, el mismo Quinteros había culpado a factores externos. “Los jugadores tienen vida social, familia, van a sus casas, tiene contactos con más personas. El virus está en la sociedad, no está en Colo Colo”, establecía en la conferencia de prensa previa al choque ante el equipo de César Bravo, después de que se conociera el primer caso. El estratega reconocía la preocupación por los efectos, considerando que ya en los duelos frente a Ñublense y Audax Italiano debió disponer formaciones alternativas, lo que se tradujo en la pérdida de valiosos puntos. Sin embargo, reforzaba que el club había hecho todo bien. “Estamos cumpliendo con todos los protocolos. Los jugadores no se cambian juntos. Están distanciados. No compartimos nada en espacios cerrados. Solamente nos juntamos en la cancha para entrenar. No debería haber ningún problema”. Lo concreto es que los hubo. Ahora, con la lección aprendida, anuncian que concentrarán al plantel en una suerte de burbuja sanitaria hasta el encuentro frente a Antofagasta, por la última fecha. O que, en rigor, solo se moverán del hotel que ocuparon en la antesala del duelo ante Unión para realizar los entrenamientos.

“El problema está afuera”

La explicación para los inconvenientes que ha sufrido el Cacique se acerca más a la primera parte de la reflexión de Quinteros. El fútbol es, por mucho, una de las actividades laborales que ha tomado más medidas preventivas para evitar la propagación del virus. Por tratarse de un ámbito más bien acotado, resulta más factible establecer restricciones y hasta imponer sanciones. Sin embargo, aún así, resulta imposible controlar todas las variables.

Los protocolos diseñados por la Comisión Médica de la ANFP, una instancia que se creó en agosto de 2020, cuando la pandemia estaba en su punto más álgido en el país, apuntan, precisamente, a evitar contagios en el ámbito profesional. Aunque las indicaciones han ido variando según la evolución de la pandemia en el país, lo concreto es que las restricciones permitieron un retorno seguro de la actividad.

El gran problema es que ni siquiera los protocolos más estrictos pueden controlar la vida privada de los jugadores, quienes, al parecer, tampoco tienen muchas ganas de esconderla. En el caso de los albos basta con mirar los perfiles de sus jugadores sociales para advertir conductas que los ponen en riesgo. A las ya conocidas después del choque frente a la UC, que incluían, a modo de ejemplo, compartir un mate o regalarles camisetas a los hinchas, se suma la aparición en barberías, la presencia de estilistas en la concentración y otros comportamientos que, si bien constituyen parte de lo privado, se traducen en un perjuicio generalizado y, por consiguiente público. “Hay jugadores que salen mucho, que se lo pasan en fiestas, incluso con jugadores de otros equipos”, explica un cercano al plantel albo.

“Hay que partir diciendo que pocos equipos se han contagiado con más de cinco casos simultáneos, por lo tanto los protocolos han cumplido pues logran con bastante éxito disminuir el contacto estrecho efectivo, lo que ha permitido desarrollar el campeonato en esta situación epidemiológica compleja. El hecho de que hayan disminuido las normas de confinamiento y restricciones son parte de la evolución de la pandemia y esto ha facilitado que las personas ligadas al fútbol, asi como el resto de la población, tengas mayores conductas de riesgo. Esto podría explicar algunos brotes y también el hecho que no se cumplen estrictamente los protocolos, sumado a una variante más contagiosa. Lamentablemente en el fútbol se ha complicado la situación por algunos contagios, pero también por la determinación de un exagerado número de contactos estrechos y disparidad de criterios de las autoridades sanitarias a lo largo del país”, opina César Kalazich, presidente de la Comisión Médica de la ANFP.

La última situación descrita no es privativa de los albos, ciertamente. “Al principio seguían muy bien las indicaciones, pero en la medida de que pasa el tiempo existe un agotamiento. El futbolista no es la excepción. Son personas jóvenes de 20 y 30 años. En Colo Colo hay una exposición social distinta, vida social, reuniones con auspiciadores, con representantes. En una fiesta no hay protocolos. Las mismas visitas de los familiares también influye y no se puede controlar. La forma de contagio en el fútbol es lo que pasa afuera”, sentencia Felipe Rojas, médico de Audax Italiano y ex integrante de la Comisión.

La mayoría de los trabajos vinculados estrictamente con el fútbol se desarrollan, en virtud de los protocolos, en espacios abiertos. “Es casi imposible contagiarse de ese modo. Sí es más factible que suceda en espacios cerrados, como los gimnasios. Por eso es que, en un escenario de rebrote, deben permanecer sin acceso”, añade.

“No se puede controlar”

El profesional exhibe cifras para acreditar que en el fútbol chileno el coronavirus se mantiene a raya, principalmente debido a las medidas de prevención que han tomado la ANFP y los clubes. “Un buen elemento a mencionar es la positividad, que es la más baja del continente. Es 0,1 por ciento, lo cual es muy bajo con la realidad nacional, que hoy es del 3 por ciento. Y nunca excedió al 0,2 por ciento. Cuesta mucho, porque hay que aunar muchas fuerzas. Desde los clubes hasta los jugadores”, sostiene Rojas.

Sin embargo, por más medidas que se adopten, la vida privada de los futbolistas sigue siendo el factor más incontrolable. “Hay varios responsables, pero es imposible tenerle una cámara de seguridad encima durante 24 horas a un jugador, que es el principal. Es lo mismo que pasa con el doping. Que el jugador no esté informado de que lo que le suministren puede darle positivo es responsabilidad suya. Los protocolos se revisan constantemente, pero no se pueden incluir restricciones en materia privada, sino solo sugerencias. El otro camino es la burbuja. Es la opción que han planteado algunos, pero es inviable económicamente. Lo pueden hacer algunos, los que tienen más recursos, pero no todos”, concluye el profesional.

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